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Groenlandia está en el punto de mira de Trump

Groenlandia está en el punto de mira de TrumpAFP

El plan de tres fases de Trump para anexionarse Groenlandia

El renovado interés de Trump en esta isla no es casual y es que se trata de un territorio estratégico en el Ártico, con recursos naturales de gran valor y una ubicación clave para el despliegue militar frente a Rusia y China

Desde prácticamente el inicio de su segundo mandato, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha demostrado su obsesión por Groenlandia, territorio que ha convertido en una pieza clave para su renovada política exterior. Según fuentes de The New York Times, la Administración republicana está estudiando una estrategia en tres fases para lograr hacerse con esta isla a través de mecanismos financieros, diplomacia geopolítica y presión encubierta.

Así, la primera fase se basaría en la economía. Washington se plantea ofrecer a cada habitante de Groenlandia pagos anuales de unos 10.000 dólares, una cantidad muy superior a la ayuda que Dinamarca entrega actualmente, con la intención de ganar simpatías y mostrar que el sistema estadounidense podría transformar la vida de los habitantes de este territorio. El cálculo, según The Washington Post, busca comparar los costes de asumir la isla como territorio propio frente a los potenciales beneficios de sus recursos naturales, desde minerales críticos hasta su posición estratégica en el Ártico.

El segundo paso se plantea como una «oferta intermedia». Ante el rechazo frontal de Copenhague y de las autoridades locales, la Casa Blanca ha estudiado un modelo parecido al que mantiene con las islas Marshall: un pacto de libre asociación. Bajo ese esquema, Groenlandia mantendría cierta autonomía, pero quedaría vinculada militar y económicamente a Estados Unidos, garantizando la presencia de Washington en la isla sin forzar la anexión de manera directa. Algunos asesores incluso han deslizado la cifra de 200.000 millones de dólares como incentivo para abrir la negociación, aunque tanto Dinamarca como los groenlandeses insisten en que su territorio no está en venta.

La tercera fase es quizás la más delicada y la que más tensiones diplomáticas ha generado. Según varios expertos, entre ellos el think tank Digital Infrastructure, Estados Unidos ha desplegado varias campañas de desinformación, vigilancia y presión encubierta para alimentar el sentimiento independentista en Groenlandia y debilitar así sus lazos con Dinamarca. A esto hay que sumar que altas figurar de la Administración Trump, como el vicepresidente J.D. Vance han viajado a la base militar de Pituffik, criticando a Dinamarca por descuidar la seguridad de la isla.

El renovado interés de Trump en Groenlandia no es casual. Se trata de un territorio estratégico en el Ártico, con recursos naturales de gran valor y una ubicación clave para el despliegue militar de Estados Unidos frente a Rusia y China. Sin embargo, la explotación de esos recursos es costosa y técnicamente compleja, y tanto la población local como sus líderes han dejado claro que sus aspiraciones van hacia la independencia, no hacia convertirse en ciudadanos de otro país.

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