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Reza Pahlavi, el hijo del último sah de Persi

Reza Pahlavi, el hijo del último sah de PersiEFE

Los hackers perforan el blindaje de la televisión iraní y transmiten mensajes del príncipe heredero

El régimen de los ayatolás, que cobra las balas a las familias de los manifestantes asesinados para recuperar sus cadáveres, se vio sorprendido por el ataque cibernético

El régimen iraní puede matar a miles de manifestantes, pero el control total de lo que sucede en Irán es otra cosa.

El apagón informativo de las últimas semanas dio paso a la recuperación de las emisiones de radio y televisión, así como a las redes sociales que capa el régimen. La «apertura» se produce un contexto de terror a un bombardeo estadounidense y la presión de sus vecinos. Pero la aparente tranquilidad del país y el control del relato sufrió una fuga grave.

Los hackers, que también los hay y son excelentes en Irán, interrumpieron una retransmisión de la televisión iraní en un horario de máxima audiencia. Los intrusos lograron colar imágenes del príncipe heredero del Sha Reza Pahlavi.

En el vídeo se exige a las fuerzas de seguridad que bajen sus armas contra la población que sale a las calles a protestar. Las demandas de los iraníes responden a la critica situación económica, la inflación y la merma del poder adquisitivo de los ciudadanos.

El detonante ha sido el bolsillo, pero las protestas desembocaron en la petición de caída del régimen con gritos de asesino al líder supremo, Ali Jamenei y hasta peticiones de regreso del príncipe heredero Reza, actual jefe de la Casa Imperial.

La totalidad de las señales de los diferentes canales de televisión de las República Islámica quedó interrumpida el pasado domingo.

La audiencia pudo ver dos vídeos del príncipe heredero, exiliado en Estados Unidos, donde insta a los manifestantes a seguir con la lucha y las protestas.

Difícil conocer la cifra exacta de muertos a manos de las fuerzas de seguridad, diferentes organizaciones advierten que los caídos por las balas del régimen no son menos de nueve mil. Otras apuntan más alto y arrojan números por encima de los 11.000

La crueldad de la dictadura fundamentalista llega al extremo de cobrar a las familias de los civiles asesinados por sus efectivos, por los proyectiles que los mataron si quieren retirar los cadáveres.

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