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La Junta por la Paz de Trump o cómo fundar y presidir una mini ONU con el dinero de otros

El presidente de Estados Unidos «invita» a 60 países, incluidos Rusia y Ucrania, a aportar mil millones de dólares para la paz en el mundo con la excusa de la reconstrucción de Gaza y se erige en jefe con derecho a veto de cualquier propuesta

Los principales líderes mundiales que asistieron a Egipto para la firma del acuerdo de Paz en Medio Oriente

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, junto a líderes mundiales durante la firma de paz en Gaza, en EgiptoEvan Vucci / AFP

Lo que queda de la franja de Gaza y los dos millones largos de supervivientes aguardan entre el frío y la miseria a que el plan de 20 puntos de Donald Trump pase de una vez a la segunda fase, esa en la que se habla de reconstrucción y de volver a ser un sitio civilizado. Los días pasan y dentro de ese territorio, prácticamente, todo sigue igual. Fuera, es otra cosa.

El presidente de Estados Unidos ha comenzado a enviar una avalancha de cartas de invitación a 60 países para que se sumen a su propuesta de Junta por la Paz. La «invitación», aunque con matices, lleva implícito el aporte de mil millones de dólares que estarán destinados, en principio, a la refundación de Gaza, aunque en la «convocatoria», según Bloomberg y The Wall Street Journal, la Franja no aparece por ningún lado.

La iniciativa mete en el mismo saco de las invitaciones a participar de un club, cuyo presidente cobra por membresía, a enemigos no declarados como Xi Jinping y algo un tanto surrealista, a otros que libran una guerra: Vladimir Putin y Volodimir Zelenski. El primero ha dicho, a través de su portavoz, Dmitri Peskov, que se está estudiando y el ucraniano se ha quedado tan perplejo como cuando el propio Trump y, sobre todo, el vicepresidente J. D. Vance, le acribillaron a reproches en el Despacho Oval. Palabra más, palabra menos, observó: «Francamente, me resulta difícil imaginarme sentado con Rusia en cualquier consejo».

El escenario resulta un tanto confuso y, según los textos a los que ha tenido acceso Bloomberg, los estatutos de la Junta serían un traje hecho a medida para Donald Trump, mientras esté en la Casa Blanca y cuando esté fuera de ella dentro de tres años. En su condición de presidente de esta organización tendría derecho a veto a cualquier decisión y se mantendría en el cargo a perpetuidad salvo que voluntariamente decidiera dejarlo. En este caso, sería libre de designar un sucesor que el resto tendría, por imperativo suyo, que aceptar.

Opacar a la ONU

Esta Junta para la Paz tendría funciones más allá del conflicto entre israelíes y palestinos (Netanyahu expresó su malestar con la iniciativa inconsulta). Su misión sería intervenir también en otros conflictos a imagen y semejanza, –pero con el sello Trump–, de Naciones Unidas, una de las organizaciones que más desprecia el presidente de Estados Unidos. Prueba de ello es que en este año de Gobierno ha sacado al país de 31 organismos y agencias de la ONU. La justificación recuerda TWSJ: «Operaban en contra de los intereses nacionales estadounidenses».

Ironías de la historia, el Consejo de Seguridad de la ONU autorizó a la Junta por la Paz, tal –y como se entendía entonces–, a supervisar el proceso de recuperación de Gaza. Pero Trump, según sus palabras, va más allá: «La Junta de Paz es una organización internacional que busca promover la estabilidad, restablecer un Gobierno confiable y legítimo y asegurar una paz duradera en áreas afectadas o amenazadas por conflictos», escribe.

Según The Wall Street Journal, el razonamiento que justifica la creación de esta Junta es crear un «organismo internacional ágil y eficaz para la consolidación de la paz». La ONU no se ha pronunciado, pero advierte del misil a su línea de flotación. De acuerdo al documento filtrado, solo los países que paguen la cuota correspondiente se considerarán miembros permanentes.

En el preámbulo de la carta, de la que el WSJ reproduce algunos fragmentos, el republicano lamenta que «demasiados enfoques para la consolidación de la paz fomentan una dependencia perpetua e institucionalizan las crisis en lugar de ayudar a la gente a superarlas». Es decir, que la voz de un solo hombre es lo que funciona y ese hombre, es él. Pero para poder alzarla necesita, «una coalición de Estados dispuestos y comprometidos con la cooperación práctica y la acción eficaz».

Con las dudas sobre la mesa de lo que pretende hacer Trump, los países que se han animado a confirmar su incorporación son: la Hungría de Viktor Orbán, los Emiratos Árabes Unidos, de Mohamed bin Zayed Al Nahayan, el Marruecos del rey Mohamed VI y el régimen comunista de Lương Cường en Vietnam.

Argentina anunció que acepta, pero advirtió que no desembolsará los mil millones que le garantizarían un asiento permanente. Más diplomáticos, Narendra Modi, el primer ministro de Australia, Anthony Albanese, el rey Hussein de Jordania, así como otros soberanos y presidentes, han sido cautos y le dan largas. Dicho de otro modo, como Xi y Putin, dejan en estudio la propuesta.

La Unión Europea se mantiene a la expectativa, pero Francia es el único país que, de momento, parece que se atreve a decirle no a Donald Trump. Emmanuel Macron lo justifica por la inquietud que genera en organismos multilaterales y la ONU la creación de la Junta.

El órgano ejecutivo de esta iniciativa estará constituido por Trump a la cabeza, el secretario de Estado, Marco Rubio, el ex primer ministro británico Tony Blair, el enviado especial para Oriente Medio, Steve Witkoff, su yerno Jared Kushner y Javier Milei que agradeció con efusividad su incorporación, pero recordó que los bolsillos de Argentina, como bien sabe Trump, están vacíos.

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