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París ya no es lo que era: destinos paralelos y el golpe de gracia a la imagen de Macron y Francia

El ocaso del vecino que durante décadas presumió de estar al otro lado de los Pirineos –y no en África– parece desmoronarse y haber alcanzado su caída a plomo con Emmanuel Macron

Macron se pone los guantes de boxeo

Macron se pone los guantes de boxeoEfe

La gran Francia cada día se hace más pequeña. Los tiempos gloriosos del imperio quedan demasiado lejos en la memoria. Los principios de la revolución: libertad, igualdad y fraternidad ya no encajan del todo bien en una V República que hace aguas.

El ocaso del vecino que durante décadas presumió de estar al otro lado de los Pirineos –y no en África– parece desmoronarse y haber alcanzado su caída a plomo con Emmanuel Macron.

El presidente de Francia que llegó al Elíseo con la esperanza de lograr un nuevo amanecer para una sociedad revuelta no ha sido capaz de poner en orden la casa. Por el contrario, más bien la tiene patas a arriba. Y los últimos acontecimientos, incluido el robo al Museo de Louvre, no han hecho más que agravar la situación y dar una imagen de Francia lamentable.

Macron decidió el viernes pasado recibir en su despacho al expresidente Nicolas Sarkozy. Le abrió las puertas de palacio como si fuera un gesto natural, y adecuado, mantener una reunión cordial con un condenado a cinco años por financiar su campaña electoral con los fondos de uno de los personajes más siniestros de la historia: Muamar el Gadafi.

El mensaje implícito lo recibieron en tribunales como un desprecio a un fallo judicial demoledor. ¿Qué necesidad tenía Macron de ese encuentro? No se conoce la respuesta a una pregunta que se suma a otras donde la actual presidencia queda en una posición de dudosa respetabilidad.

El sexo de Brigitte

El matrimonio Macron se ha enzarzado en una querella en Estados Unidos contra Candace Owen, una influencer que se ensañó con Brigitte difundiendo –entre sus siete millones de seguidores–, que nació hombre.

En su delirio, la americana, que no tiene ni terminado el Grado de Periodismo, llegó a difundir que, en realidad, la esposa del presidente era su hermano biológico.

Los disparates continuaron y los Macron recogieron el guante y acudieron a la Justicia estadounidense. Ahora, preparan y entregan fotografías, vídeos, informes médicos y otros elementos probatorios de que Brigitte es Brigitte. ¿Hay algo más humillantes? ¿Se puede ser más torpe?

La primera legislatura de Macron (2017-22) fue un sinvivir con la Covid, los chalecos amarillos y las protestas de una generación desatada de descendientes de argelinos que hoy son tan franceses como el primero, pero viven en guetos.

El hombre que, en ocasiones, parecería imitar a Peter Sellers en El jardinero o El Guateque, bandeó el temporal y logró revalidar el título. Pero las imágenes de París en llamas permanecen en la retina con tanta intensidad como el incendio que convirtió en cenizas la catedral de Notre Dame, otro desastre para olvidar.

Liderazgo, pensiones y jubilaciones

La segunda legislatura de Macron venía con el lastre de la reforma de jubilaciones y el fracaso de intentar ocupar el liderazgo de Reino Unido tras el brexit. En este par de años, el presidente ha tenido media docena de primeros ministros (contando que Sébastien Lecornu repite). Incapaz de sostener su promesa estrella de retrasar la edad de jubilación a 64 años (sí, 64) el adelanto de las legislativas fue un tiro por la culata que le atravesó el corazón de un poder cada día más exiguo. Ahora, la oposición y el fuego amigo le piden a Macron la renovación de la Asamblea y… su cabeza.

La Francia de hoy es un reflejo de Emmanuel Macron. El patrón del barco sigue a bordo, pero lo tiene abandonado. La deuda pública roza el 115 por ciento del PIB, el déficit va a más, el poder adquisitivo de los franceses ha sufrido un tijeretazo importante y la inestabilidad del Gobierno se ha convertido en una constante.

Popularidad bajo mínimos

Los sondeos arrojan resultados preocupantes para el presidente. Su índice de popularidad es el más bajo de su historia (14 %), la Asamblea Nacional está fragmentada, la polarización aumenta la brecha y el descontento se traduce en un creciente apoyo a las formaciones más radicales. Reagrupación Nacional (RN), de Marine Le Pen y Jordan Bardella es el mejor ejemplo de ello.

Para colmo de males, cuatro sujetos han puesto en evidencia el sistema de seguridad de la joya de la cultura francesa con el atraco del siglo XXI: el Museo de Louvre. Nueve piezas del siglo XVIII están en paradero desconocido tras ser sustraídas de la Sala de Apolo. Basto una escalera/ plataforma, de las que usan los bomberos, un par de radiales y dos motocicletas de poco más de 400 centímetros cúbicos para abochornar a toda Francia. Ni Arsenio Lupin lo habría hecho mejor.

El Tribunal de Cuentas sacó del baúl de los recuerdos un informe donde advertía que esto, el atraco, podía pasar si no se modernizaba la pinacoteca, que recibe a nueve millones de visitantes al año. El documento dormía el sueño de los justos y ahora Francia se lamenta mientras el resto del mundo mira a París con escaso respeto. C´est la vie.

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