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AnálisisRoberto StarkeBuenos Aires

2026: José Antonio Kast y el fin del ciclo izquierdista

Durante la campaña, Kast evitó calificar al régimen de Xi Jinping como una dictadura, consciente de que un deterioro abrupto de la relación bilateral dañaría la economía chilena

José Antonio Kast tras su triunfo en las elecciones de ChileAFP

José Antonio Kast se ha convertido en el nuevo presidente electo de Chile, luego de que el 58 % de los votos válidos lo ratificaran como el próximo titular del Palacio de La Moneda. La derrota de la izquierda chilena, si bien era una «crónica de una muerte anunciada», abre un período de inflexión para la nación andina.

Kast no es Sebastián Piñera ni tampoco un «outsider» que haya venido a dar un golpe de efecto contra el progresismo chileno. Si bien se ubica cómodamente a la derecha —postura que no solo no niega, sino que reivindica—, su proyecto político presenta novedades para la agenda chilena que distan de sus predecesores ideológicos o de vecinos entusiastas como Javier Milei.

Lejos de ser un actor ajeno a la política, el nuevo presidente acumula una larga trayectoria en los pasillos del poder, tanto por cuenta propia como por su pertenencia a una cultura familiar cercana al Estado. Su hermano, Miguel Kast, fue ministro de Estado y presidente del Banco Central durante la dictadura de Augusto Pinochet. El propio José Antonio comenzó su militancia joven, participando activamente en el plebiscito de 1988 a favor de la continuidad de Pinochet, aunque en aquel entonces el país rechazó la opción del dictador.

Tras ejercer como concejal en Buin y desempeñarse como diputado entre 2002 y 2018, Kast lideró diversas facciones disidentes de derecha. Aunque en 2021 alcanzó el balotaje, obtuvo solo el 44,13 % frente a Gabriel Boric. A diferencia de la derecha tradicional representada por Renovación Nacional, Kast militó 16 años en la UDI, siguiendo la línea de su fundador, Jaime Guzmán.

No obstante, abandonó dicho partido cuando consideró que este perdió su esencia conservadora para fundar el Partido Republicano, el cual constituirá la primera minoría en el Congreso a partir del próximo 11 de marzo.

Kast no es un «moderado». Es el primer presidente en la historia de Chile que votó por el «Sí» en 1988, un hito que reconoce públicamente y que marcó el inicio de la democratización y el ascenso de la Concertación. El mandatario electo sostiene que Piñera no realizó el trabajo necesario para consolidar un modelo capitalista tanto en lo económico como en lo cultural. Por ello, se espera que su gestión busque revertir el avance izquierdista tras tres procesos constituyentes fallidos y un gobierno de Boric que dejó sus reformas inconclusas.

El mapa político ha cambiado drásticamente. En la primera vuelta, la derecha se fragmentó entre Kast (23,93 %), Johannes Kaiser (13,94 %) y Evelyn Matthei (12,47 %). Esto ha resultado en un Congreso compuesto por al menos cinco coaliciones enfrentadas, lo que obligará a Kast a conciliar y unir a su sector para evitar la «peruanización» del legislativo. Por su parte, la izquierda, tras el estallido de 2019, logró agruparse en torno a Boric y, pese a las críticas, la candidata Jeannette Jara retuvo un piso electoral del 42 %, una cifra relevante en un país que suele dar segundas oportunidades.

En el plano internacional, aunque Washington y Buenos Aires han saludado su triunfo, la política exterior de Kast es una incógnita. Chile depende de su tratado de libre comercio (TLC) con EE. UU., clave en la negociación por minerales críticos como el cobre y el litio, sectores donde Chile y sus vecinos tienen un peso global determinante. Mientras el Secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, aguardaba los resultados para afianzar vínculos, la estatal Codelco enfrenta una crisis de producción y una deuda de 20.000 millones de dólares.

Kast ha prometido privatizar activos mineros para depurar el Estado. Sin embargo, la fuerte inversión china de la última década complica este plan; es probable que empresas de Pekín busquen participar en las licitaciones, algo que EE. UU. intentará vetar para proteger el TLC. Durante la campaña, Kast evitó calificar al régimen de Xi Jinping como una dictadura, consciente de que un deterioro abrupto de la relación bilateral dañaría la economía chilena.

El estilo conservador que llega a La Moneda es el más doctrinario desde el fin del pinochetismo, pero se enfrenta a un margen de maniobra limitado. Antes de avanzar, Kast deberá construir gobernabilidad dentro de una derecha atomizada.

En un mundo marcado por el proteccionismo, el equilibrio entre China y Estados Unidos será una «cuerda floja» donde Chile tiene mucho que perder. El desafío está planteado para este nuevo experimento que busca redefinir a la derecha chilena.