El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en el National Mall de Washington, D.C.
Crisis en Washington: Trump se encara con varios senadores republicanos por la ley electoral y la guerra en Irán
Trump eleva la tensión dentro del Partido Republicano al exigir que su reforma electoral sea la prioridad absoluta del Congreso
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se ha enfrentado este miércoles durante un almuerzo en el Capitolio a varios senadores republicanos en una reunión marcada por la tensión, las acusaciones cruzadas y el choque de prioridades dentro del propio Partido Republicano. «Me caen bien [los senadores republicanos], aunque no todos, ya saben ellos los que son», ha explicado Trump este miércoles desde el Capitolio.
El desencadenante del enfrentamiento ha sido la combinación de dos frentes especialmente importantes para el Partido Republicano: la reforma electoral impulsada por Trump y la política exterior de Estados Unidos en relación con la guerra de Washington e Israel contra la dictadura de los ayatolás de Irán. Así las cosas, Trump ha reiterado su negativa a firmar el proyecto de ley de vivienda, denominado 21st Century ROAD to Housing Act, hasta que los republicanos aprueben su reforma electoral.
Esta norma incluye más de 50 disposiciones destinadas a facilitar la construcción de vivienda y hacerla más asequible, entre ellas la agilización de revisiones ambientales federales, la eliminación de restricciones a la vivienda prefabricada y la vinculación de la financiación federal de las ciudades a su producción de vivienda. Se trata de una pieza clave para que los republicanos puedan mostrar unidad frente a los demócratas de cara a las elecciones de mitad de mandato.
Con todo, el presidente de Estados Unidos ha vuelto a situar su propuesta de endurecer las normas de voto –el denominado SAVE America Act– en el centro de su agenda, condicionando cualquier avance legislativo a su aprobación. Según ha reiterado, no dará luz verde a ninguna ley aprobada en el Congreso hasta que se adopte su reforma electoral.
Los republicanos sostienen, sin embargo, que la propuesta no cuenta con los apoyos suficientes en la Cámara Alta y que es demasiado restrictiva para prosperar. Aun así, el plan de Trump incluye medidas similares a las de otros sistemas internacionales: presentar una identificación válida para registrarse en elecciones federales, acreditar la ciudadanía estadounidense como requisito obligatorio de registro electoral o limitar el voto por correo, permitido solo en casos de enfermedad, discapacidad, servicio militar o viajes.
División dentro del Partido Republicano
Los republicanos intentan mantener la unidad de cara a unas elecciones de noviembre de mitad de legislatura, marcadas por la preocupación económica y el impacto del conflicto en Irán. En noviembre, se renuevan un tercio del Senado y la Cámara de Representantes al completo. Sin embargo, la última decisión de Trump ha reavivado las divisiones internas y ha puesto de relieve las dificultades del partido para coordinar una estrategia común en el Congreso.
El mandatario quiso mostrar su descontento con los republicanos. Por ello, canceló este miércoles por la mañana sus planes de firmar la ley de vivienda, afirmando que se negaría a tomar medidas al respecto hasta que el Congreso aprobara el proyecto de ley, anteriormente citado, destinado a imponer nuevas normas para los ciudadanos de EE.UU. de ejercer su derecho al voto. En cambio, el proyecto de ley entrará en vigor. Según la Constitución, un proyecto de ley aprobado por el Congreso se convierte en ley en un plazo aproximado de dos semanas si el presidente no lo firma ni lo veta. El Congreso, controlado por el Partido Republicano, también podría retrasar indefinidamente el envío del proyecto a la Casa Blanca.
Sin embargo, los republicanos sí necesitan mostrar unidad frente al bloque demócrata de cara a las elecciones de mitad de legislatura de noviembre.
Fricción por la política exterior
El enfrentamiento se ha desatado durante un encuentro a puerta cerrada en el Capitolio, donde varios senadores republicanos han cuestionado la estrategia de Trump. Algunos de ellos han advertido de que la iniciativa electoral no tiene recorrido en el Senado, donde necesitaría una mayoría de 60 votos, y no cuenta con apoyo demócrata suficiente para salir adelante.
En ese contexto, el enfrentamiento se ha endurecido especialmente debido a la política exterior. Trump ha protagonizado un coche verbal con el senador de Luisiana Bill Cassidy. Ambos han discutido con dureza sobre la gestión de la guerra de Estados Unidos e Israel contra la dictadura de los ayatolás de Irán y el papel de Washington en el conflicto. El intercambio reflejó la creciente división interna entre el ala más alineada con la agenda del presidente y los sectores más pragmáticos del partido.
El malestar también se ha extendido a otros senadores republicanos, como Lisa Murkowski, de Alaska, y Rand Paul, Kentucky, que recientemente apoyaron una resolución no vinculante para limitar los poderes de guerra del presidente.
El líder de la mayoría en el Senado, John Thune, de Dakota del Sur, ha intentado rebajar la tensión, aunque ha reconocido que el plan de reforma electoral impulsado por Trump no cuenta con los apoyos necesarios para prosperar. Otros senadores, como Thom Tillis, han criticado abiertamente la estrategia de bloquear otras leyes –como la de vivienda– en favor de una reforma electoral sin futuro legislativo inmediato, advirtiendo del riesgo político de dar prioridad a batallas imposibles.