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Lidia Fernández
CrónicaLidia FernándezVarsovia

Zelenski devuelve la mayor condecoración de Polonia y se ausenta de la Conferencia para la Recuperación de Ucrania

La Conferencia moviliza más de 10.000 millones de euros en acuerdos y reafirma el respaldo de Bruselas, mientras Varsovia y Kiev atraviesan una crisis diplomática gran alcance

Act. 27 jun. 2026 - 16:05

Conferencia Reconstrucción Ucrania_2026

Imagen subida a X por Donald Tusk de la Conferencia de Reconstrucción de Ucrania a la que no asistió ZelenskiRR SS

Gdansk ha vuelto a convertirse esta semana en un símbolo europeo. La ciudad donde nació Solidaridad y donde comenzó el derrumbe del bloque soviético ha acogido estos días de junio la quinta edición de la Ukraine Recovery Conference (URC), la gran cita anual organizada para coordinar la reconstrucción económica de Ucrania mientras la guerra provocada por la invasión rusa continúa sin una perspectiva cercana de conclusión.

Sin embargo, la conferencia no ha estado marcada únicamente por los anuncios financieros. El encuentro también refleja el deterioro de las relaciones entre Polonia y Ucrania, dos países cuya cooperación ha sido considerada uno de los pilares de la respuesta europea desde febrero de 2022.

El contraste ha sido evidente desde el inicio. Mientras Bruselas, gobiernos europeos, instituciones financieras y empresas insistían en acelerar las inversiones para preparar la futura reconstrucción del país, el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, ha decidido no acudir al encuentro. En su lugar encabezó la delegación la primera ministra, Yulia Svyrydenko.

La conferencia de Gdansk no nació como un foro de paz, sino como un mecanismo para preparar la recuperación económica de Ucrania incluso antes de que termine el conflicto.

Las conferencias de recuperación comenzaron en Lugano en 2022 y desde entonces se celebran anualmente con el objetivo de coordinar la financiación internacional, implicar al sector privado y acompañar el proceso de integración europea de Ucrania.

por primera vez la seguridad y la defensa pasaron a formar parte de los ejes oficiales del encuentro.

Esta edición polaca ha incorporado una novedad: por primera vez la seguridad y la defensa pasaron a formar parte de los ejes oficiales del encuentro. Los organizadores han defendido que resulta imposible hablar de reconstrucción si las infraestructuras, las ciudades y el tejido productivo continúan expuestos a ataques rusos.

El programa se ha estructurado alrededor de cinco grandes áreas: inversión empresarial, dimensión humana, desarrollo local, integración en la Unión Europea y seguridad y defensa. A ello se añadieron plataformas específicas dedicadas a energía, transporte, logística e infraestructuras críticas.

La Comisión Europea ha respaldado expresamente esa ampliación del enfoque, argumentando que la capacidad defensiva ucraniana constituye un elemento inseparable de cualquier estrategia de recuperación a largo plazo.

La ausencia de Zelenski

La Conferencia ha reunido a representantes de gobiernos europeos, instituciones financieras internacionales, bancos multilaterales de desarrollo, empresas privadas y organizaciones internacionales. Entre los principales dirigentes políticos han participado la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen; el primer ministro polaco, Donald Tusk; el canciller alemán, Friedrich Merz; además de numerosos ministros europeos y responsables del Banco Europeo de Inversiones, el Banco Europeo para la Reconstrucción y el Desarrollo y el Banco Mundial.

La representación ucraniana recayó en la primera ministra Yulia Svyrydenko, una de las figuras económicas más relevantes del Gobierno de Kiev y responsable de coordinar buena parte de la estrategia de recuperación. La decisión de Zelenski de no asistir ha sido interpretada como una consecuencia directa del enfriamiento de las relaciones entre Varsovia y Kiev. Durante los últimos meses ambos países han protagonizado su mayor crisis diplomática desde el comienzo de la invasión rusa.

El detonante del distanciamiento

El detonante fue la decisión del Gobierno ucraniano de otorgar a la UPA (el Ejército Insurgente Ucraniano) la conmemoración de héroes. Para una parte importante de la sociedad ucraniana la UPA simboliza la resistencia nacional frente a la ocupación soviética. En Polonia, sin embargo, permanece asociada a las matanzas de Volinia y Galicia Oriental, donde entre 1943 y 1945 fueron asesinados decenas de miles de civiles polacos. El Parlamento polaco considera aquellos hechos un genocidio.

La controversia reabrió una herida histórica que llevaba años condicionando las relaciones bilaterales, aunque nunca había adquirido tanta intensidad desde el inicio de la guerra.

Donald Tusk ha evitado alimentar públicamente la polémica durante la Conferencia y ha apostado por rebajar la tensión. En la inauguración sostuvo que Polonia seguirá apoyando la recuperación de Ucrania y defendió que la reconstrucción puede convertirse en una oportunidad económica para ambos países. Al mismo tiempo insistió en que la reconciliación histórica constituye una condición necesaria para construir una relación duradera entre los dos vecinos.

La Orden del Águila Blanca

El episodio que ha terminado de deteriorar las relaciones sucedía pocos días antes de la Conferencia cuando el presidente polaco Karol Nawrocki anunciaba la retirada de la Orden del Águila Blanca concedida a Volodímir Zelenski en 2023, la mayor condecoración del país, en un hecho que no se había visto en la historia reciente de Polonia.

La Presidencia justificó la decisión como respuesta a la política memorial impulsada por Kiev respecto a la UPA y a la reivindicación pública de organizaciones vinculadas a los responsables de las matanzas de Volinia. Desde Ucrania la medida fue recibida con dureza y contribuyó a aumentar la tensión diplomática entre ambos gobiernos. No obstante, ni Varsovia ni Kiev permitieron que el enfrentamiento bloqueara la celebración de la Conferencia de recuperación.

Bruselas acelera el apoyo financiero

Pese al ruido político, la principal noticia económica del encuentro llegó desde la Comisión Europea. Ursula von der Leyen anunció el desembolso del primer tramo, de 3.200 millones de euros, correspondiente al nuevo mecanismo europeo de financiación para Ucrania, integrado en un paquete global de 90.000 millones de euros para los próximos dos años.

La presidenta de la Comisión defendió que invertir en Ucrania significa invertir también en la seguridad y el futuro económico del continente. Según explicó, la recuperación ucraniana no debe entenderse únicamente como un ejercicio de solidaridad, sino también como una inversión estratégica para la estabilidad europea.

La Comisión recordó además que, la Unión Europea continúa siendo el principal apoyo financiero de Ucrania desde el inicio de la invasión rusa y que las ayudas comunitarias superan ampliamente los 200.000 millones de euros entre asistencia militar, económica, presupuestaria y humanitaria.

Por su parte, la primera ministra ucraniana, Yulia Svyrydenko, llegó a Gdansk con un objetivo muy concreto: transformar el respaldo político en contratos. La primera ministra anunció que Ucrania esperaba cerrar más de 160 acuerdos durante la Conferencia por un valor superior a 10.000 millones de euros. Los proyectos abarcan reconstrucción de infraestructuras, modernización energética, industria de defensa, digitalización, desarrollo regional, cooperación empresarial y financiación internacional.

Uno de los acuerdos más relevantes fue la firma con el Banco Mundial de una operación valorada en aproximadamente 3.390 millones de dólares destinada a apoyar el crecimiento económico y la creación de empleo. Paralelamente se han impulsado nuevos mecanismos de garantía pública para reducir el riesgo que asumen las empresas privadas interesadas en invertir en Ucrania mientras continúa la guerra.

La filosofía compartida por gobiernos e instituciones financieras ha sido clara: el volumen de recursos públicos será insuficiente si no consigue atraer capital privado.

La integración europea

Otro de los mensajes centrales del encuentro ha sido la vinculación entre reconstrucción y adhesión a la Unión Europea. La Comisión defendió que buena parte de las reformas económicas exigidas para la recuperación coinciden con las necesarias para avanzar en el proceso de integración europea. En consecuencia, Bruselas planteó que ambos procesos deben desarrollarse de manera simultánea.

Durante las sesiones también se ha insistido en la necesidad de reforzar la independencia judicial, mejorar la seguridad jurídica para los inversores, profundizar en la lucha contra la corrupción y adaptar progresivamente la legislación ucraniana al acervo comunitario.

Reconstrucción de 588.000 millones

Las cifras siguen ilustrando la magnitud del desafío. Las estimaciones internacionales utilizadas durante la Conferencia sitúan el coste de la reconstrucción de Ucrania en torno a los 588.000 millones de dólares durante la próxima década.

La mayor parte de las necesidades se concentran en vivienda, transporte, energía, infraestructuras municipales, industria y recuperación del tejido productivo. La guerra continúa destruyendo activos económicos a un ritmo superior al de las obras de reconstrucción, circunstancia que explica por qué la comunidad internacional insiste en combinar ayuda inmediata con planificación a largo plazo.

La Conferencia concluyó sin grandes anuncios políticos sobre la guerra, porque ese nunca fue su objetivo. Su principal resultado es económico: consolidar nuevos compromisos financieros, ampliar la participación del sector privado y reforzar el vínculo entre reconstrucción e integración europea. Pero el encuentro dejó igualmente otra lectura. Europa mantiene intacto su respaldo institucional a Ucrania, mientras Varsovia y Kiev atraviesan una crisis diplomática que ambos gobiernos intentan contener para evitar que la memoria histórica termine debilitando una alianza considerada esencial frente a Rusia. Gdansk simboliza precisamente esa paradoja.

Mientras miles de millones de euros se comprometían para levantar un país devastado por la guerra, dos de sus aliados más importantes tratan al mismo tiempo de reconstruir una confianza política erosionada por heridas abiertas hace más de 80 años.

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