Fundado en 1910
Carlos Uriarte Sánchez
Carlos Uriarte SánchezPresidente de Paneuropa España, vicepresidente de la Sociedad Europea Coudenhove-Kalergi

Alemania ante el espejo: la AfD gana en Sajonia-Anhalt y Europa mira

La pérdida de población, el envejecimiento y las dificultades para cerrar la brecha económica con los Länder occidentales han alimentado durante décadas un sentimiento de distancia respecto de Berlín y de las élites políticas nacionales

Ulrich Siegmund (C) candidato ganador en Sajonia-Anhalt y la líder de AfD Alice Weidel

Ulrich Siegmund (C) candidato ganador en Sajonia-Anhalt y la líder de AfD Alice WeidelOdd Andersen / AFP

la victoria de la extrema derecha, a las puertas de la mayoría absoluta, vuelve a poner a prueba el cordón sanitario de la política alemana y plantea una pregunta que trasciende las fronteras del país: cómo responder al descontento sin renunciar al proyecto europeo.

Las elecciones regionales de Sajonia-Anhalt dejan una imagen difícil de ignorar: la AfD ha obtenido el 43,8 % de los votos y 39 de los 83 escaños del Parlamento regional. La mayoría absoluta se sitúa en 42. Le han faltado, por tanto, apenas tres diputados para alcanzarla.

Es una victoria extraordinaria. Pero también una victoria incompleta.

La AfD ha ganado con una ventaja de más de 26 puntos sobre la CDU, pero no dispone de mayoría suficiente para gobernar en solitario. CDU, SPD, Verdes y Die Linke han descartado cooperar con ella. El BSW, que ha conseguido superar el umbral electoral con el 5,3 % y obtener cinco escaños, aparece como la única formación que no cierra completamente la puerta a un Gobierno con la AfD.

La paradoja es evidente: un partido que se acerca al 44 % puede convertirse en la fuerza dominante de un Parlamento y, al mismo tiempo, encontrarse ante la imposibilidad de formar Gobierno.

La elevada participación, del 77,8 %, hace todavía más significativo el resultado. Tres de cada cuatro electores acudieron a las urnas. El mensaje de Sajonia-Anhalt es, por tanto, difícil de interpretar como una mera anomalía.

Un terremoto para la CDU

El otro gran protagonista es la CDU. El partido democristiano ha obtenido el 17,2 % y 15 escaños, después de haber gobernado Sajonia-Anhalt durante buena parte de las últimas décadas. El retroceso resulta especialmente significativo porque la CDU es también la formación del canciller Friedrich Merz.

El SPD logra un 9,3 % y ocho escaños; los Verdes, un 8,9 % y otros ocho; y Die Linke, un 8,6 % y ocho más. El BSW entra en el Parlamento con cinco escaños, mientras que la FDP queda fuera.

La fotografía política resultante es compleja. La AfD domina el Parlamento, pero los demás partidos tienen capacidad matemática para impedirle alcanzar el Gobierno. Aquí se encuentra una de las características esenciales del sistema parlamentario alemán: ganar unas elecciones no equivale automáticamente a gobernar.

De protesta euroescéptica a fuerza de extrema derecha

La evolución de la AfD ayuda a comprender la dimensión del resultado. Fundada en 2013 como un partido euroescéptico centrado en la oposición al euro, transformó profundamente su perfil durante la crisis migratoria de 2015, cuando la inmigración pasó a convertirse en uno de sus principales argumentos políticos.

Desde entonces, la AfD ha profundizado en posiciones nacionalistas y de extrema derecha. Su programa combina una oposición frontal a la inmigración con un fuerte euroescepticismo y una posición favorable a restablecer relaciones más estrechas con Rusia.

En Sajonia-Anhalt ha defendido el levantamiento de las sanciones contra Moscú y el fin de la ayuda militar y financiera alemana a Ucrania. También ha planteado recuperar la enseñanza del ruso y reforzar los intercambios educativos con Rusia.

Estos planteamientos son relevantes para Europa porque Alemania continúa siendo uno de los pilares fundamentales de la Unión Europea. Un cambio profundo en la posición alemana sobre Ucrania, Rusia o la integración europea tendría consecuencias mucho más allá de sus fronteras.

El malestar del Este

Sajonia-Anhalt es uno de los estados de la antigua Alemania Oriental. Su historia reciente está marcada por las consecuencias económicas y demográficas de la reunificación. Pérdida de población, envejecimiento y dificultades para cerrar la brecha económica con los Länder occidentales han alimentado durante décadas un sentimiento de distancia respecto de Berlín y de las élites políticas nacionales.

Primero fue Die Linke quien canalizó una parte importante de ese voto de protesta. Ahora la AfD ha ocupado buena parte de ese espacio.

Sería, sin embargo, un error reducir este fenómeno a la nostalgia por la República Democrática Alemana. El voto de protesta combina preocupaciones económicas, inmigración, identidad, desconfianza institucional y una percepción cada vez más extendida de que las élites tradicionales no ofrecen respuestas convincentes a los problemas cotidianos.

Esta debería ser una de las principales preocupaciones de los partidos democráticos: el crecimiento de la extrema derecha no se explica únicamente por la fuerza de sus argumentos, sino también por la incapacidad de sus adversarios para responder al malestar social.

El problema del cordón sanitario

La situación vuelve a colocar en primer plano el llamado Brandmauer, el muro político que los principales partidos alemanes han establecido frente a la AfD.

CDU, SPD, Verdes y Die Linke rechazan cooperar con la formación de extrema derecha. Esta posición mantiene una frontera política clara, pero plantea una dificultad práctica cuando la AfD obtiene resultados cercanos a la mayoría absoluta.

¿Qué ocurre cuando casi uno de cada dos votantes apoya a un partido que el resto de fuerzas considera políticamente inaceptable?

No existe una respuesta sencilla. Una democracia parlamentaria no consiste únicamente en contar votos, sino también en encontrar mayorías capaces de gobernar. El reto para los partidos tradicionales será demostrar que el cordón sanitario no significa simplemente excluir a una fuerza política, sino construir una alternativa de gobierno eficaz.

Una cuestión alemana con consecuencias europeas

Sajonia-Anhalt no puede decidir por sí sola la política europea de Alemania. Un Land no puede abandonar unilateralmente la Unión Europea, el euro o el espacio Schengen. Las principales decisiones en materia de política exterior y europea corresponden al Estado federal.

Pero sería ingenuo pensar que estas elecciones carecen de importancia para Europa.

La Unión Europea necesita una Alemania estable, económicamente fuerte y comprometida con el proyecto europeo. Un crecimiento sostenido de fuerzas que cuestionan la integración, rechaza determinadas políticas comunitarias o defienden una aproximación diferente a Rusia afecta inevitablemente al debate europeo.

Las elecciones también deberían servir para evitar una conclusión equivocada: defender Europa no puede significar simplemente defender el statu quo

La Unión Europea afronta la guerra en Ucrania, la competencia entre Estados Unidos y China, la transformación energética, la presión migratoria y la necesidad de reforzar su autonomía estratégica. Al mismo tiempo, millones de ciudadanos perciben incertidumbre económica y pérdida de capacidad adquisitiva.

Frente a ello, la respuesta europeísta no puede limitarse a explicar por qué las instituciones existentes funcionan mejor que las alternativas. Debe ofrecer un horizonte político. Europa necesita ser capaz de proteger, prosperar y decidir. Y para ello necesita recuperar la confianza de sus ciudadanos.

Alemania ante el espejo

Sajonia-Anhalt no va a cambiar por sí sola el rumbo de Europa ni determinará el futuro de Alemania. Pero constituye una advertencia política de primer orden.

La AfD ha demostrado que puede ganar unas elecciones regionales con una ventaja extraordinaria y quedarse a las puertas de la mayoría absoluta. La CDU ha sufrido un retroceso histórico y una participación electoral excepcionalmente elevada demuestra que existe un profundo interés ciudadano por el rumbo del país.

La pregunta ya no es si la AfD puede ganar elecciones. Puede hacerlo. La verdadera pregunta es qué harán las fuerzas democráticas con ese resultado.

El desafío consiste en preservar los principios constitucionales y europeos sin confundir estabilidad con inmovilismo; defender la democracia sin ignorar el malestar que alimenta a sus adversarios; y ofrecer a los ciudadanos una alternativa que no sea únicamente el rechazo a la extrema derecha, sino también un proyecto político capaz de ilusionar.

Sajonia-Anhalt funciona, en definitiva, como un espejo. Refleja el desgaste de los partidos tradicionales, la profundidad de las fracturas territoriales y sociales de Alemania y la creciente fuerza de una alternativa política que hace pocos años parecía imposible.

Y en ese espejo no solo se mira Alemania. También se mira Europa.

* Carlos Uriarte Sánchez es presidente de Paneuropa España, vicepresidente de la Sociedad Europea Coudenhove-Kalergi y profesor de Derecho en la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR)

comentarios
tracking

Compartir

Herramientas