La primera ministra japonesa, Sanae Takaichi
Japón despierta: no quiere seguir siendo la presa fácil para el espionaje
El país nipón se pone en marcha para la creación de una Agencia Nacional de Inteligencia, la primera desde la Segunda Guerra Mundial
Japón unificará la información recopilada por la Policía y el Ministerio de Exterior y Defensa bajo un Consejo Nacional de Inteligencia (CNI). La decisión es el resultado de la aprobación de una reforma legislativa que tiene como objetivo blindar el país a espionajes internacionales.
Desde la llegada al poder de la primera ministra nipona, Sanae Takaichi en octubre de 2025, se ha puesto el foco en la reforma de la seguridad nacional.
Hasta ahora, la información recopilada por los ministerios o cuerpos de seguridad no tenía la obligación legal de ser compartida.
Con la creación de un Consejo Nacional de Inteligencia, presidido por Takaichi, se tiene previsto establecer un comité de expertos con el objetivo de promulgar una «ley contra el espionaje».
El siguiente paso de la reforma se prevé para 2027, y supondría la creación de una Agencia Nacional de Inteligencia.
La oposición afirma que la creación de este consejo entra en conflicto con los roles ya establecidos de la Estrategia de Seguridad Nacional, que también recopila y analiza información que puede suponer un riesgo para la seguridad del país. Según ellos, esto podría generar confusión en la cadena de mando y toma de decisiones.
La crisis moral y la necesidad de una profunda transformación después de la Segunda Guerra Mundial impulsó la creación de una nueva constitución conocida como la «Constitución de la Paz». El artículo 21, a parte de libertad de reunión y de prensa, establece el secreto de comunicaciones, que prohíbe revisar mensajes, cartas o llamadas. Por esta razón, desde que entró en vigor, Japón se ha visto con las manos atadas a la hora de combatir el espionaje.
La falta de leyes anti espionaje y de una respuesta organizada ha convertido a esta nación en un «paraíso» para espías. Los principales beneficiarios: Rusia y China.
Para Sanshiro Hosaka, investigador del Centro Internacional de Defensa y Seguridad de Tallin (Estonia), el talón de Aquiles de los japoneses frente a los espías es «la falta de autoridad legal para la interceptación administrativa que impide detectarlos o procesarlos antes de que abandonen el país».
Afirma también que China utiliza a estudiantes para extraer secretos tecnológicos de universidades y laboratorios japoneses.
Funcionarios y exfuncionarios de cinco agencias de inteligencia occidentales afirman que en Tokio se encuentra una unidad secreta de inteligencia militar rusa conocida como la Vigésima Dirección. Se hacen pasar por diplomáticos o empresarios, sus agentes se dedican a comprar o robar tecnología de combate y a introducirla de contrabando en Rusia.
Estos funcionarios han revelado que es en la planta número 22 de la oficina de la aerolínea japonesa Aeroflot donde se dirigen las operaciones de la Vigésima Dirección.
La revista japonesa de negocios, Nikkei Business, informó en 2022 que al menos unos 120 agentes rusos operaban en Japón. Y que uno de los altos cargos del comercio ruso en la capital japonesa es sucesor de la división de ultramar de la KGB, ahora agente del Servicio de Inteligencia Exterior ruso (SRV).