Soldados israelíes tras ponerse a cubierto cerca de la frontera entre Israel y Líbano después de un ataque con drones de Hezbolá
Los drones nacidos en la invasión rusa de Ucrania que desafían las defensas de Israel
En la frontera norte de Israel, una nueva categoría de drones está alterando el equilibrio táctico del conflicto con Hezbolá. Se trata de sistemas guiados por fibra óptica, desarrollados y perfeccionados durante la invasión rusa de Ucrania, que están obligando al Ejército israelí a ajustar parte de sus capacidades de defensa y guerra electrónica. Esta nueva amenaza aérea es barata, difícil de detectar y capaz de eludir buena parte de las interferencias utilizadas hasta ahora en el campo de batalla.
La dinámica se viene intensificando en el último tiempo gracias a la fácil disposición de componentes civiles que requieren estos aparatos no tripulados, que han provocado ya cerca de media docena de bajas israelíes, entre soldados y contratistas civiles en la región fronteriza.
Hasta ahora, Israel había conseguido, gracias al sistema antimisiles de la Cúpula de Hierro, interceptar a buena parte de los drones armados que la milicia chií libanesa había lanzado contra su territorio desde octubre de 2023. Pero a ambos lados de la divisoria, donde actualmente opera, se cierne una amenaza diferente.
Y es que estos drones no siguen trayectorias balísticas ni dependen de señales de radio convencionales, lo que complica su detección y neutralización con los sistemas tradicionales de defensa aérea.
Una tecnología que esquiva la guerra electrónica
«Cualquier Ejército capaz puede crear un sistema de interferencia para bloquear las ondas de radio», explicó esta semana el analista especializado en aviación militar y sistemas aerotransportados Yissachar Ruas durante una conferencia informativa organizada por el Jerusalem Press Club. Exmiembro de unidades de investigación y desarrollo operativo del Ejército israelí y colaborador habitual de publicaciones militares internacionales, Ruas ha trabajado durante años en el análisis de sistemas aéreos en distintos escenarios de conflicto.
El experto advirtió de que, en lo que a medios de combate se refiere, «la fibra óptica cambia completamente el problema». «Lo que vimos evolucionar primero en Ucrania y Rusia es el uso de drones de fibra óptica. Básicamente están conectados mediante un cable directo entre el operador y el dron. Así es como logran evitar esas interferencias», añadió.
A diferencia de los drones convencionales, que dependen de señales de radio susceptibles de ser bloqueadas mediante guerra electrónica, estos sistemas permanecen físicamente conectados a su operador a través de un cable extremadamente fino, similar a un hilo de pesca. Esa conexión elimina la dependencia de emisiones de radio y reduce de forma significativa su vulnerabilidad a los sistemas de interferencia.
Ucrania como laboratorio de la guerra de drones
La tecnología no es nueva en su concepto, pero sí en su uso masivo en combate. De hecho, su empleo podría haber encarecido precisamente el precio de la fibra óptica en los mercados internacionales. Rusia y Ucrania han convertido los drones FPV –pilotados mediante cámaras en tiempo real– en un elemento central del campo de batalla, incluyendo diferentes versiones conectadas por fibra óptica, a fin de evitar la saturación de la guerra electrónica.
«Los drones son muy baratos, muy capaces y muy precisos. Algunos son incluso más baratos que el armamento convencional», señaló Ruas, antes de destacar que también son fáciles de manipular.
Según el experto, muchos de estos sistemas utilizan componentes comerciales disponibles en el mercado civil y pueden ser adaptados con relativa facilidad. «Si sabes de electrónica y cómo conectar el sistema de comunicación, puedes transformar un dron operado por radio en uno de fibra óptica», explicó.
Recientemente, las fuerzas israelíes han localizado en el sur del Líbano depósitos –o «zulos» de armamento– donde se almacenaban varios de estos drones junto con equipamiento destinado a su lanzamiento y manipulación en vuelo. El hallazgo sugiere una infraestructura de uso organizado en la zona, aunque aún no está claro el patrón operativo de estos sistemas.
Ruas plantea la incógnita sobre si los ataques se ejecutan en salvas coordinadas o responden a otro tipo de lógica táctica, un aspecto que sigue sin respuesta en el terreno, pero que es tenido en cuenta por la inteligencia.
El reto no es interceptar, sino detectar
El principal desafío para Israel no se limita a la intercepción, sino a la detección temprana. Los drones suelen operar a baja altitud, en trayectorias cortas y aprovechando el relieve del terreno, lo que reduce el margen de reacción de los sistemas de alerta.
«El mayor problema es la detección. ¿Cómo vas a detectar algo que es tan pequeño?», resaltó el especialista, para quien, en ese entorno, los sistemas se enfrentan además a un alto nivel de interferencias y falsas alarmas, lo que complica distinguir entre amenazas reales y señales irrelevantes.
Por otra parte, apuntó que la percepción pública del fenómeno es incompleta, puesto que se tiene constancia de aquellos drones que caen y provocan daños: «Solo estamos viendo los impactos», explicó. «No sabemos cuántos drones lanzan por cada ataque exitoso ni cuántos se pierden en el camino o se quedan atrapados antes de llegar al objetivo».
Un alcance que cambia el mapa táctico
A la dificultad de detección se suma su alcance operativo. En el ecosistema de estos sistemas, especialmente a partir de su desarrollo en el frente ucraniano, algunas configuraciones de drones guiados por fibra óptica pueden alcanzar distancias estimadas de entre 30 y 60 kilómetros, en función del peso de la carga útil y del carrete de fibra utilizado.
Ese margen resulta especialmente relevante en el norte de Israel y el sur del Líbano, donde la distancia entre la frontera y los objetivos militares o civiles es reducida. Esto permite que este tipo de sistemas penetren en profundidad sin necesidad de exponerse durante largos trayectos a los sistemas de defensa aérea o a la guerra electrónica.
En comparación, el frente ucraniano presenta líneas de contacto más amplias y fragmentadas, lo que ofrece mayores oportunidades para desplegar sistemas de detección, pero, sobre todo, más tiempo de reacción ante posibles incursiones aéreas de este tipo.
Una amenaza barata frente a sistemas de alta tecnología
El debate sobre esta nueva amenaza se ha intensificado en los últimos meses. El diario The Jerusalem Post ha advertido recientemente sobre la creciente transferencia de tácticas desde la invasión de Ucrania hacia Oriente Medio y el impacto que esto tiene en la arquitectura de defensa israelí.
El medio destaca que Hezbolá inició la guerra en 2023 con drones de ataque unidireccional de origen iraní, diseñados para impactar directamente contra el objetivo y relativamente vulnerables a sistemas como la Cúpula de Hierro. Pero, desde entonces, ha incorporado modelos más avanzados, incluidos drones capaces de maniobrar y versiones guiadas por fibra óptica, que pueden operar a corta distancia con carga explosiva y son mucho más difíciles de interferir al estar conectados físicamente al operador.
Por su parte, el analista Seth J. Frantzman, del centro de estudios Foundation for Defense of Democracies (FDD), un think tank con sede en Washington especializado en seguridad nacional, política exterior y amenazas terroristas, ha señalado en varios análisis que estos sistemas representan un desafío estructural para las defensas electrónicas tradicionales.
Su valoración es que estos drones erosionan parte de la ventaja tecnológica israelí al operar fuera del alcance de los sistemas de interferencia antiaérea, que durante años han sido una de sus principales fortalezas.
Aunque cortar el cable de fibra óptica inutiliza el dron –provocando su caída inmediata–, las soluciones defensivas siguen siendo limitadas. En otros escenarios como Ucrania se han probado redes, escopetas, sensores acústicos y sistemas de interceptación con otros drones, sin resultados concluyentes.
«Ni siquiera en Ucrania existe una solución al cien por cien», afirmó Ruas. «Lo que realmente te protege es una combinación de distintos sistemas».
La diferencia, según el experto, es estructural. En Ucrania las líneas del frente están mucho más separadas, lo que permite desplegar sistemas de alerta temprana con mayor margen de reacción. En la frontera entre Israel y el Líbano, en cambio, las distancias son reducidas y el tiempo de respuesta prácticamente desaparece.