Henrique Cymernan, periodista hispano-israelí
Henrique Cymerman, periodista: «Los israelíes están en shock cuando miran a España»
Henrique Cymerman, periodista hispano-israelí, analiza las claves de la situación en Oriente Medio con motivo de la publicación de su nuevo libro
Pese al alto el fuego anunciado entre Israel y Hamás, Donald Trump mediante, la tensión en la franja de Gaza y en Cisjordania sigue afectando al día a día de miles de personas y también marca la agenda en la política internacional. Henrique Cymerman (Oporto, 1959) es un periodista español e israelí de origen portugués que, en esta entrevista con El Debate, con motivo de la publicación de su libro, El enigma Israel, analiza el momento crítico que atraviesa el país hebreo, con la crisis política interna, el deterioro de las relaciones con España, el debate sobre Gaza y las posibilidades reales de avanzar hacia la paz en Oriente Medio.
– En primer lugar, enhorabuena por el libro, en el que pretende desentrañar el enigma que supone Israel. ¿Cómo se explica que, a pesar de ocupar miles de titulares en la prensa mundial, Israel siga siendo tan desconocido?
– La falta de entendimiento sobre el conflicto es llamativa, y viene de antes del 7 de octubre. En el 2000, me reuní con unos periodistas españoles y les expliqué que los líderes de Hamás se oponen a un Estado palestino, y que los atentados suicidas de los 90 iban precisamente destinados a acabar con los acuerdos de Oslo. Tras contarles esto, uno de los directores de los principales diarios de Madrid me dijo: «Si hiciera una encuesta entre mis periodistas, el 98 % diría que Hamás quiere un Estado palestino». Yo creo que este desconocimiento se explica por la ignorancia y por los estereotipos.
– En el libro, constata el deterioro que se ha producido en estos últimos años en las relaciones entre España e Israel. ¿Cuál es el sentir generalizado de los israelíes hacia España?
– Los israelíes están en shock cuando miran a España, porque muchos tienen origen sefardí y se sienten muy vinculados con España, donde los judíos tuvieron uno de sus capítulos más brillantes en su historia. Y, sin embargo, justamente el presidente de España es quien encabeza una campaña a favor del boicot de Israel. Recuerdo que el presidente Sánchez llegó a uno de los kibbutz atacados el 7 de octubre y condenó lo que allí había ocurrido, pero luego se permitieron manifestaciones de grupos que apoyan a Hamás, una organización que es considerada como terrorista por la Unión Europea y por la Liga Árabe.
Algunos miembros del gobierno incluso abogan por la ruptura diplomática, lo que es especialmente grave. A pesar de que el alto el fuego ha complicado estos planes, el Gobierno español continúa alimentando esa ruptura al revés de la opinión pública, hasta el punto de renunciar a participar en Eurovisión tras no haber logrado que se expulsara a Israel. Creo que el boicot es siempre un error garrafal, porque lo que hace es alejar la paz y no acercarla. Si España quiere liderar el camino a la paz en Oriente Medio, debe tener empatía hacia todas las partes y ayudar a los palestinos a construir un Estado basado en seguridad y en justicia, donde no pueda repetirse otro 7 de octubre.
– Hablando del ataque del 7 de octubre, ¿cómo cree que puede explicarse que Israel, que tiene uno de los mejores servicios de inteligencia, no detectara la amenaza que se cernía sobre el país?
– Israel tiene uno de los mejores servicios de inteligencia del mundo, pero en una democracia, quien decide no son los servicios de inteligencia, sino los gobiernos. Los servicios de inteligencia advirtieron seriamente de los peligros. La información estaba allí, pero el gobierno la interpretó erróneamente. El primer ministro creyó que Hamás iba a seguir el mismo camino que Fatah, que había pasado de ser un grupo terrorista a reconocer a Israel y establecer una autonomía palestina. Pero se equivocó totalmente, y eso dio lugar a la peor masacre de esta región del mundo desde la caída del segundo templo en el año 70. Precisamente por eso es necesaria una investigación estatal, que hasta ahora ha sido postergada.
– Tras el 7 de octubre, el pueblo israelí supo unirse para hacer frente a la tragedia sufrida. ¿Esta unidad se mantiene tras dos años de guerra?
– Tras el 7 de octubre, una de las cosas más notables que vimos en Israel fue la resiliencia y la unión de una sociedad que es muy plural. Sin embargo, recientemente se han reanudado las discusiones en torno a la figura de Netanyahu y en torno a otras cuestiones como la relación entre el poder ejecutivo y el poder judicial. Todo esto va a ser debatido en las elecciones del 2026, que para mí van a ser las más decisivas de la historia de Israel, ya está en juego qué tipo de sociedad será. Pero pese a todos los problemas y los debates internos, Israel sigue siendo la única democracia entre Chipre y la India en un radio de 5.000 kilómetros.
– Otro debate recurrente es si Israel ha cometido un genocidio en Gaza. Usted defiende categóricamente que no.
– Lo sucedido en Gaza es una de las mayores tragedias de la era moderna en cuanto al número de víctimas. Pero no es un genocidio. Genocidio es lo que le ocurrió a mi familia en Europa Oriental en la Segunda Guerra Mundial, o lo que sucedió y sigue sucediendo en otros lugares del planeta, aunque no se hable de ello. Pero Jews are news, y cuando ocurre aquí, se destaca mucho más en los medios. Según las Naciones Unidas, genocidio es la intención de destruir un pueblo o un grupo étnico o religioso. Si Israel quisiera destruir a los palestinos de Gaza, teniendo en cuenta su potencial militar, lo podría haber hecho en 24 horas.
Palestinos desplazados que evacuan Ciudad de Gaza
Yo no conozco ningún ejército que advierta de antemano dónde y cuándo va a atacar. Sin embargo, aquí se habla de genocidio como si fuera un hecho. Después de la guerra, los expertos internacionales son quienes deben ir al lugar, ver qué ocurrió exactamente y decir si ha habido genocidio o no.
– En el libro valoras especialmente a Isaac Rabin, quien supo aparcar sus profundas diferencias con Arafat para firmar la paz de Oslo. ¿Crees que existe hoy día en Israel algún político que pueda seguir esa senda?
– Rabin fue uno de los grandes, alguien que supo pasar de ser un luchador por Israel a intentar ganar la guerra más compleja, que es obtener la paz. Infelizmente, la ola de atentados suicidas promocionada por Hamás provocó una reacción dentro de la sociedad israelí que llevó al asesinato Rabin a manos de un radical judío. Y esto acabó con el proceso de Oslo.
Yo creo que el nuevo Rabin a lo mejor ya nació y está entre nosotros. Pero para que se pueda llegar a un acuerdo de paz con los palestinos, hace falta que haya alguien del lado palestino que esté dispuesto a ser un nuevo Sadat, el presidente egipcio que hizo la paz con Israel. Esta persona deberá correr riesgos para construir una paz basada en seguridad y en que no pueda haber otro 7 de octubre. Sin esta condición, no habrá un solo israelí que acepte un acuerdo con los palestinos.
– Usted, que ha entrevistado a los líderes de Hamás, ¿cree que hay alguna opción de que acepten desarmarse y desaparecer como actores políticos en Gaza, como les exige el plan de paz de Trump?
–Después de esta guerra, creo que los líderes de Hamás saben que no podrá participar en las próximas elecciones, pero buscan una fórmula mágica que les permita continuar existiendo como movimiento ideológico. La clave es lograr su desarme, y creo que los únicos que pueden lograrlo son sus aliados y protectores, Qatar y Turquía. Como matar una idea es casi imposible, creo que la idea de Hamás seguirá estando allí. Pero lo que no podemos permitir es que la Autoridad Nacional Palestina, que tendrá que reemplazar a las fuerzas multinacionales en Gaza, tenga una competencia desleal por parte de Hamás, cuyo proyecto es continuar la Guerra Santa.
– En el libro, señala que quizá estemos más cerca que nunca de una solución al conflicto entre Israel y Palestina. ¿Qué motivos le llevan al optimismo?
– El gran Simón Peres decía que tanto los optimistas como los pesimistas al final se mueren, pero los optimistas viven mucho mejor. Yo creo que en el mundo árabe y musulmán hay sectores muy amplios que quieren un futuro distinto para sus hijos y sus nietos, y que entienden que hay que adoptar otra estrategia. Por eso, creo que en los próximos años, al menos hasta que Trump salga de la Casa Blanca, podemos ver un Oriente Medio distinto. Ahora bien, como sucedió en Europa, también en Oriente Medio la paz real tardará mucho tiempo en llegar.
No será algo fácil, pero creo que la normalización entre Israel y países árabes y musulmanes es posible en los próximos años. Hay un interés común en hacerlo. Eso sí, esa normalización no puede darse sin un acuerdo entre israelíes y palestinos.