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CrónicaLidia FernándezVarsovia

Así será el muro antidrones que planea Polonia contra Rusia y desafía a la Unión Europea

Varsovia ya no quiere esperar a la burocracia de Bruselas. Mientras la UE debate cómo proteger sus cielos de la próxima generación de amenazas, Polonia ha decidido actuar por su cuenta

Drones de combate en Polonia

Drones de combate en Polonia

El proyecto promete ser el sistema más ambicioso de defensa contra drones en el continente. Una barrera tecnológica con símbolo político que redefinirá la seguridad europea.

Varsovia ya no quiere esperar a la burocracia de Bruselas. Mientras la Unión Europea debate cómo proteger sus cielos de la próxima generación de amenazas, Polonia ha decidido actuar por su cuenta.

En una frontera donde el zumbido de un dron ya no es ciencia ficción sino una alarma real, el Gobierno polaco prepara lo que llama su «muralla anti-drones», un sistema de defensa aérea pensado para detectar, interceptar y neutralizar enjambres de aparatos hostiles que puedan venir del Este.

Desde que comenzó la guerra en Ucrania, Polonia vive con el temor de que el conflicto traspase sus fronteras. Ese miedo se materializó este septiembre, cuando una veintena de drones rusos violaron el espacio aéreo polaco, obligando a la OTAN a elevar su nivel de alerta. Fue un punto de inflexión.

Władysław Kosiniak-Kamysz, viceprimer ministro que ocupa la cartera Defensa lo anunció así: «No esperaremos a que otro país decida por nosotros cómo proteger nuestros cielos». Kosiniak-Kamysz fue tajante en septiembre cuando drones violaron el espacio aéreo polaco: «La guerra híbrida continúa y continuará afectando a todos los países de la Unión Europea. La amenaza de la Federación Rusa es seria. Requiere una respuesta radical». Kosiniak-Kamysz defiende: «No habrá Polonia segura sin un ejército de drones».

En tres meses comenzarán las primeras obras, y en dos años el sistema estará plenamente operativo. Una muralla digital contra las amenazas de última generación

Una red invisible de radares, sensores, perturbadores de señal (jammers) y sistemas automáticos de interceptación

Lejos de ser una simple barrera física, la llamada «muralla anti-drones» será una red invisible de radares, sensores, perturbadores de señal (jammers) y sistemas automáticos de interceptación. Funcionará en capas, desde la frontera oriental con Bielorrusia y Kaliningrado hasta los principales centros estratégicos del país.

La mitad de los contratos para desarrollar el programa –ha prometido el Gobierno– se quedarán en manos de empresas polacas. «Queremos seguridad, pero también independencia tecnológica», subraya Cezary Tomczyk, viceministro de Defensa.

El proyecto se apoyará en fondos del programa europeo Simple Agreement for Future Equity (SAFE), que ha otorgado a Polonia la mayor asignación de la Unión Europea en materia de defensa, con más de 43.000 millones de euros. Aunque buena parte de ese dinero se destinará a otros programas militares, Varsovia planea aprovecharlo para impulsar su «muralla digital». El propio viceministro de Defensa insiste a Bruselas en que, el aporte financiero «debería llegar en forma de subvenciones, no solo préstamos».

Un gesto de rebeldía frente a Bruselas

«Estamos de acuerdo con la idea de proteger Europa, pero primero debemos proteger Polonia», dice Tomczyk, pero sin alejarse de Bruselas: «Estamos unidos dentro de la OTAN y estas capacidades se complementan».

La Comisión Europea ha recibido el movimiento con una mezcla de comprensión y recelo. Varios eurodiputados han advertido de que los sistemas nacionales, si no son interoperables, podrían fragmentar la defensa común europea. El término ha generado polémica entre los pasillos de la Comisión, algunos críticos temen que la expresión «muralla» alimente la narrativa de «Europa fortaleza» y que el gasto –aún sin cifras detalladas– acabe convirtiéndose en un pozo sin fondo. Otros, sin embargo, celebran que Polonia actúe con la urgencia que muchos echan en falta en Bruselas.

Entre el miedo y la soberanía

Polonia no oculta que este muro tecnológico es también una declaración política. Es su manera de decirle a Moscú –y al resto de Europa– que su seguridad no está en negociación.

El plan se complementa con el programa Tarcza Wschód (Escudo del Este), una modernización militar valorada en 2.300 millones de euros que incluye fortificaciones físicas, sensores y puestos de defensa avanzada. El mensaje es claro: si el conflicto escala, Polonia será el primer escudo de Europa.

En palabras del primer ministro Donald Tusk: «Cuando los drones enemigos cruzan tu cielo, ya no hay tiempo para declaraciones. Hay que actuar».

El mayor reto, sin embargo, será cumplir los plazos. Dos años para construir una red de defensa avanzada es un objetivo ambicioso. Si Polonia lo logra, podría marcar el camino para el resto del continente. Si fracasa, podría quedar como un costoso experimento unilateral.

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