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El secretario de Estado de EE. UU., Marco Rubio (izq.), habla durante una reunión con funcionarios ucranianos encabezada por el secretario del Consejo de Seguridad Nacional y Defensa de Ucrania, Rustem Umerov (segunda der.), en Hallandale Beach, Florida

El secretario de Estado de EE. UU., Marco Rubio, en una reunión con el asesor de Ucrania, Rustem Umerov, en FloridaAFP

Los atajos de Estados Unidos para sortear el veto de Rusia y Ucrania a su plan de paz y poner fin a la guerra

El enviado especial de Donald Trump, Steve Witkoff, se encuentra ya en Rusia para reunirse con el artífice de la invasión, Vladímir Putin, y tratar de cerrar un acuerdo que ponga fin al conflicto que va camino de cumplir los cuatro años

Las negociaciones para apuntalar un acuerdo de paz que ponga fin a la invasión rusa de Ucrania se suceden tras filtrarse, el pasado mes de noviembre, un plan de 28 puntos elaborado por Estados Unidos, claramente favorable a las exigencias de Rusia. Tras hacerse pública esa hoja de ruta, el Gobierno de Volodímir Zelenski –cercado además por el mayor escándalo de corrupción desde el inicio de la guerra hace ya casi cuatro años– puso a trabajar a pleno rendimiento a sus asesores que, junto con la presión de los europeos, logró matizar el acuerdo con los estadounidenses durante una serie de reuniones en Ginebra.

El plan inicial de 28 puntos quedó entonces reducido a un borrador con 19 puntos, dejando fuera los apartados más polémicos, como el reconocimiento de territorios ucranianos como rusos que siquiera habían sido conquistados por el Kremlin, el veto a la entrada de Kiev a la Alianza Atlántica o la reducción de las Fuerzas Armadas del país invadido. El Kremlin, sin embargo, no se ha mostrado demasiado entusiasta con esta última versión e insiste en que la base de cualquier negociación debe ser el marco inicial de 28 puntos presentado por el equipo de Donald Trump. Ante este nuevo revés para poner fin a la guerra en Ucrania, Estados Unidos se ha visto obligada a recurrir a soluciones más creativas para lograr que tanto Kiev como Moscú se pongan de acuerdo en los asuntos más espinosos.

Así, durante el pasado fin de semana, un equipo negociador de Ucrania, liderado por el secretario del Consejo de Seguridad y Defensa Nacional, Rustem Umérov, se trasladó hasta Florida para reunirse con el asesor presidencial y yerno de Trump, Jared Kushner, el enviado especial estadounidense, Steve Witkoff, y el secretario de Estado, Marco Rubio, y dejar bien atado el borrador antes de que Witkoff ponga rumbo a Rusia y sea recibido, este martes, por el autócrata ruso, Vladímir Putin. «Queda mucho trabajo por hacer, pero hoy ha sido una reunión muy productiva y útil en la que creo que se han logrado nuevos avances», declaró Rubio este domingo. De hecho, las conversaciones entre ucranianos y estadounidenses se han alargado hasta este mismo lunes.

Entre los puntos más delicados se encuentra el veto a la entrada de Ucrania en la OTAN. En un primer momento, el plan estipulaba que Kiev renunciara plenamente a integrarse en la Alianza Atlántica, liderada por Estados Unidos, incluyendo dicho compromiso en la Constitución del país y en los estatutos de la organización militar. Sin embargo, Zelenski ha rechazado frontalmente esta demanda, escudándose precisamente en la Carta Magna y en la plena soberanía de su país. Por ello, Washington ha propuesto, en su lugar, que sean los países miembros de la OTAN quienes negocien directamente con Rusia la entrada de Ucrania, según publica la cadena estadounidense CNN.

De esta forma, la Alianza Atlántica debería llegar a acuerdos con Moscú que satisfagan sus garantías de seguridad, algo prácticamente imposible y que supondría, de facto, el veto de Ucrania a la OTAN. Una propuesta similar pusieron encima de la mesa, la pasada semana, los aliados europeos, que condicionaron la integración del país invadido en la organización militar al respaldo de sus 32 países miembros. En cuanto al reconocimiento de la soberanía rusa sobre territorios ucranianos y que, en algunos casos, ni siquiera ha llegado a conquistar militarmente, Estados Unidos propone establecer una zona denominada como «cinturón fortificado» de pueblos y ciudades fuertemente defendidos y considerados cruciales para la seguridad de Ucrania.

Putin exige que Ucrania, así como Estados Unidos, reconozcan como territorio de la Federación Rusa la región del Donbás (las provincias de Donetsk y Lugansk), así como la península de Crimea, anexionada ilegalmente por Moscú en 2014. Ucrania, que ha rechazado ceder ni un centímetro de tierra, ha pedido que, antes de empezar siquiera a hablar sobre territorios, se congele el frente de guerra en el punto de contacto actual. Estados Unidos, y según informa la CNN, habría propuesto una solución intermedia para tratar de aplacar tanto a Kiev como a Moscú: que el Kremlin administre las zonas, sobre todo de Donetsk, que se anexionó unilateralmente en 2022, pero que no ha logrado conquistar militarmente tras casi cuatro años de invasión, pero comprometiéndose a no desplegar fuerzas militares. Algo difícil de creer para los ucranianos, que han visto cómo los rusos han roto todas y cada una de las promesas que les han hecho desde que declararon su independencia.

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