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Lidia Fernández
CrónicaLidia FernándezVarsovia

Polonia y los descubrimientos constantes de bombas: más de 3.000 personas evacuadas esta semana

El hallazgo de una bomba aérea de aproximadamente 250 kilogramos obliga a activar un amplio dispositivo de seguridad. Las autoridades ordenan la evacuación preventiva de unas 3.000 personas entre residentes y trabajadores en la región de Breslavia.

Dispositivo militar, Hel, Polonia, 2022

Dispositivo militar HelShutterstock.

La ciudad polaca de Breslavia (Wrocław), la tercera ciudad más poblada de Polonia, vivió esta semana una evacuación masiva después de que unos trabajadores localizaran una bomba aérea sin detonar durante unas obras de excavación.

El descubrimiento obligó a activar un amplio dispositivo de seguridad. Las autoridades ordenaron la evacuación preventiva de unas 3.000 personas, entre residentes, trabajadores y usuarios de los edificios situados en las inmediaciones de la calle Trzemeska, situada en el barrio de Szczepin, donde apareció el artefacto explosivo.

Según informó el Ayuntamiento de Breslavia, los trabajadores de unas obras detectaron una bomba aérea de aproximadamente 250 kilogramos y alertaron inmediatamente a los servicios de emergencia, que confirmaron que se trataba de una bomba aérea sin detonar procedente de la Segunda Guerra Mundial. Un tipo de munición que, pese al tiempo transcurrido, puede conservar una elevada capacidad destructiva si no se manipula bajo estrictos protocolos.

Los servicios de emergencia establecieron un perímetro de seguridad de unos 300 metros alrededor del lugar del hallazgo. La Policía, la guardia municipal y los equipos de protección civil acordonaron la zona mientras se desarrollaba la evacuación, que también afectó a dos guarderías próximas. Para atender a los vecinos que no podían regresar de inmediato a sus domicilios, el Ayuntamiento habilitó un espacio de acogida temporal y organizó asistencia para quienes precisaban transporte.

La operación alteró durante varias horas la vida cotidiana en el Oeste de la ciudad. Varias calles permanecieron cerradas al tráfico y el transporte público tuvo que modificar parte de sus recorridos para evitar el área restringida, mientras los artificieros preparaban la intervención.

Solo cuando la evacuación concluyó, los especialistas en desactivación de explosivos accedieron al punto donde permanecía enterrada la bomba. Tras asegurar el artefacto, lo trasladaron en un vehículo militar hasta un campo de maniobras, donde sería neutralizado en condiciones de seguridad. Una vez finalizada la operación, las autoridades levantaron el perímetro de protección y permitieron el regreso gradual de los vecinos a sus viviendas, además de restablecer la circulación en las vías afectadas.

Aunque episodios de esta naturaleza puedan parecer excepcionales, forman parte de una realidad todavía presente en numerosos países europeos. Polonia continúa localizando de forma periódica bombas, proyectiles de artillería y otras municiones sin explotar, especialmente durante obras de construcción o de renovación de infraestructuras.

El caso de Breslavia resulta especialmente significativo por la historia de la ciudad. En 1945, cuando aún era la ciudad alemana de Breslau, fue escenario de uno de los últimos grandes asedios del frente oriental. La intensidad de los combates y los bombardeos provocó una destrucción masiva, dejando enterrados miles de restos de guerra que, décadas después, siguen apareciendo bajo calles y edificios levantados durante la reconstrucción de la posguerra.

Cada nuevo hallazgo obliga a reproducir un protocolo ya conocido por las autoridades polacas: aislar la zona, evacuar a la población y dejar la intervención exclusivamente en manos de unidades militares especializadas. El paso del tiempo no elimina el riesgo. La corrosión puede alterar el estado exterior de estos explosivos, pero no garantiza que hayan perdido su capacidad de detonación, motivo por el que cualquier manipulación exige la máxima cautela.

Tan pronto como se confirmó la naturaleza del hallazgo, el Ayuntamiento de Breslavia, activó un dispositivo de emergencia destinado a garantizar que la operación pudiera desarrollarse sin poner en peligro a la población.

Las autoridades municipales insistieron desde el primer momento en que se trataba de una actuación estrictamente preventiva. La evacuación no respondía a un riesgo inminente de explosión espontánea, sino a la necesidad de crear las condiciones de seguridad indispensables para que los especialistas pudieran intervenir.

Solo cuando todos los edificios incluidos en el perímetro quedaron desalojados comenzaron los trabajos de los zapadores.

La retirada de una bomba aérea enterrada desde hace más de 80 años constituye una operación técnicamente compleja. Antes de mover el artefacto, los especialistas deben comprobar su estado de conservación, analizar el sistema de espoleta y valorar si puede transportarse con seguridad o si resulta imprescindible destruirlo en el mismo lugar.

En el caso de Breslavia, los equipos militares consiguieron asegurar la bomba sin necesidad de detonarla dentro de la ciudad. La operación concluyó sin heridos ni incidentes, un desenlace que responde a la experiencia acumulada por las unidades de desactivación de explosivos polacas, acostumbradas a intervenir con relativa frecuencia en hallazgos de este tipo.

Aunque para muchos ciudadanos pueda resultar sorprendente que todavía aparezcan bombas de la Segunda Guerra Mundial, en Polonia las autoridades intervienen de manera habitual cuando las obras públicas o privadas sacan a la luz restos de munición abandonada durante el conflicto. No se trata únicamente de bombas aéreas. También aparecen proyectiles de artillería, morteros, minas, granadas e incluso cohetes de distintas procedencias.

El fenómeno afecta especialmente a aquellas regiones donde los combates fueron más intensos entre 1939 y 1945 o que sufrieron fuertes campañas de bombardeos durante el avance del Ejército Rojo hacia Berlín. Breslavia constituye uno de los ejemplos más representativos. Cuando terminó la guerra, la ciudad era prácticamente un inmenso campo de ruinas.

Ese pasado explica que todavía hoy, cada vez que se excavan los cimientos de nuevas construcciones o se renuevan infraestructuras, puedan aparecer restos de guerra enterrados desde hace más de ochenta años.

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