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Daniela Brik
CrónicaDaniela Brik

El desafío de las elecciones en Perú: quién se enfrentará a Keiko Fujimori en la segunda vuelta

La cita electoral se enmarca en un contexto de máxima fragmentación, con diferencias mínimas entre candidatos y un volumen significativo de indecisos que mantiene el resultado abierto. Todo ello hace prever una segunda vuelta en junio, donde se definirá el resultado final

Fotomontaje de los candidatos a la Presidencia de Perú

Fotomontaje de los candidatos a la Presidencia de PerúDavid Díaz

Perú vuelve a las urnas este domingo 12 de abril para elegir a quien asumirá la Presidencia, con Keiko Fujimori encabezando todas las encuestas. El país andino encadena una década de alta inestabilidad política, con una decena de jefes de Estado desde 2016, de los cuales ocho han sido electos y el resto asumieron de forma interina tras crisis institucionales.

La cita electoral se enmarca en un contexto de máxima fragmentación, con diferencias mínimas entre candidatos y un volumen significativo de indecisos que mantiene el resultado abierto. Todo ello hace prever una segunda vuelta en junio, donde se definirá el resultado final.

En ausencia de mayorías claras, Keiko se posiciona, según los últimos sondeos publicados (Ipsos, Datum e IEP), con una intención de voto que se mueve en una horquilla entre el 10% y el 18%, suficiente para liderar, pero insuficiente para proyectar una ventaja decisiva.

Tras ella, un grupo de aspirantes compite con márgenes estrechos por los puestos que dan acceso al balotaje y donde se han producido sorpresas en las últimas semanas.

Más de 27 millones de ciudadanos están convocados este domingo a unas elecciones generales en las que se elegirá al presidente, dos vicepresidentes, el Congreso –restablecido en formato bicameral– y los representantes ante el Parlamento Andino. La magnitud del proceso es excepcional: 35 aspirantes a la Presidencia y cerca de 10.000 candidaturas en total, lo que pone de manifiesto un sistema político extremadamente atomizado.

El trasfondo institucional explica parte de esa dispersión. Perú llega a estos comicios tras un nuevo episodio de inestabilidad que ha forzado un adelanto electoral, la enésima en una secuencia de crisis que arrastra desde hace años. Desde 2016, el país ha sido testigo de un rosario de destituciones, dimisiones y relevos presidenciales de emergencia, lo que ha erosionado la confianza ciudadana y debilitado las estructuras partidarias.

Keiko: primera, pero sin ventaja decisiva

En este escenario, Keiko Fujimori, líder de Fuerza Popular, encabeza las encuestas y se la da casi por segura aspirante en una segunda vuelta. Hija del expresidente Alberto Fujimori –fallecido tras cumplir condena por violaciones de derechos humanos y corrupción–, fue introducida en la política desde muy joven y ha mantenido desde entonces una presencia constante en la vida pública peruana.

Su figura sigue marcada por esa herencia política. Desde 2016, además, se la ha señalado como una de las principales responsables de la línea dura adoptada por el Congreso dominado por el fujimorismo, caracterizado por su confrontación con el Ejecutivo y su papel en la sucesión de crisis institucionales.

Su candidatura actual se apoya en un mensaje de orden frente a la inseguridad y en la estructura territorial de su partido, una de las más consolidadas y robustas del país. Sin embargo, ningún candidato logra despegar con claridad y las diferencias entre quienes disputan el segundo puesto se mantienen dentro del margen de error.

El abogado peruano y presidente de ProDiálogo, Iván Ormachea, considera que su pase a segunda vuelta está prácticamente garantizado: «Las opciones reales de Keiko Fujimori de pasar a la segunda vuelta son totales». A su juicio, esto responde a una base electoral consolidada, ya que «una vez más, se demuestra que tiene un grupo de votantes fieles», explica a El Debate.

No obstante, ese mismo suelo electoral no garantiza el resultado final. La experiencia de 2011, 2016 y 2021, cuando perdió en segunda vuelta, sigue proyectándose sobre su candidatura. «Se dice popularmente que cualquiera que concurra con Keiko Fujimori va a ganar en segunda vuelta», apunta Ormachea, en referencia al rechazo que sigue generando.

Ormachea sostiene que admitir el voto por Keiko Fujimori sigue siendo políticamente incómodo en parte del electorado, razón por la que inicialmente no se vio reflejado en las encuestas. Pero, pese al rechazo que arrastra, el fujimorismo sigue manteniendo una base fiel que no se diluye con el desgaste por los escándalos.

Una carrera comprimida: varios candidatos en décimas

Por detrás, la disputa está abierta. Carlos Álvarez, de perfil centroderechista, se sitúa en torno al 8 %-11 %, tras un ascenso en el tramo final de campaña, impulsado por su visibilidad en debates y su discurso centrado en seguridad.

En ese mismo rango se mueve Rafael López Aliaga, con apoyos de entre el 7 % y el 10 %, consolidando un bloque competitivo en la derecha. Más atrás aparecen Roberto Sánchez (5 %) y Alfonso López Chau (5 %), en una carrera donde las diferencias son mínimas.

El exdefensor adjunto para conflictos sociales, Rolando Luque, subraya que esta fragmentación condiciona toda la elección: «La política peruana se ha vuelto una actividad de pronóstico reservado», en un contexto de «precariedad de los partidos» y sucesivas crisis. En ese escenario, añade, «los partidos con mejor organización sacan ventaja», como es el caso de Fuerza Popular.

La consecuencia es que el acceso a la segunda vuelta puede lograrse con apoyos muy bajos. «Tendremos dos candidatos cuyas votaciones sumadas estarán en alrededor del 20 %», advierte Luque, lo que implica que la mayoría del electorado no habrá votado por ellos en la primera ronda.

Seguridad, economía y voto volátil

La campaña ha estado marcada por preocupaciones inmediatas. La inseguridad –con fenómenos como el sicariato, la extorsión o los secuestros– se ha convertido en un eje central.

Ormachea lo resume como uno de los factores determinantes en las urnas: «Hay claras preocupaciones, como la de la inseguridad ciudadana en zonas urbanas, en el transporte público, en los comercios, en sectores como el de la construcción».

A ello se suman la corrupción, el empleo y la precariedad de servicios básicos como salud o educación.

Luque coincide en señalar que el electorado busca respuestas concretas: «Crecimiento económico, empleo y estabilidad política».

Otro factor a tener en cuenta en estos comicios es la enorme desafección y el voto volátil en Perú, con entre un 13 % y un 16 % de indecisos, que puede inclinar la balanza en el último momento.

El segundo puesto, la gran incógnita

El volumen de candidaturas evidencia la fragilidad del sistema político. La baja identificación partidaria y la proliferación de opciones han convertido la elección en una liza abierta, sin liderazgos dominantes, por lo que la primera vuelta funciona como un primer filtro.

Con el liderazgo de Fujimori, que parece consolidado, la gran incertidumbre se sitúa en quién la acompañará en la segunda vuelta.

«Hay una disputa fuerte por el segundo lugar, que se definirá el mismo domingo», señala Luque, que sitúa en esa pugna a Carlos Álvarez, Rafael López Aliaga o Ricardo Belmont, sin descartar sorpresas.

Perú vuelve a las urnas con la oportunidad de reconfigurar su ciclo político tras años de gobiernos marcados por la inestabilidad y los giros constantes entre distintas corrientes. Sin embargo, como sintetiza Iván Ormachea, la clave inmediata del proceso «es quién va a pasar a la segunda vuelta».

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