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Raúl Castro cumple 95 años mientras la «revolución» se desintegra por la presión de Trump y Marco Rubio

El anciano dictador está más cerca del arpa que de la guitarra, pero aun así dicen que manda y que sus deseos son órdenes para Miguel Díaz-Canel. Mientras, el clan familiar que forman El Tuerto, El Cangrejo y La Lechuza, hacen méritos para sucederle

Cuba's former President Raul Castro holds a Cuban national flag as he attends a May Day rally marking International Workers’ Day in Havana on May 1, 2026. (Photo by YAMIL LAGE / AFP)

Raúl Castro sostiene una banderita de Cuba el 1 de mayoAFP

Una vez al año –o un mes sí y otro también– le dan por muerto. El 1 de mayo, día del trabajador y fiesta nacional, volvió a demostrar que está vivo, pero apenas es un cuerpo que camina, poco y con dificultad. Raúl Castro «desfiló» (parado) unos minutos en La Habana con su uniforme verde oliva (o viceversa). Su aspecto era más cercano al de un zombi medio momificado que al del dictador sin escrúpulos que fue tras tomar el testigo de su hermano Fidel al frente de lo que queda de esa estafa llamada «revolución socialista».

Basta decir «Raúl» para que Cuba entienda que es él de quien se habla y hoy su nombre se repetirá hasta el cansancio. Cumple 95 años y lo que le rodea es miseria, hambre, enfermedades, frustración y el fundido en negro que provoca la escasez de energía.

A Cuba ya no llega el petróleo de Venezuela y Donald Trump únicamente permitió hace un mes que atracara un petrolero ruso. Fue un gesto en medio del caos y la depresión más absoluta que atraviesa la isla soñada y arruinada del Caribe.

A los 95 «Raúl» está más cerca del arpa que de la guitarra, pero aún así dicen que manda y que sus deseos son órdenes para Miguel Díaz-Canel. Sus intérpretes llevan su mismo apellido, son sangre de su sangre o eso dicen. Alejandro Castro Espín, alias El Tuerto, es su hijo; Raúl Rodríguez Castro, más conocido como El Cangrejo, es nieto y guardaespaldas y Óscar Pérez-Oliva Fraga, apodado La Lechuza, sobrino nieto.

A esos Castro se les atribuye estar, de forma directa o indirecta, en las negociaciones con Washington para que Cuba salga del pozo donde le metió el régimen desde 1959 y comience la transición a la democracia con la que sueña el pueblo, el exilio y Marco Rubio.

Al secretario de Estado le tienen miedo los Castro. La saga ha intentado darle esquinazo en este camino tortuoso para la cúpula y feliz para los cubanos que ansían la libertad. Creen y es posible que no se equivoquen, que Rubio es un hueso demasiado duro hasta para ellos, un cubano de origen que conoce su idioma, sus mañas, los atajos y está dispuesto a terminar definitivamente con la dictadura.

Declarar a «Raúl» terrorista por «bajar» en 1996 dos avionetas de Hermanos al Rescate (Red Avispa) forma parte del golpe definitivo al régimen sobre el que abominan la mayoría de los pocos intelectuales que quedan con vida y con principios en la isla. Hasta han difundido (lo de publicar es otra historia) un manifiesto pidiendo que entren los marines, que pongan fin a esta agonía de casi 70 años.

Liberar a Cuba sería liberar a «Raúl» de sus propias cadenas y de paso darle pista a Donald Trump para alzar el vuelo electoral en las elecciones legislativas de noviembre y recuperar esos votos republicanos desencantados por tanta guerra en Oriente Medio.

Queda poco del «Raúl» que a los 22 años se unió a su hermano Fidel para asaltar el Cuartel Moncada en 1953. Aquel muchacho de 22 años cumplió una pena de dos años en prisión por tratar de derrocar a Fulgencio Batista, cuando el champán bañaba las copas de los turistas vestidos de etiqueta en los hoteles y la ruleta del casino de La Habana hacía más ricos a los que ya lo eran.

Tras cumplir su condena «Raúl» salió disparado a México. Permaneció allí un año y regresó, otra vez a la sombra de Fidel, a bordo del Granma, el yate que dio nombre al boletín oficial del Estado comunista, a lo que llaman el diario del pueblo, al órgano oficial del Comité Central del Partido Comunista de Cuba.

Su hermano mayor le premió con el Ministerio de Defensa. Medio siglo estuvo «Raúl» al mando (1958-2008). Ordenó fusilar a cientos de miembros del régimen de Batista, ese presidente democrático (1940-44) que se hizo dictador (1952-59) y terminó sus días en Marbella donde murió en agosto de 1973.

Frente al enemigo no debemos dar la impresión de tener un alma caritativaRaúl Castro

En el camino «Raúl» ejecutó en el paredón a todos aquellos que veía como amenaza y tras la retirada del poder y de la vida de Fidel (2016), durante su «gestión» la organización Archivo Cuba documentó más de 1.002 muertes y desapariciones forzadas. «Raúl», el que hoy cumple 95 años, lo justificaba en una entrevista con El Sol de México, en 1993, con una frase «Frente al enemigo no debemos dar la impresión de tener un alma caritativa».

Barbilampiño, la china, como se refieren a él por su cutis casi femenino, fue el cerebro de importantes (pocas buenas) decisiones. En plena Guerra Fría logró que Cuba se subiera a lomos de la Unión Soviética y se inventó Gaesa, el emporio castrense creado para el latrocinio de los militares que todavía hoy controla el 70 % de la ahora casi inexistente economía de la isla.

En 2021 Raúl Modesto Castro Ruz le entregó el testigo del poder del Partido Comunista y de la isla a Miguel Díaz-Canel. Hoy los dos empiezan a asumir que son poco más que nada, pero pueden celebrar que todavía están vivos y uno, cumple 95 años.

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