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Zoé Valdés
AnálisisZoé Valdés

Con los campesinos franceses acuartelados en París

Yo, como antes y ahora en Cuba, y siempre en cualquier parte del mundo, con el campesinado; son ellos los que conocen la tierra y los que nos alimentan

Maniquí colgado con una bandera francesa desplegada en un tractor frente al monumento del Arco de Triunfo durante una manifestación del sindicato de agricultores Coordination Rurale

Maniquí colgado con una bandera francesa desplegada en un tractor frente al monumento del Arco de Triunfo, en ParísAF

En la historia de Francia, la presencia de campesinos en la ciudad de París ha tenido un profundo significado, especialmente en periodos de crisis o de agitación social. Uno de los episodios más emblemáticos fue cuando los campesinos franceses, tradicionalmente ligados a la tierra y la vida rural, se vieron acuartelados en la capital, participando de manera activa en los acontecimientos políticos y sociales que transformarían el destino de la nación.

El acuartelamiento de los campesinos franceses en la capital debe asociarse a momentos claves como la Revolución Francesa (1789-1799). Durante este período, las condiciones económicas, la opresión fiscal y la escasez de alimentos llevaron a miles de campesinos a abandonar sus campos y buscar refugio en la ciudad. París, epicentro de la vida política y social, se convirtió en el escenario donde confluyeron distintas clases sociales, y los campesinos pasaron a ser actores fundamentales del cambio.

Los campesinos llegaban a París impulsados por el deseo de justicia, mejores condiciones de vida y el fin de los privilegios de la nobleza y el clero. Para muchos, la capital era un símbolo de esperanza y, al mismo tiempo, de incertidumbre. El acuartelamiento, es decir, su concentración y organización en la ciudad, les permitió articular sus demandas y participar en asambleas, manifestaciones y, en ocasiones, en acciones de fuerza como las que se vivieron durante la toma de la Bastilla.

La presencia campesina en París también fue determinante desdichadamente para la consolidación de los movimientos revolucionarios. Su apoyo a los sectores populares, como los sans-culottes, y su presión sobre la Asamblea Nacional derivaron en reformas agrarias, la abolición de privilegios feudales y una nueva conciencia de ciudadanía, pero además en una nueva clase opresora. Sin embargo, su experiencia en la ciudad transformó la visión que tenían del país y de sí mismos, sentando las bases para una Francia más igualitaria. De aquellos fangos estos lodos. El igualitarismo condujo a la esclavitud de la nueva clase dominante revolucionaria sobre el campesinado.

Un agricultor sostiene una bandera francesa frente al Arco del Triunfo

Un agricultor sostiene una bandera francesa frente al Arco del TriunfoAFP

El fenómeno de los campesinos acuartelados en París marcó el inicio de una mayor participación política de las clases rurales. Aunque muchos regresaron a sus pueblos tras los cambios post revolucionarios, la huella de su paso por la capital se hizo sentir en la vida política, la cultura y la memoria colectiva de Francia. Se convirtieron en símbolo de lucha y resistencia, inspirando movimientos sociales posteriores en Europa y el mundo que han culminado en lo mismo que antaño los sojuzgó: opresión modernizada.

La historia de los campesinos franceses acuartelados en la ciudad de París demuestra cómo los cambios sociales más profundos surgen de la unión de distintos sectores de la sociedad. Su presencia en la capital no fue un hecho coyuntural, fue el inicio de una transformación duradera que continúa resonando en la identidad francesa hasta nuestros días, pasando por aquel himno partisano de la resistencia frente a la ocupación nazi.

Hoy los agricultores han vuelto a la capital tras bloquear carreteras y arterias principales de la ciudad, protestan contra los malvados designios de la Unión Soviética Europea, los tratados con Mercosur, por sus derechos y el porvenir de sus hijos, y contra un Gobierno entregado al globalismo de la comunista agenda 2030. Un Gobierno resentido y en contra de todo lo que signifique prosperidad para el pueblo.

Yo, como antes y ahora en Cuba, y siempre en cualquier parte del mundo, con el campesinado; son ellos los que conocen la tierra y los que nos alimentan. Son los últimos sabios de la tierra, a los que hay que apoyar. Su triunfo será el nuestro. No se debe esperar a que los oportunistas se apoderen de este movimiento y de sus reivindicaciones porque entonces volverán a transformar una verdad reveladora en otra vez la letanía aniquiladora de una ideología destructiva.

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