La carrera de fondo –y de obstáculos– de Friedrich Merz a un año de llegar al poder
Ya sabía que no iba a ser fácil, pero la travesía por aguas turbulentas en la política internacional con una coalición de gobierno con fisuras no arroja un buen balance en estos primeros doce meses de gobierno para el canciller alemán
Merz visita al Ejército alemán
«Estaba claro que iba a ser complicado», dijo este domingo Friedrich Merz en una entrevista concedida a la televisión pública ARD en la que repasaba su primer año como canciller, que se cumple este miércoles. En otra, con la revista Spiegel, decía que «ningún canciller ha tenido que soportar tanto». Se refería a los insultos en redes sociales, pero bien podría servir también para describir estos doce meses, cargados con una inusual densidad de problemas.
A los previos, como las guerras en Ucrania o en Gaza, se sumó enseguida la disputa arancelaria con Estados Unidos, especialmente preocupante para un país volcado en la exportación como Alemania. Y no fue la única. Los roces en el seno de la OTAN y las tensiones con Estados Unidos, el deterioro de la situación en Oriente Medio, que ha derivado en una guerra abierta y una nueva crisis del petróleo, o la creciente competencia china han torpedeado la travesía de un Gobierno alemán siempre al borde de la crisis interna.
Una coalición de gobierno con fisuras
La andadura empezó ya con dificultades: la «gran coalición» con los socialdemócratas del SPD no era tan grande esta vez. Un SPD en caída libre en las elecciones regionales que se aferra a sus cuotas de poder en el gobierno federal para tratar, aun a costa de chocar con la CDU de Merz, de impulsar su imagen. El acuerdo de gobierno, además, menos detallado que otras veces, deja zonas grises en cuestiones como la financiación que no han dejado de provocar roces entre los socios de gobierno.
Merz ha intentado reconducir la situación. En abril, convocó para ello una reunión del gabinete en Villa Borsig. Sin duda recuerda la anterior coalición de gobierno, que implosionó tras airear sus desavenencias. Aunque se pusieron de acuerdo en medidas económicas de alivio para los precios del combustible, los roces entre bambalinas se hicieron evidentes. La reunión fue a puerta cerrada, pero ante los rumores de que la discusión se escuchaba desde fuera, el canciller tuvo que aclarar que no le gritó a su vicecanciller, Lars Klingbeil, ministro de Finanzas y líder del SPD.
Un liderazgo discutido
Merz fue el primer canciller que no salía aprobado en la primera votación de investidura en el Bundestag. Y su liderazgo, aunque indiscutido dentro de un partido que le renovó la confianza en su último congreso en febrero, no parece muy firme. Si en junio de 2025 un 39 % de los alemanes estaban satisfechos con el gobierno, el mes pasado eran solo un 21 %, según la demoscópica Dimap. El canciller dice tomarse ese descontento muy en serio y admite que debe tratar de explicarse mejor y «aclarar dónde estamos y adónde queremos llegar».
Si las elecciones se celebraran ahora, según todas las encuestas la CDU/CSU y el SPD ya no tendrían mayoría
En cualquier caso, si las elecciones se celebraran ahora, según todas las encuestas la CDU/CSU y el SPD ya no tendrían mayoría. La pérdida de confianza también afecta personalmente a Merz, hasta ayer el político menos valorado de los 20 que incluye en su escala de popularidad la encuestadora Insa, muy por detrás del mejor puntuado, el ministro de Defensa, Boris Pistorius, o de otros líderes de partido, como Alice Weidel, de AfD, o el propio Markus Söder. Insa actualizó ayer sus datos y Merz subió un puesto, al 19... parece que las dos entrevistas que ha dado han mejorado levemente su valoración entre los encuestados.
El otro socio de gobierno, la CSU, la rama bávara de la CDU, se muestra más optimista. Su líder, Markus Söder, pedía este domingo en el programa Berlin Direkt de la segunda cadena menos declaraciones y más enfocarse en obtener resultados. «Es como en el fútbol, puedes tener momentos bajos, pero el factor decisivo es que luego consigas una victoria en el tiempo de descuento... y aún nos queda mucho por hacer», dijo. «Sólo tenemos que asegurarnos de conseguir resultados», insistió.
Un «otoño de reformas» que no llega
El gobierno de Merz empezó fuerte. Una de sus primeras medidas fue la imponer controles fronterizos más estrictos para frenar la inmigración irregular. Y también, de paso, intentar frenar el ascenso de AfD. En junio presentó unas medidas de alivio fiscal para impulsar un crecimiento económico que no termina de cuajar. Ese impulso inicial luego se fue desinflando.
Soy el primer canciller en 20 años que les dice a los alemanes: nuestra ilusión de prosperidad no va a durar
«Soy el primer canciller en 20 años que les dice a los alemanes: nuestra ilusión de prosperidad no va a durar», declaró Merz a Spiegel en la entrevista citada. El canciller es consciente de las dificultades económicas que atraviesa Alemania, a pesar que de formalmente haya salido de la recesión, y de que siguen siendo necesarias reformas estructurales. El año pasado ya anunció un «otoño de reformas», que nunca llegó a materializarse.
La reforma de las pensiones, la reforma fiscal, la del sistema sanitario... se fueron cayendo de la agenda como las hojas de los árboles. Y las que se llevaron a cabo, como las del servicio militar o de lo que en España llamaríamos la «renta básica», fueron menos ambiciosas de lo que quería Merz. Y eso que, a pesar de proponerse reducir la carga fiscal, el país cuenta, tras eliminar el límite constitucional a la deuda pública, con hasta 500.000 millones de euros para invertir. No sólo en mejorar las infraestructuras, sino también en rearme.
Rearme y disputa con Trump
El enorme plan de inversiones y adquisiciones de la Bundeswehr no responde sólo a una estrategia keynesiana de impulso económico, sino más bien al cambio de actitud estadounidense hacia la OTAN. «Está ese bonito dicho de [el rey de Prusia] Federico II, que una vez dijo que la diplomacia sin armas es cómo la música sin instrumentos», recordó Merz el domingo. «Queremos poder defendernos para no tener que defendernos», resumió.
Merz ha hecho gala de cierta sintonía con el presidente estadounidense Donald Trump. Ya en noviembre de 2020 había dicho que «Trump y yo podríamos llevarnos bien». Desde que asumió el cargo, ha estado tres veces en la Casa Blanca. Sin embargo, la guerra en Irán ha supuesto un punto de inflexión. «Si quería que le ayudásemos en un conflicto así, tenía que habernos preguntado antes», explicó Merz, que dijo en privado a Trump.
Sus críticas posteriores en público (durante una visita a una escuela, de hecho) hacia cómo está Estados Unidos siendo «humillado» en Irán han terminado de apuntillar la relación. Merz desvinculó de estas declaraciones el reciente anuncio de Trump de que retirará parte de las tropas estadounidenses estacionadas en Alemania, pero sí que han provocado críticas directas del estadounidense.
Estilo directo que le trae problemas, dentro y fuera
No es la primera vez que su estilo franco y directo le crea problemas internacionalmente. Al volver de la Cumbre del Clima en Brasil, también criticó a la ciudad de Bélem, elegida precisamente para que se viera cómo se convive con la selva amazónica. Tras destacar que «vivimos en uno de los países más hermosos del mundo», Merz apostilló algo que provocó indignación en los brasileños. «Les pregunté a los periodistas quién querría quedarse ahí a vivir y nadie levantó la mano, todos estaban contentos de volver a Alemania».
Merz sabe que su estilo de comunicación a veces levanta ampollas. «Yo asumo conscientemente un riesgo, pero mucha gente en este país quiere saber qué es lo que piensan sus políticos y yo intento ponerlo en palabras», explica. Al cruce de declaraciones con Trump quizá no haya que darle muchas vueltas, ya que ni el papa León XIV, que por cierto también cumple esta semana un año en el cargo, se ha salvado de las iras dialécticas del presidente estadounidense. Son malos tiempos para hablar de paz, pero qué otra cosa puede pedir el Papa.
Hay quien teme en Alemania que este pueda ser el primer y único aniversario de la coalición de gobierno que mentiene a Merz en la Cancillería. Aunque la situación internacional es compleja y cambiante, su principal problema político está dentro. Y es precisamente en la política internacional donde muestran más sintonía. Como cuando el vicecanciller y líder del SPD defendió la semana pasada a Merz en su disputa verbal con Estados Unidos. «No necesitamos consejos de Trump», dijo Klingbeil.
Así que quizá haya esperanza todavía para este gobierno. Merz dice que sus reformas son una «operación a corazón abierto» a una economía alemana que arrastra problemas «desde hace más de 20 años» que no se pueden «arreglar de la noche a la mañana». «Trabajamos intensamente durante el primer año, pero no estamos donde deberíamos estar», admitió. «Ahora tenemos que dar los siguientes pasos». Parece que tiene claro hacia dónde darlos, queda por ver si le dejarán los mares revueltos por los que se mueve y las grietas en una coalición que, de momento, no hace aguas.