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Vehículos pasan junto a una valla propagandística en la plaza Vanak de Teherán

Vehículos pasan junto a una valla propagandística en la plaza Vanak de TeheránAFP

Israel planea un ataque fulminante contra Irán en solitario

Crece la sensación de que, aún si Washington logra un entendimiento parcial con Teherán, la cuestión nuclear está lejos de resolverse

Si el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, firma un acuerdo que Israel considere insuficiente para impedir que Irán llegue al umbral nuclear, existe consenso –tanto del Gobierno como de la oposición y la cúpula militar– de que debe realizarse un ataque independiente. La idea no es nueva. Israel lleva quince años preparando una operación contra instalaciones nucleares iraníes. En los últimos meses, la planificación se ha acelerado debido a la percepción de que el tiempo estratégico disminuye.

Según fuentes citadas por el portado de noticias Axios, responsables israelíes ven una «ventana operativa» que podría cerrarse, especialmente si Irán logra reparar sus instalaciones subterráneas o dispersar uranio enriquecido en ubicaciones secretas. Si bien los precisos ataques coordinados con Estados Unidos trastocaron todos los planes iraníes, esto puede no ser permanente. El Ejército israelí ha intensificado sus entrenamientos, simulacros y prácticas aéreas para poder actuar solo y de inmediato si lo decide. El punto clave es ver si Washington logra extraer todo el uranio enriquecido, unos 440 kilos.

El desafío es geográfico y técnico. La República Islámica está a 1.500 kilómetros y sus principales –aunque muy dañados– centros nucleares están enterrados bajo roca y hormigón. Israel, sin apoyo directo estadounidense, tendría que ejecutar una operación muy compleja basada en varias «capas» simultáneas: ataques aéreos precisos, guerra electrónica, sabotaje interno, ciberataques y eliminar defensas. Los expertos sostienen que una campaña sólo aérea podría retrasar aún más años el programa nuclear, pero Israel busca una destrucción definitiva. Existe además indignación con Europa, a quien se ve como un potencial blanco de los ayatolás, pero que se comporta con una «vergonzosa cobardía».

La Fuerza Aérea israelí considera claves sus F-35 Adir, capaces de penetrar defensas iraníes, junto con los F-15 adaptados para transportar bombas pesadas. Jerusalén también ha invertido en aviones cisterna para reabastecer cazas en vuelo durante una misión larga. El esquema que manejan los expertos militares incluye varias oleadas: primero, neutralizar radares y sistemas S-300 y Bavar-373; luego, destruir accesos, ventilaciones y centros de energía de los complejos nucleares; y, finalmente, destruir la estructura misilística y los centros de mando. En los últimos meses, los israelíes han adquirido una valiosa experiencia en estos campos, dominando los cielos plenamente. Si bien dudan del acuerdo al que pueda llegar Trump, ningún presidente como él abasteció los arsenales de Israel.

Mientras, crece la sensación de que, aún si Washington logra un entendimiento parcial con Teherán, la cuestión nuclear está lejos de resolverse. En los círculos políticos, militares y medios israelíes se repite una idea: todo acuerdo que permita a Irán conservar capacidad de enriquecimiento, infraestructura subterránea o dé margen para reconstruir su programa será con el tiempo una amenaza estratégica existencial. Medios como Axios, The Wall Street Journal, The Jerusalem Post y Le Figaro describen un escenario en el que Israel mantiene planes operativos completos y una preparación constante para golpear instalaciones iraníes si considera que la diplomacia no elimina el peligro.

Quebrar toda posibilidad de rearme

Otra posibilidad abordada en medios de Inteligencia es que Israel no busque únicamente bombardear, sino también capturar o inutilizar el uranio enriquecido mediante comandos especiales. Se ha revelado que Estados Unidos e Israel han analizado el despliegue de tropas de élite sobre el terreno para extraer material nuclear o sellar instalaciones. Aunque esta acción sería muy arriesgada, los estrategas consideran que eliminar definitivamente las reservas de uranio es lo principal.

El Mosad tiene una ventaja dentro de Irán, gracias a décadas de infiltración. El historial incluye asesinatos de científicos nucleares, sabotajes industriales, explosiones y robo de archivos secretos. Muchos exresponsables de seguridad afirman que una campaña combinaría ataques militares con acciones clandestinas previas, destinadas a desorganizar la cadena de mando iraní, ya bastante caótica tras la eliminación de toda su cúpula anterior. Se contempla incluso una «nueva decapitación» de jefes militares para complicar una respuesta coordinada.

La principal preocupación israelí no es sólo una bomba nuclear, sino la combinación entre capacidad nuclear y arsenal balístico. Fuentes de defensa aseguraron que consideran los misiles una amenaza y que podrían actuar si Irán cruza ciertas líneas rojas. Teherán podría responder con misiles sobre ciudades –pese al sistema de intercepción hebreo– movilizar terroristas y atacar la navegación internacional en el Golfo.

Aun así, en el pensamiento estratégico israelí domina otra lógica: permitir que Irán alcance capacidad nuclear militar sería un riesgo mayor que una guerra regional limitada. Incluso cuando Washington privilegia la negociación, dirigentes israelíes insisten en conservar su libertad de acción. Jerusalén tiene la sensación de que el país debe prepararse para actuar sólo si considera insuficiente un futuro acuerdo. El verdadero objetivo no sería únicamente destruir centrifugadoras, sino quebrar la capacidad iraní de reconstrucción.

En Israel consideran que el contexto regional es hoy más favorable que hace una década. Los Acuerdos de Abraham modificaron el mapa estratégico y, aunque muchos gobiernos árabes evitarían respaldar públicamente un ataque, en varios países suníes existe un gran temor al expansionismo chií. Esa convergencia táctica, aunque discreta, implica intercambios de Inteligencia, vigilancia regional y coordinación.

El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, sigue siendo identificado como el dirigente más obsesionado con la amenaza iraní. Incluso medios críticos reconocen que convirtió el programa nuclear de Teherán en el eje central de su carrera internacional. Para muchos sectores proisraelíes, esa insistencia terminó siendo validada por los avances nucleares iraníes y la expansión agresiva del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria. Naftali Bennett –principal líder opositor– sostiene que Israel debe actuar de forma ofensiva y permanente contra el eje iraní, evitando una política solo defensiva. Insiste en que el error histórico sería permitir que Teherán alcance capacidad nuclear militar bajo protección diplomática.

El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, por su parte, mantiene una línea dura respecto a Irán. Insiste en que su programa de misiles balísticos y la red terrorista regional iraní representan amenazas inaceptables para todos. En medios estadounidenses cercanos a sectores proisraelíes se considera insuficiente cualquier acuerdo que no desmantele toda la capacidad ofensiva islámica. En definitiva, no existe una solución aceptable para todos.

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