Fundado en 1910

El crepúsculo de la «famiglia» peronista de Cristina Kirchner

Condenada a inhabilitación perpetua y a seis años de prisión, la viuda de Néstor Kirchner y su tobillera electrónica asisten desde el balcón de su casa –a varios kilómetros de la de Evita– al desmoronamiento de su imperio político y familiar

Máximo y Florencia Kirchner seguidos de Lázaro Báez y Julio De Vido. En el centro Cristina Fernández

Máximo y Florencia Kirchner seguidos de Lázaro Báez y Julio De Vido. En el centro Cristina FernándezDavid Díaz

El poder la abandonó a ella y no a la inversa. Diez años más tarde de que Cristina Kirchner dejara la presidencia de Argentina (2007-2015), la justicia le pasa la factura de su corrupción en dosis y sobredosis intermitentes.

Condenada a inhabilitación perpetua y a seis años de prisión, la viuda de Néstor Kirchner y su tobillera electrónica asisten desde el balcón de su casa –a varios kilómetros del de Evita– al desmoronamiento de su imperio político y familiar.

Los jueces a los que maltrató, insultó y despreció cuando era la mujer más poderosa de Argentina han sumado a su condena en la causa vialidad (la de las obras públicas «truchas») el embargo de 20 propiedades suyas o a nombre de sus hijos Máximo y Florencia.

La familia, como en las organizaciones criminales clásicas, formaba parte de esa red de corrupción que la justicia va deshilachando. En su caso, «la jefa» decidió incluir a su único hijo varón en las sociedades creadas para estafar al Estado y llenarse los bolsillos. Máximo, sin estudios superiores, se dedica a la política prácticamente desde que sus padres entraron en la Casa Rosada. Es decir, sabía lo que hacía.

El asunto es diferente cuando se trata de Florencia. La niña quería ser cineasta, hizo sus pinitos y se desplomó, en sentido figurado y real. Su madre, a pesar de saber que ya estaban investigando sus sociedades, la incluyó en el Consejo Directivo de varias.

El juez Claudio Bonadío, por entonces al frente de buena parte de las causas de la «famiglia», se devanaba los sesos buscando una fórmula para no procesar a la muchacha que estaba, en verdad, totalmente fuera del juego de la corrupción. Pero su firma, gracias a su madre, estaba en los papeles.

Los jueces ejecutaron esta semana el embargo por el equivalen a 480 millones de dólares. También bloquearon el patrimonio del resto de los condenados de la organización criminal. Entre ellos, Lázaro Báez, algo parecido al «che, pibe» (botones) en el Banco Nación y luego cajero en el de Santa Cruz hasta que Néstor Kirchner se convirtió en gobernador de la provincia patagónica famosa por el glaciar Perito Moreno.

A Báez se le atribuye la condición de testaferro de Néstor Kirchner hasta la muerte de este. Su ascenso meteórico y metamorfosis le convirtieron en un abrir y cerrar de ojos en el empresario de la construcción más poderoso de Argentina.

Las licitaciones de Obras Públicas le caían del cielo del poder «K», mientras falsificaba facturas y dejaba a medio hacer carreteras que iban a ser autopistas y se quedaban en caminos de tres o cuatro kilómetros, previo abono de estas.

Los millones de Báez (Kirchner) se dejaron de contar, se pesaban y presuntamente, se ocultaban en barriles herméticos en la profundidad de las frías tierras de la Patagonia.

El entramado y las ejecuciones fantasma de las obras públicas se hicieron, entre otros, con la complicidad del exministro de Planificación y mano derecha de Kirchner durante años. Julio De Vido, también condenado y con su patrimonio igualmente confiscado.

Uno a uno, aunque haya pasado una década, van cayendo y con ellos el sueño de volver a ser alguien en el crepúsculo del peronismo y de la destronada «Reina Cristina».

comentarios
tracking

Compartir

Herramientas