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La transición de Venezuela y el modelo de Donald Trump

El anuncio del próximo regreso de María Corina Machado a Venezuela abrirá un nuevo compás de expectativas políticas y electorales.

El presidente estadounidense, Donald Trump.Getty Images via AFP

A partir del 3 de enero de 2026, día en que Nicolás Maduro Moros y Cilia Flores, altos jefes del Cartel de los Soles y cabezas de la dictadura venezolana, fueron capturados en el Fuerte Tiuna, en Caracas, y conducidos a una prisión en Brooklyn, en Nueva York, lo que ha ocurrido hasta ahora solo puede ser descrito, en rigor, como un cambio en la conducción gubernamental.

Una vez que Delcy Rodríguez asumió el cargo de presidenta encargada, no se estableció un nuevo gobierno o un gobierno distinto al que estaba en funciones hasta ese momento. Lo que ocurrió es que la misma estructura de poder procedió a hacer un relevo: preso el jefe, la segunda a bordo asumió el mando. Es el mismo régimen, con su misma estructura y sus mismos modos de actuar, más allá de las diferencias de estilo entre Maduro y Rodríguez, diferencias que han sido anotadas por muchos comentaristas.

El que haya una nueva conducción no supone que el régimen en el poder haya cambiado su naturaleza. Aunque se han tomado algunas decisiones —como las destinadas a facilitar inversiones en negocios petroleros y mineros—, bajo la presión directa que ejerce el gobierno de Estados Unidos —que realiza un seguimiento diario y minucioso de lo que ocurre en Venezuela—, el régimen en Venezuela sigue siendo ilegítimo, toda vez que desde julio de 2024 permanece en el poder como producto de un fraude descomunal.

El que Maduro haya sido apresado y salido de la escena política venezolana no legitima a la dictadura, cuyos innumerables expedientes criminales no pueden borrarse ni obviarse, como pretende la Ley de Amnistía.

Que sigue siendo el mismo, lo atestiguan las evidencias y hechos de estos días: sigue siendo un régimen que viola los Derechos Humanos, como lo comprueba que, valiéndose de toda clase de argucias procedimentales y administrativas, mantiene sin justificación alguna a más de 500 presos políticos, a pesar del palabrerío alrededor de la reconciliación.

Continúa siendo una estructura criminal que no cesa de aprovecharse y castigar a la sociedad, como lo ratifica la denuncia según la cual, aun cumplidos los requisitos para autorizar la excarcelación, los familiares de los presos políticos son extorsionados en los tribunales, como condición insalvable para que estos cumplan con la obligación de liberarlos.

Las prácticas abusivas e inconstitucionales sobre los medios de comunicación se mantienen intactas. El bloqueo a las señales de internet de decenas de medios no ha cesado. Las prácticas de acoso y extorsión por parte de policías, paramilitares, colectivos, bandas delincuenciales, unidades militares, milicianos, equipos del PSUV, unidades del ELN y otros, en contra de personas y familias, se mantienen con total impunidad. Cabello y Padrino López siguen en sus negocios y triquiñuelas.

¿Y entonces, cómo describir lo que está ocurriendo en Venezuela? Sugiero que se trata de una nueva modalidad de transición —método Trump—, que consiste en derribar la cabeza —como la pareja Maduro-Flores en Venezuela o la de Jameini y su alta estructura de asesinos en Irán—, pero sin imponer, al menos en Venezuela, un cambio de régimen abrupto y en el corto plazo. Las tres fases, ampliamente explicadas por Trump, Rubio y la embajadora Laura F. Dogu, dejan en claro que, a fin de cuentas, se trata de un proceso que demanda la acción orgánica de la sociedad venezolana.

Todavía es temprano para saber qué rumbo tomarán las cosas en Irán, una vez que, a pesar de su evidente desventaja, la teocracia ha decidido quemar sus naves y enfrentar a la potente dupla militar de Estados Unidos e Israel. A esta hora, lo más probable es que la nación iraní pague un costo muy alto y doloroso por la fanática irresponsabilidad de las autoridades del régimen, que han puesto en marcha una respuesta que provocará sacrificios inenarrables en una población que, de forma mayoritaria, los aborrece y aborrece la opresión en la que viven desde 1979.

Pero el rumbo venezolano tiene otro cariz: tras las visitas de altos funcionarios de Estados Unidos -secretarios de Estado, misiones diplomáticas y técnicos de primer nivel- se hace cada vez más nítido el predominio de una visión: que el modelo que Trump está ensayando en Venezuela es el de impulsar unas condiciones necesarias para el cambio -donde el capítulo de la captura de los capos Maduro y Flores fue un paso enorme, que no puede ser menoscabado-, para que seamos los venezolanos los encargados de tomar el testigo, movilizarnos, volver a participar activamente en el avance hacia el cambio de régimen.

El modelo que nos conduciría a unas elecciones democráticas en Venezuela está en curso. Mientras el régimen procura preservar el poder apelando a su histórico arsenal de engaños, a los demócratas nos corresponde insistir, movilizarnos, conquistar más y más espacios, ir ganando terreno con los recursos legales a nuestra disposición.

El anuncio del próximo regreso de María Corina Machado a Venezuela abrirá un nuevo compás de expectativas políticas y electorales. Corresponde a la inmensa mayoría de los demócratas venezolanos tomar el testigo y continuar con las siguientes etapas de la lucha. De eso trata el modelo Trump: él abrió una puerta, ahora nos corresponde a los ciudadanos venezolanos entrar e impulsar el país hacia unas próximas y seguras elecciones.