La caída de Maduro: una visión desde Chile
Las próximas semanas serán clave para constatar si el plan de Trump tiene acciones pendientes, más allá de encarcelar al histriónico Maduro y su cómplice esposa. De lo que no hay dudas, es que de caer el chavismo, llegarán las inversiones a Venezuela y su pueblo podría ver la luz
Maduro posando sonriendo tras aterrizar
La caída de Maduro, representa un alivio parcial para los venezolanos. Resulta también inquietante para los 8 millones de ciudadanos que dejaron su país escapando de las atrocidades del régimen chavista.
Se repite el cuadro cubano, en que unos 3 millones han dejado la isla buscando un mejor destino para ellos y sus familias.
Chile ha sido el destino de aproximadamente 1 millón de venezolanos, quienes emigraron al sur de América, en busca de refugio. Los efectos de esta inmigración tuvo al inicio efectos positivos, pues miles de venezolanos llegaron a cubrir un déficit de mano de obra, en momentos en que Chile crecía.
No obstante –aunque no hay cifras exactas– la segunda oleada de venezolanos venía repleta de narcotraficantes, delincuentes e incluso ex presidiarios. Esta realidad, transformó a Chile en un país inseguro y además hizo colapsar servicios de salud, educación y de atención social.
La mayoría de los inmigrantes, entraron a Chile por pasos no habilitados y de manera ilegal. Los dos gobiernos de Bachelet y en menor medida los dos de Piñera, fueron laxos a la hora de controlar el ingreso irregular a Chile. Las reacciones posteriores de expulsión de delincuentes han sido menores y no han resuelto el problema de fondo.
Las relaciones diplomáticas de Chile con Venezuela se quebraron, tras declaraciones –algo tardías– del Presidente Gabriel Boric, quien criticó al régimen de Nicolás Maduro. No se debe olvidar que Boric dentro de su coalición gobernante, incluye al Partido Comunista, que ha sido un firme defensor de la dictadura venezolana, como lo ha sido de la cubana.
Chile debió retirar a su último embajador en Caracas –el octogenario socialista Jaime Gazmuri– en enero de 2025, días antes de que asumiera el ilegal gobierno de Maduro, el cual incumplió los deseos del pueblo venezolano.
En la actualidad, Chile y su presidente se han posicionado cerca de México, Colombia, Uruguay y Brasil, cuestionando a Donald Trump y apelando a la ONU y al multilateralismo para resolver la crisis.
En la vereda favorable a la intervención, se han ubicado Argentina, Paraguay, Ecuador y también el Presidente electo de Chile José Antonio Kast.
Los miles de venezolanos residentes han salido a las calles de Santiago de Chile a celebrar la caída y futura condena de Maduro. Algunos han manifestado que apenas se den las condiciones volverán a Venezuela y otros, que permanecerán en Chile.
Todo esto se da tras declaraciones del futuro presidente chileno, quien ha afirmado que deberán irse de Chile quienes tienen cuentas pendientes con la justicia y quienes ingresaron de manera irregular.
La posición de los mandatarios a favor de la intervención de la ONU y del multilateralismo, evaden responder acerca de la ineficacia histórica y comprobada de los organismos internacionales para resolver conflictos.
Como ya lo he afirmado reiteradamente en columnas anteriores, la ONU es un paquidermo inútil, costoso y sin auditoría externa. Sus máximos representantes son cómplices de su inoperancia.
Lo sucedido en Venezuela, nos lleva a recordar el proceso chileno, durante el gobierno de Salvador Allende y su posterior caída, tras un golpe de Estado en el que se suicidó.
Muchos manifiestan que las Fuerzas Armadas chilenas fueron muy duras para reprimir a los partidarios de Allende. Debemos recordar que en 1973, estaba en el poder un marxista amigo de Moscú y de la órbita soviética. También Allende era cercano a Fidel Castro, quien visitó Chile en noviembre de 1971 por 25 días.
Tras el golpe chileno hubo enfrentamientos entre militares y terroristas de izquierda defensores de Allende. Ciertamente hubo excesos, los que analizados sin contexto intentan debilitar o ensombrecer la magnífica obra llevada adelante por el gobierno militar chileno, que aunque se mantuvo en el poder 17 años, entregó el mandato a un nuevo presidente democráticamente elegido.
No hay dudas de que Allende quería proyectar su gobierno, más allá del mandato legal. El «poder total» era la consiga de la izquierda chilena en esos días. No olvidar que la dictadura cubana lleva 66 años en el poder y la venezolana 27 años.
Por su parte Ortega y su pandilla, llevan 24 años en el poder, sumando sus dos etapas gobernando.
Aunque la caída de Maduro, podría considerarse un éxito de Donald Trump, el futuro de Venezuela aún es una incógnita, toda vez que parte de su grupo duro sigue gobernando y preparando su defensa militar llegado el momento.
No se debe cantar victoria antes de tiempo, pues otros países poderosos, ya han apoyado a la dictadura chavista. La vicepresidenta venezolana ya se ha victimizado y su estrategia será ganar tiempo para que el «chavismo» no caiga y puedan negociar su permanencia.
La estrategia cubana ha sido exitosa, desde el punto de vista de sus dictadores, pues han logrado amistades y apoyos de países con gobiernos «progresistas».
Las próximas semanas serán clave para constatar si el plan de Trump tiene acciones pendientes, más allá de encarcelar al histriónico Maduro y su cómplice esposa. De lo que no hay dudas, es que de caer el chavismo, llegarán las inversiones a Venezuela y su pueblo podría ver la luz.
También está pendiente constatar qué acuerdos subterráneos podrían tener Trump, Putin y Xi Jinping, relacionados con Ucrania, Taiwán y Gaza.
Por ahora los países menos influyentes, como Chile, no tienen más camino que esperar el curso de los acontecimientos. El restablecimiento de la democracia en Venezuela sería una gran noticia para Sudamérica y también para el mundo.