Reservas estratégicas de petróleo
Trump resta importancia a la llegada de petróleo ruso a Cuba y abre la puerta a un alivio puntual del bloqueo
Mientras Estados Unidos mantiene su estrategia de presión para propiciar cambios en el régimen, se ve obligado a tolerar ciertos alivios ante el deterioro humanitario en la isla
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, aseguró este domingo que no le preocupa la inminente llegada de crudo ruso a Cuba, en un momento de extrema debilidad energética en la isla y tras meses de presión de Washington.
En declaraciones a periodistas a bordo del avión presidencial, el mandatario fue tajante: «No me molesta (…) tienen que sobrevivir», afirmó, restando importancia al impacto que pueda tener el suministro en la situación del régimen cubano, al que calificó de «corrupto» y «terminado».
Las palabras de Trump se producen en un contexto de aparente flexibilización táctica de la estrategia estadounidense, después de que trascendiera que Washington permitirá la entrada en aguas cubanas de un petrolero ruso. El buque, denominado Anatoly Kolodkin, se encuentra a escasa distancia de la isla y podría atracar en los próximos días.
Este giro no supone, sin embargo, un cambio de fondo. La Administración estadounidense mantiene la presión sobre La Habana tras haber impulsado en enero un severo bloqueo energético destinado a forzar reformas políticas y económicas en el país.
Aun así, Trump admitió que «prefiere» conceder un respiro puntual a la isla ante la gravedad de la situación: «La gente necesita calefacción y aire acondicionado», señaló, en alusión a las duras condiciones de vida derivadas de la escasez de combustible.
La llegada de petróleo ruso podría aliviar parcialmente una crisis energética que ha paralizado amplios sectores de la economía cubana, con apagones prolongados y una actividad prácticamente detenida. La isla necesita alrededor de 100.000 barriles diarios para cubrir su demanda, de los cuales apenas produce una parte.
En este contexto, Moscú ya había adelantado su disposición a enviar crudo por razones humanitarias, desafiando abiertamente las sanciones de Washington.
El movimiento evidencia el delicado equilibrio en el pulso geopolítico sobre Cuba: mientras Estados Unidos mantiene su estrategia de presión para propiciar cambios en el régimen, se ve obligado a tolerar ciertos alivios ante el deterioro humanitario en la isla.