El caso Epstein hunde a Starmer: afilan las navajas en el laborismo
A la defensiva desde las revelaciones sobre Mandelson, el caso puede ser el principio del fin del primer ministro
El primer ministro británico, Keir Starmer, pronuncia un discurso en Downing Street
La última excusa en la que se escuda sir Keir Starmer para intentar eludir responsabilidades: culpar a los servicios de inteligencia de haberle asesorado mal acerca de la idoneidad del todavía lord Mandelson –es probable que su título vitalicio sea derogado próximamente por una ley ex profeso– para desempeñar el cargo de embajador británico en Estados Unidos.
Aquella designación, materializada en febrero de 2025 y revocada seis meses después, podría significar el principio del fin de Starmer como primer ministro.
En un discurso pronunciado ayer ante los participantes en un evento de «cohesión social» en Sussex, Starmer explicó que la investigación de antecedentes de lord Mandelson constaba de dos partes y sugirió que los servicios de seguridad eran los responsables de no descubrir sus vínculos con [Jeffrey] Epstein.
«Se llevó a cabo una diligencia debida que culminó con preguntas, porque quería saber la respuesta a ciertas cuestiones. Por eso se hicieron esas preguntas; las respuestas no fueron veraces», aseguró. Posteriormente, añadió: «Se realizó una investigación de antecedentes de seguridad independiente por parte de los servicios de seguridad, un proceso intensivo que le otorgó la autorización para el cargo, y es necesario pasar por ello antes de asumirlo».
Una argumentación que podría ser sostenible si el primer ministro no hubiera sabido antes los estrechos vínculos entre Mandelson y el pedófilo norteamericano. Pero ha quedado demostrado que conocía gran parte de aquellos vínculos cuando se decantó por Mandelson para asumir la embajada más deseada de la diplomacia británica.
Baste recordar que en agosto de 2019, el Daily Mail publicó fotografías de Lord Mandelson y Epstein juntos en la lujosa isla caribeña de San Bartolomé. Mostraban a los dos hombres de compras juntos en diciembre de 2005, con Mandelson –quien por entonces era comisario de Comercio de la Unión Europea– probándose un cinturón blanco.
En enero de 2022, otro tabloide, The Sun, publicó una nueva fotografía de lord Mandelson y Epstein. En esta ocasión se veía a ambos en el apartamento de Epstein en París mientras el pedófilo soplaba las velas de una tarta de cumpleaños.
Segundo error: las disculpas a destiempo que ha presentado Starmer por haber nombrado embajador a Madelson. ¿Por qué no lo hizo hace cuatro meses cuando se vio obligado a destituirle?
Esta y otras preguntas sin responder han generado una ola de indignación en las filas del grupo parlamentario laborista en la Cámara de los Comunes. Primero fue Angela Rayner en la sesión del miércoles quien trasladó el sentir de buena parte de sus compañeros. La ex viceprimera ministra, hoy diputada rasa, aprovechó la ocasión por partida doble: para cobrarse una venganza por su dimisión forzada en septiembre –el motivo fue una irregularidad fiscal en la compra de su residencia secundaria–, cuando interpretó que Starmer la había dejado caer; también, y sobre todo, para posicionarse como posible sucesora del todavía inquilino del número 10 de Downing Street.
Rayner no desacertó porque desde el miércoles por la tarde los grupo de Whatsapp de los parlamentarios laboristas están funcionando a pleno rendimiento. Para conspirar contra Starmer, obviamente. Según informa The Daily Telegraph, están instando en privado a Rayner y al ministro de Sanidad, Wes Streeting a desafíar el liderazgo de Starmer.
Un ministro afirmó que la situación se había vuelto «existencial» para Sir Keir, afirmando que «prácticamente todo el mundo está instando a un desafío al liderazgo» en privado. En la jerga política británica significa presentar una moción dentro del grupo parlamentario para forzar la dimisión del primer ministro.
Un ministro citado bajo anonimato por el diario conservador asegura que existe una opinión generalizada entre parlamentarios y ministros de que debería iniciarse un desafío al liderazgo, añadiendo que los conspiradores eran ahora «demasiados para nombrarlos».