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La nueva Estrategia de Defensa de Estados Unidos: ¿un mero reflejo de su autor?

El secretario de Guerra, Pete Hegseth, parece concebir la violencia como un recurso inevitable frente al enemigo. Un recurso no deseado, pero necesario en un mundo hostil a América, a la religión y a los valores tradicionales

Pete Hegseth, secretario de Defensa de EE.UU.

Pete Hegseth, secretario de Guerra de EE.UU.Franco Brana / AFP

A la luz de los acontecimientos en el estrecho de Ormuz, es bueno revisitar este documento aprobado hace apenas dos meses. Lo que sucede hoy en Oriente Próximo no es una mera ocurrencia de Donald Trump. Por el contrario, el conflicto en el Golfo Pérsico es reflejo de lo anunciado desde el mismo día de la toma de posesión. Así, la Estrategia de Defensa de EE.UU. (NDS, por sus siglas en inglés), que es continuación de la Estrategia de Seguridad Nacional publicada el mes anterior, mostraba claramente el camino que se iba a seguir.

Tanto en los documentos estratégicos como en los discursos oficiales se transmite la idea de que EE.UU. quiere recuperar su grandeza, imponer su hegemonía de forma incontestada, pero no haciéndose presente hasta en el último extremo del mundo, sino asegurando su vecindario (todo el hemisferio occidental). Para eso, tiene que contar con aliados que sean like-minded partners (con los que comparte valores, el llamado Occidente Colectivo) y debe cerrar paulatinamente conflictos que, por falta de decisión, han permanecido abiertos durante décadas. Así llegamos al ataque a Irán, y quién sabe cuántos escenarios más nos esperan en los próximos meses y años.

En ambas estrategias se opta siempre por la vía expeditiva. ¿Respeto por el Derecho Internacional? Escaso o nulo. Lo que importa es el resultado inmediato. Venezuela ha sido un claro ejemplo de ello. Si se dan las condiciones para dar un golpe de efecto, ¿por qué no hacerlo? Como bien decía Trump en una entrevista, no hay más límite que su propia moral. Dicho en términos de la NDS: «Estados Unidos primero. Paz a través de la fuerza. Sentido común». O, mejor aún: «Defenderemos la patria y garantizaremos la protección de nuestros intereses en el hemisferio occidental». Así de sencillo.

Esto se traduce, de forma práctica, en que «disuadiremos a China en el Indopacífico mediante la fuerza, no la confrontación» y que «Rusia seguirá siendo una amenaza persistente pero manejable para los miembros orientales de la OTAN en el futuro previsible». Es evidente el cambio radical con respecto a las líneas rojas establecidas por la Administración Biden. También en cuanto a Europa, a la que ahora se le considera un free rider, un gorrón, y cuya antítesis se puede encontrar en Israel, quién supo hacer frente a los ataques de Hamás del 7-O con eficacia, y que, en resumen «es un aliado modelo». Los frutos de esta visión geoestratégica trumpiana se nos muestran cada día al abrir los telediarios. El statu quo post guerra fría ha tocado a su fin, como bien reconoció Ursula von der Leyen el pasado 9 de marzo en la conferencia ante los embajadores de la UE.

Un secretario de Guerra para los tiempos nuevos

Llegados a este punto, es relevante explicar quién es Pete Hegseth, el actual secretario de Guerra de Estados Unidos, es decir, el responsable último de ejecutar la visión geoestratégica del presidente y cuya firma sanciona esa NDS. Su elección fue una completa sorpresa y ante los medios pareció una astracanada más de Donald Trump, pasando de comentarista estrella en la Fox a uno de los principales miembros del gabinete de la Casa Blanca sin solución de continuidad. Militar condecorado, ha demostrado su fidelidad ilimitada al presidente desde 2016. Este rasgo se percibe en la propia NDS, donde un tercio de su contenido se dedica a ensalzar la figura de Trump, con expresiones tan grandilocuentes que sonrojan a cualquier lector.

Hegseth es también un activista imbuido de un sentido de cruzada político-religiosa para salvar a América, devolverle lo que considera que son su espíritu cristiano y su tradición y salvarla de sus enemigos internos y externos. Los tatuajes que exhibe tejen el programa completo de esas ideas. Un «Deus Vult!» (¡Dios lo quiere!) en su bíceps y una gran cruz de Jerusalén sobre el pecho, muestran a las claras un ideal de moderno cruzado; a su vez, la representación del rifle AR15 empleado por su unidad en Afganistán junto a la bandera de las barras y estrellas, la serpiente de Benjamin Franklin con la proclama «Join or Die!», la letras Chi-Rho como iniciales de «Cristo», la fecha de la Independencia de los Estados Unidos en números romanos, o una cruz y una espada en referencia al conocido versículo de San Mateo: «No he venido a traer la paz, sino la espada».

Todo ese conjunto nos remite claramente a una comunión de ideas con los grupos supremacistas americanos o, al menos, a un fuerte sustrato religioso cristiano evangélico calvinista. Para el secretario de Guerra la acción política y, por ende, el conjunto de su vida, ha de realizarse como una gran cruzada cuyo destino necesario es salvar la cristiandad y América empleando toda la fuerza y todas las fuerzas que sean necesarias. Como un antiguo cruzado, Hegseth parece concebir la violencia como un recurso inevitable frente al enemigo. Un recurso no deseado, pero necesario en un mundo hostil a América, a la religión y a los valores tradicionales. Todo esto vuelve a quedar patente al leer esa Estrategia de Defensa.

Hegseth parece concebir la violencia como un recurso inevitable frente al enemigo

Él mismo recordaba, al dirigirse a sus subordinados en Quántico el pasado 30 de septiembre de 2025, cómo la idea del presidente Trump de lograr la paz mediante la demostración de la fuerza encajaba perfectamente en el lema «Si vis pacem, para bellum» presente en el escudo de su unidad en Afganistán. Y, al poco de iniciar su discurso, en algo así como un desahogo poco meditado, desafiaba a sus enemigos empleando una expresión un tanto malsonante como es FAFO («F* around and find out»), que puede traducirse de forma suave como «si nos buscáis las cosquillas, nos encontraréis».

Conocidos todos estos antecedentes, la paz parece cada vez más lejana en el horizonte de este nuevo tiempo. Pocas dudas caben de que el nuevo secretario de Guerra estadounidense no va a vacilar en hacer uso de la fuerza para imponer la misión encomendada por su presidente y hacer valer y defender la posición que los Estados Unidos están llamados ocupar en el concierto internacional frente a los enemigos externos o internos. No cabe dudar de que a ello está dispuesto a consagrar su vida: Deus Vult!.

*Antonio Alonso Marcos es profesor de Relaciones Internacionales, Universidad CEU San Pablo.

*Mauricio G. Álvarez Rico es doctor en Historia y Máster en RR.II. por el King´s College London.

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