Pancarta con imágenes del ayatolá Alí Jamenei y el actual líder supremo, el ayatolá Mojtaba Jamenei, en Teherán
La encrucijada de Trump en la guerra de Irán: ahogar económicamente al régimen o cantar ya victoria
Tras 40 días de guerra, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció el pasado 7 de abril un alto el fuego de dos semanas en Irán para dar una oportunidad a la diplomacia. Sin embargo, y tras una primera ronda de negociaciones fallidas –que se alargaron hasta 21 horas– en Pakistán el pasado 11 de abril, las partes siguen sin acercar posturas, las negociaciones se han congelado y la tregua se ha prolongado de manera indefinida. Estas últimas semanas se esperaba que tuviera lugar la segunda ronda de contactos, también en Islamabad, pero las constantes acusaciones cruzadas han llevado a cancelarla en varias ocasiones.
Trump se asoma a una encrucijada sobre qué hacer ahora con la guerra en la República Islámica, que algunos analistas ya catalogan como una nueva «guerra fría». Tanto Washington como Teherán se ven como los ganadores de esta contienda. Estados Unidos porque ha logrado acabar con la Armada iraní y matar a gran parte de la cúpula del régimen, entre ellos el líder supremo, el ayatolá Alí Jamenei, durante el primer día de bombardeos conjuntos con Israel. Irán, por su parte, tan solo tenía que sobrevivir y, aunque a duras penas, lo ha logrado. La teocracia islamista sigue en pie, con el hijo de Jamenei, Mojtaba Jamenei, supuestamente al mando –aunque no se le ha visto desde que fue designado como sucesor de su padre– y con el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria (CGRI) con una posición aún más fuerte dentro del régimen.
En este punto, ninguno parece estar dispuesto a hacer concesiones en unas negociaciones para poner fin a la guerra. El principal escollo sigue siendo el expediente nuclear iraní. La Administración Trump plantea la suspensión de su programa de enriquecimiento de uranio durante 20 años; Teherán tan solo acepta una prórroga de cinco y, llegados a este punto muerto, el tiempo corre en contra del presidente estadounidense, que debe tomar una decisión sobre cuáles son los siguientes pasos. Las opciones son claras: retomar los bombardeos, mantener el bloqueo del estrecho de Ormuz para ahogar la economía del régimen o declarar la victoria de manera unilateral. Cualquiera de estos escenarios conlleva sus riesgos.
Retomar la guerra
Si finalmente Trump decide dar un portazo a la diplomacia y bombardear de nuevo Irán, no le bastará con seguir haciendo lo mismo que durante los últimos 40 días de guerra. Los ataques tendrán que ser mayores y provocar un daño considerable al régimen, ya sea apuntando contra instalaciones petrolíferas y energéticas –principal fuente de beneficio de la teocracia islamista– o ejecutando algún tipo de operación terrestre, como la toma de la isla de Kharg u otras más pequeñas, pero también estratégicas.
La aviación estadounidense ya bombardeó Kharg el pasado 13 de marzo, aunque tan solo atacó objetivos militares, dejando intacta la infraestructura petrolífera. Desde esta isla se calcula que sale el 90 % del crudo que vende Teherán. «Irán no logra organizarse. No saben cómo firmar un acuerdo antinuclear. ¡Más les vale espabilar pronto!», advirtió de nuevo este martes el republicano en un mensaje en su red social, Truth Social, que acompañó con una imagen de guerra en la que aparece el propio Trump sujetando un fusil de asalto y la frase «No más Sr. Buen Tipo». Sin embargo, volver a la guerra podría costarle a su partido las elecciones de medio mandato del próximo mes de noviembre, dado que la mayoría de su electorado, e incluso parte de su propia formación, reniega de este conflicto.
Ahogar económicamente Irán
Por ahora, la estrategia que está aplicando es la de ahogar económicamente al régimen iraní para forzarlo a sentarse a la mesa de negociaciones y aceptar sus condiciones. Trump ordenó el pasado 13 de abril a su Armada que aplicara un bloqueo total de todos los barcos desde y hacia las costas del país persa en el estrecho de Ormuz. Esto se suma al cerrojazo que ya aplicaba de facto la Guardia Revolucionaria en esta vía estratégica desde el inicio de la guerra. Según publicó recientemente The Wall Street Journal (WSJ), el cierre estadounidense y la imposibilidad de Teherán de exportar su crudo están provocando que tenga que buscar nuevas formas de almacenarlo porque, de lo contrario, se podría ver obligado a paralizar su extracción.
Así, Trump, y según el WSJ, ha trasladado a sus asesores que se preparen para un bloqueo prolongado de Ormuz si el régimen iraní se resiste a negociar. El presidente estadounidense confía en que esta situación provoque, más pronto que tarde, tal colapso económico en el país persa que obligue a la teocracia islamista a aceptar todas sus condiciones, incluido poner fin a su programa nuclear. Sin embargo, y si esta situación acaba por alargarse en el tiempo, el republicano se arriesga a una escalada descontrolada de los precios de la energía y el petróleo.
Cantar victoria
Una tercera opción sería cantar victoria y cerrar el capítulo de la guerra en Irán sin haber solucionado el expediente nuclear. Según publicó este miércoles en exclusiva Reuters, las agencias de Inteligencia estadounidenses ya estudian cómo respondería la República Islámica si Trump declara una victoria unilateral. En este caso, Estados Unidos mantendría aun así su presencia militar en la región, lo que probablemente tan solo se convertiría en el prolegómeno de una nueva arremetida aún más violenta y peligrosa para la región.