25 años del 11-S: el atentado terrorista que conmocionó al mundo
De Rajoy a Isabel Preysler, así vivieron el 11-S políticos, militares, diplomáticos y artistas
El mundo sintió la sacudida del terrorismo. En el país más poderoso del planeta, dos aviones comerciales atravesaron, con una diferencia de minutos, las Torres Gemelas de Nueva York
Hoy se cumplen XXV años de esa tragedia en el World Trade Center. Donde se levantaban los edificios más emblemáticos de Nueva York dos enormes piscinas forman el 9/11 Memorial, con los nombres de cerca de las 3.000 personas que murieron (2.977 y 19 terroristas). En el perímetro se construyó también el Museo de la Memoria y otros rascacielos.
El lugar es el mismo, pero el escenario es otro. En este tiempo no sólo cambió el aspecto de la ciudad sin sueño –convertida en pesadilla–, cambió el modo de vida, las medidas de seguridad, la percepción de que la vida se podía cortar de cuajo en cualquier parte del planeta.
Aquellas imágenes de muerte, polvo y terror, quedaron grabadas en la memoria de millones y millones de personas ¿Cómo recuerda hoy ese día el expresidente Mariano Rajoy, que entonces era ministro del Interior? ¿Con quién estaba el director de El Debate, Bieito Rubido? ¿Qué estaba haciendo Inocencio Arias, embajador de España en la ONU o el almirante Juan Garat? ¿Dónde estaba Isabel Preysler y qué estaba componiendo Emilio Aragón? La respuesta la dan ellos.
Mariano Rajoy. «En el ministerio del Interior»
El 11-S yo era ministro del Interior y Vicepresidente primero del Gobierno. Ese día estaba en la sede del Ministerio almorzando con Pio Garcia Escudero y seguí los terribles acontecimientos por la televisión.
El Presidente Aznar se encontraba de viaje oficial en Lituania y como Vicepresidente primero asumí la dirección del gobierno en estrecho contacto con el Presidente.
Pocos días después me trasladé a Washignton para mantener un encuentro con los responsables de la administración estadounidense. Mantuve una reunión con el vicepresidente Cheney, el fiscal General del Estado, John Ascroft y el director del FBI, Robert Muller. El objetivo de ese viaje fue trasladar nuestra solidaridad y disponibilidad y para facilitarles alguna información sensible que era de su interés.
Hice el viaje de ida y vuelta en día y medio para poder estar el lunes por la noche en Bruselas, donde tenía que dar al día siguiente una conferencia.
Bieito Rubido: «Un día para la historia reciente»
El 11 de septiembre del año 2001 era director de La Voz de Galicia. Estábamos trabajando y al mediodía decidimos iniciar una serie de comidas con los responsables de áreas y redactores jefes de cara a hacer una gran transformación del periódico que íbamos a llevar a cabo, como así fue, a lo largo del año 2002.
Esa primera reunión era para contrastar ideas, opiniones, pero no pudimos avanzar mucho más porque al poco tiempo de sentarnos en la mesa de un restaurante cercano a la sede de La Voz de Galicia, en Arteixo, La Coruña, me llamó Tucho Calvo, redactor jefe que se encontraba en la redacción y me dijo que un avión se había estrellado contra una de las Torres Gemelas. Yo, creía que se trataba de una avioneta, pero a los cinco minutos me volvió a llamar para decirme que un segundo avión se había estrellado contra la otra Torre Gemela y que, además, no se trataba de unas avionetas si no de aviones comerciales de pasajeros.
Levantamos la comida, le pedimos disculpas al propietario del restaurante, nos fuimos a la redacción y ya no salimos del periódico hasta muy tarde, hasta que hicimos el periódico de aquel día que sin duda alguna fue un día para la historia reciente.
Almirante Juan Garat: «En el Cuartel General de la marina alemana, en Bonn»
El día 11 de septiembre de 2001 yo acompañaba al Almirante Francisco Torrente, Jefe del Estado Mayor de la Armada, en una visita oficial al Cuartel General de la marina alemana, en Bonn.
Tras el ataque del primer avión, se interrumpieron las conversaciones y nos trasladaron al Centro de Operaciones, desde donde vimos en directo el impacto del segundo. Como es lógico, el programa de la visita se dio por finalizado y regresamos a Madrid inmediatamente en un avión Cessna de la Armada.
Isabel Preysler: «En Nueva York con Tamara»
Estaba yo en Nueva York cuando se produjo la tragedia del 11S. Mi gran amiga Lin Bildner me llamó a las nueve esa fatídica mañana a mi habitación del hotel y me dijo muy preocupada: ¡Qué no se vaya Tamara!. Hemos sido atacados. Pon la televisión. Medio dormida encendí el televisor y empecé a ver las aterradoras imágenes de lo que estaba ocurriendo en las Torres Gemelas, a muy poca distancia de donde yo me encontraba.
Los móviles no funcionaban. Recuerdo haber llamado sin parar. Debía hacerlo unas 100 veces porque Tamara se había ido temprano a Chicago. Los terroristas habían estado en Newark, en el mismo aeropuerto y a la misma hora que Tamara, pero habían elegido secuestrar aviones para vuelos de mayor distancia porque tenían más combustible y podían hacer aún más daño. Unas dos horas después conseguí, al fin, contactar con mi hija.
Me asomaba continuamente a las ventanas de la habitación. La calle estaba desierta y sólo veía ir y venir ambulancias. Miguel [Boyer] estaba en Madrid. Se puso histérico. Pensaba que una guerra estaba a punto de estallar y que yo no iba a poder salir de Nueva York. Llamó a Inocencio Arias, entonces embajador en la ONU y a Emilio Cassinello, cónsul de España en Nueva York. Los dos se pusieron en contacto conmigo. Se lo agradecí mucho, pero no necesitaba nada.
No he podido olvidar la imagen terriblemente desoladora al caminar por las calles prácticamente vacías con los edificios con banderas a media asta en memoria de las víctimas que habían perdido la vida en el atentado.
Inocencia Arias: «En reunión de embajadores»
Aunque residía entonces en Estados Unidos, ese día me encontraba en Madrid convocado con mis colegas de todo el mundo para una reunión de Embajadores. La noticia llegó en un almuerzo colectivo. Se nos pidió a Javier Ruperez que estaba en Washington y a mi en la ONU que hablásemos con nuestras oficinas. Lo hice viendo desde un despacho el segundo avión impactando contra la Torre. Después de una espera mi gente de la oficina me dijo que allí no había novedad, que era difícil comunicarse pero que sabían que esa mañana mi hijo había ido «al sur» de la ciudad. Fue un sobresalto agudo que no duró mucho, al cabo de dos horas pude localizarlo ileso, no había ido al sur.
Volvimos tres días más tarde al reanudarse los vuelos. El traumatismo de los neoyorquinos era absoluto. Los teatros cerraron, sólo curiosamente el grupo español La cuadra tuvo la valentía de actuar lo que fue elogiado. Días después en una cena con gente del espectáculo con Alan Alda y varios autores confesaron que no podían escribir nada esos días, que el coloso americano había sido humillado y que nada sería ya como antes. Llevaban razón. Todo cambió en la política y en la vida.
Emilio Arágón: «Componiendo un encargo de la Sinfónica de Tenerife»
Recuerdo que ese día estaba encerrado componiendo un encargo de la Sinfónica de Tenerife y Víctor Pablo Pérez: un cuento sinfónico sobre El soldadito de plomo.
Me llamó Aruca, mi mujer. Ella estaba viendo a Matías Prats en directo y me dijo que bajara. Salí del estudio, dejando a medio hacer la partitura del cuento, y me senté con ella delante del televisor, tratando de comprender lo que estábamos viendo.
Lo que más se me quedó grabado fue la voz de Matías. Un profesional acostumbrado a narrarlo todo, y allí estaba, desconcertado, buscando las palabras ante unas imágenes que no encajaban con nada. Se le notaba en el ritmo, en las pausas, en lo que no decía. Y supongo que era exactamente el mismo desconcierto que sentía media humanidad en ese momento. Ese día no escribí una nota más.