Khaled Meshaal es un viejo objetivo de Israel
Khaled Meshaal, el gran objetivo del ataque en Qatar a quien Israel lleva décadas intentando matar
Durante dos décadas era visto como uno de los líderes más radicales del grupo y en la mira del país hebreo, que intentó asesinarlo a finales de los noventa
No hay rincón seguro para el liderazgo de Hamás. Israel ha llevado su estrategia de descabezamiento de la organización islamista palestina al corazón del Golfo. La capital de Qatar, Doha, considerada hasta ahora territorio neutral, fue escenario el martes de un bombardeo sin precedentes, reivindicado por Israel, que quiso demostrar que ni siquiera los países mediadores pueden protegerlos.
Objetivos de la operación
Los objetivos principales de la operación aérea fueron Khalil al-Hayya, jefe interino de Hamás en Gaza; Zaher Jabarin, responsable financiero de la organización; y Khaled Mashal, quien fuera el mítico dirigente del Buró Político en el exilio, vinculado a la rama siria y refugiado en Qatar desde hace años. El ataque se produjo mientras la cúpula de Hamás se reunía supuestamente para analizar la enésima propuesta estadounidense de alto el fuego en Gaza y liberación de rehenes israelíes, lo que ha generado incertidumbre sobre el futuro de esas negociaciones.
Horas antes, el ministro israelí de Exteriores, Gideon Saar, había comentado en un encuentro con el primer ministro croata, Andrej Plenkovi, que Israel estaba interesado en acabar con la guerra según los parámetros de la iniciativa del presidente estadounidense, Donald Trump. ¿Se trató de un juego al despiste? En la diplomacia no suele haber puntadas sin hilo, pero todo apunta, según analistas locales, a una maniobra israelí en coordinación o con la consabida información trasladada previamente a EE.UU. con sobrada inteligencia en el Golfo, aunque alertó a sus diplomáticos que buscaran refugio sólo después del ataque.
Khaled Mashal, blanco simbólico
Uno de los blancos más simbólicos del inédito ataque es sin duda Khaled Mashal, que había quedado como uno de los últimos pesos pesados de la organización después de que Israel hubiera acabado con el líder político y exprimer ministro de Hamás en Gaza, Ismail Haniya, en agosto de 2024 en Irán y en octubre de ese año con Yahya Sinwar en Gaza, cerebro del 7 de octubre.
Era visto como uno de los líderes más radicales del grupo y en la mira de Israel
Mashal, uno de los fundadores de Hamás, se hizo cargo de la denominada oficina política de Hamás en 1996 y durante dos décadas era visto como uno de los líderes más radicales del grupo y en la mira de Israel, que intentó asesinarlo a finales de los noventa.
Acérrimo opositor del proceso de paz iniciado por la Organización para la Liberación de Palestina con Israel en aquella década, Mashal abandonó en 1967 su natal Cisjordania para sumarse a la Hermandad Musulmana en Kuwait y se trasladó a Jordania en 1990.
Bajo instrucciones del primer ministro israelí Benjamin Netanyahu, quien se dice que designó personalmente a los miembros de la misión, el Mosad trató de asesinarle en 1997 inyectándole una toxina. Dos agentes israelíes fueron arrestados por las autoridades jordanas y bajo presión de Estados Unidos y Jordania, Israel entregó el antídoto a cambio del regreso de los espías.
La operación provocó entonces una crisis diplomática entre Israel y Jordania, que habían firmado un tratado de paz en 1994, y supuso uno de los fiascos más sonados para los servicios de Inteligencia israelíes hasta entonces.
En 1999 fue expulsado de Jordania junto a otros líderes de Hamás y buscó refugio en Siria, donde ascendió al liderazgo político del grupo en 2004 después de que el líder espiritual del movimiento, el jeque Ahmed Yasín, y su sucesor, Abdel Aziz-Rantisi, fueran eliminados por Israel en Gaza.
En enero de 2012 Mashal dejó Siria en protesta por la represión del presidente Bashar al-Asad a la oposición y se trasladó a Qatar. En enero del 2024 se vanaglorió de haber ninguneado a la Autoridad Palestina y convertido Gaza en un territorio de guerra antes de rechazar de plano la posibilidad de una solución de dos Estados que suponga reconocer a Israel. Argumentó, además, que el 7 de octubre demostró que se podía echar a los judíos al mar.
Ataque en el Golfo
El ataque directo a Qatar y el apoyo expresado por los Emiratos Árabes Unidos –país que mantiene relaciones con Israel– podrían desestabilizar y enturbiar la situación en el Golfo Pérsico.
Doha lleva décadas construyendo su reputación e influencia internacional gracias a su estabilidad económica, turística y comercial, pero también a través del poder blando: Mundial de Fútbol, patrocinios deportivos y reputadas universidades. El golpe plantea interrogantes sobre su rol futuro como mediador en la crisis de Gaza.
La intervención militar, que involucró más de diez bombardeos de precisión y reabastecimiento en pleno vuelo, se enmarca en la estrategia de Israel de golpear a figuras de Hamás, Hezbolá y otras milicias hostiles, así como a su enemigo declarado, Irán. Algunos expertos señalan que busca debilitar al núcleo duro del equipo negociador de Hamás y abrir la puerta a interlocutores más pragmáticos.
Según el analista Ron Ben-Yishai, la intención no solo es militar, sino también política: «Forzar a que quien quede al frente de las negociaciones sea menos inflexible que un liderazgo alejado del campo de batalla y que vive en el exilio».
Otro objetivo, según Ben-Yishai en Ynet, fue demostrar que «Israel dará caza a los responsables de Hamás dondequiera que se encuentren en el mundo, incluso a riesgo de elevar tensiones con aliados como Estados Unidos, Qatar, que mantiene estrechos lazos con Washington, a fin de alcanzar sus objetivos». El columnista agrega que es razonable asumir que el bombardeo fue coordinado con la Casa Blanca, ya que de otra manera fuerzas estadounidenses desplegadas en Qatar podrían haber respondido.
Impacto y consecuencias
Además de los objetivos tácticos, la acción subraya la continuidad de la política israelí de presión total sobre el eje de resistencia regional, consolidando la idea de que los ataques no se limitan al territorio palestino (Gaza y Cisjordania), sino que buscan golpear estructuras estratégicas de Hamás y sus aliados en el exterior.
La operación refuerza la narrativa israelí de que ningún miembro de Hamás puede estar seguro
El impacto inmediato en las negociaciones de rehenes y alto el fuego sigue siendo incierto, pero la operación refuerza la narrativa israelí de que ningún miembro de Hamás puede estar seguro, ni siquiera en países mediadores. Marca un nuevo capítulo en la escalada regional que involucra a múltiples actores, desde Qatar hasta Turquía.