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La dictadura cubana alza el telón de otro circo: firmas a granel –y de papel– de apoyo al régimen

Negarse o aclarar que se había firmado con anterioridad puede interpretarse como desafección al régimen y mejor no buscarse problemas, piensa el cubano de a pie que necesita pasar inadvertido

Una bandera cubana colgada en la fachada de una casa en La HabanaAFP

El régimen en Cuba vuelve a levantar su carpa de circo, en caso de que la hayan desarticulado alguna vez. Así les enseñó Fidel Castro: la verdad es relativa. Algo que aprendió en sus lecturas de juventud con uno de sus libros de cabecera, Mi lucha, de Adolfo Hitler.

En más de 67 años de régimen comunista, los Castro han dejado como muestra práctica la máxima del ideólogo nazi Joseph Goebbels: «una mentira repetida mil veces se convierte en una gran verdad».

Primero fueron las firmas por Mariel

Fidel Castro, en 2003, luego de un juicio sumario, fusiló a tres jóvenes negros por intentar secuestrar una lancha de transporte público de pasajeros, con el afán de llegar a la Florida. La única solución inmediata de la población cubana para huir de la pobreza. No lastimaron a nadie, y una vez que se quedaron varados sin combustible, fueron jalados hasta el puerto de Mariel, donde se les prometió su liberación a cambio de que se entregaran.

Castro necesitaba y quería un escarmiento para ellos. La ejecución respondió así a un capricho y a astucia criminal. Luego, para ocultar el crimen ante la enervada opinión crítica internacional, decidió recoger firmas para demostrar que el pueblo apoyaba el asesinato.

Intelectuales de renombre acudieron al llamado. Una gran parte firmó por presión, miedo u oportunismo. Todos quedaron manchados de sangre. Abel Prieto, ministro de Cultura en aquel entonces, y parte de la cochambre oficialista, se dedicó a propagar que había que hacerlo porque «era la única manera de evitar una invasión de los Estados Unidos».

Las consecuencias por no firmar

Desde la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac) me llamaron en varias ocasiones para sumar mi rúbrica al documento. Siempre dejé mi negativa. En el último intento, horas antes de que cerraran la convocatoria, me hicieron saber que la oportunidad estaba por terminar.

No me importó el costo que podría pagar por abstenerme (que luego se hizo efectivo). Pregunté si al lado del libro había otro para los que no estaban de acuerdo. Hubo silencio por respuesta, como si mi interlocutor no entendiera, o no quisiera entender.

Todos los cubanos conocemos, de sobra, las mañas del régimen para manipular, pero, sobre todo, para aterrar a la población y obligarla a aceptar algo con lo que no está de acuerdo. Todos conocemos también que, de alguna manera, nos la cobran.

6 millones de firmas «por la patria» representarían más del 60 por ciento de la población

Luego de la estampida migratoria de los últimos años, donde la población ha mermado considerablemente, el régimen asegura que ha recogido más de 6 millones de firmas «por la patria», lo que representaría más del 60 por ciento de la población.

En algunas provincias obligaron a firmar a la misma persona en todos los libros que le pusieran delante. El mismo cubano firmaba en su barrio y también en el centro de estudio o de trabajo. Si milita en alguna organización partidista, su firma consta en los registros de esa organización, por ejemplo, los Comités de Base por la Juventud Comunista (UJC), el Partido Comunista (PCC), la Asociación de Combatientes (ACC), las asociaciones deportivas como la pesca o radioaficionados. Y para ello, fueron puerta por puerta de cada vivienda, con actitud amenazante, y por cada puesto laboral o de estudio.

Negarse o aclarar que se había firmado con anterioridad podía verse como desafecto al régimen y, mejor no buscarse problemas, piensa el cubano de a pie que necesita pasar inadvertido. En la actualidad, el que no dé muestras de arrodillamiento comenzará a ser vigilado y causará baja en sus centros laborales o de estudio. El terror puede alcanzar a terceros, por ser miembros de la familia.

Una persona firmaba dos o tres veces como mínimo. Otras hasta cinco veces o más

En resumen, en su mayoría, una persona firmó dos o tres veces como mínimo. Otras hasta cinco veces o más. Solo los que llevaban los libros tenían que informar al Puesto de Mando del número de firmantes. De este modo, se consuma otro de los grandes fraudes a los que estamos acostumbrados.

La verdad es la desesperación de los cubanos. La ansiedad por que algún portaaviones se acerque a las costas de la Isla y obligue al régimen a huir. Se está pendiente de que los Estados Unidos terminen en Irán y Donald Trump cumpla su promesa de ayudarnos a liberarnos.

La población del archipiélago sabe que no hay solución posible mientras se mantengan los Castro en el poder. Son conscientes de que serán capaces de cometer tantas masacres como les sea posible, cada vez que vean su poder en juego.

La única tabla de salvación posible para los cubanos, y así lo expresan, es la presión al régimen o la intervención norteamericana. No hay otra.