Geoffroy de Lagasnerie, sociólogo francés
Geoffroy de Lagasnerie, el intelectual de origen pijo que azuza a la ultraizquierda de Francia
Sugiere que el Estado es el responsable de la violencia y aboga por la supresión de las normas
La Historia ha demostrado con creces que toda revuelta, pese al carácter espontáneo de algunas de ellas, tiene inspiradores intelectuales. La lista es interminable. En el caso de Francia, semejante condición incumbe, aunque puede haber otras opiniones, a Geoffroy Daniel de Lagasnerie, nacido en 1981, profesor de Sociología en la Escuela Nacional Superior de Artes de París-Cergy, habiendo sido principalmente formado en Escuela Normal Superior de Cachan. Las «escuelas normales» -la más conocida es la sita en la parisina calle de Ulm- son uno de los viveros clásicos de las élites intelectuales galas.
Pero no es la única élite a la que pertenece: el sociólogo es hijo del ingeniero aeronáutico Jean-François Daniel de Lagasnerie, procedente de la antigua burguesía del centro de Francia, y de Agnès de Goÿs de Meyzerac, procedente, a su vez, de la antigua nobleza del sureste del país. Mas estos orígenes -de no ser por su vestimenta bohemia, podría parecer un cadete de la Escuela Militar de Saint Cyr- no han sido óbice para que el profesor de Sociología haya abrazado desde su juventud tesis de ultraizquierda.
El argumento principal de este discípulo confeso de Michel Foucault y Pierre Bourdieues la crítica radical del derecho penal, situada en la intersección de las cuestiones del poder y la violencia. De Lagasnerie considera el tribunal como «uno de los lugares más violentos de la vida social», donde el Estado orienta la «mirada hacia los individuos en lugar de hacia los fenómenos colectivos» y cuestiona la noción de responsabilidad individual, apoyándose en los trabajos del sociólogo Paul Fauconnet.
Segunda parte de su argumentación: una interpretación muy sui generis del concepto de justicia restaurativa. De Lagasnerie propone replantear «una gestión de las ilegalidades que se emancipe de la lógica de la penalidad y la represión», con el fin de llegar a un «derecho no penal» y a una justicia más democrática; una justicia que «ya no opere bajo la lógica de la soberanía [del Estado]» y que esté «al servicio de los individuos, en lugar de constituir un orden que se les impone -tanto a las víctimas como a los autores- desde el exterior», entiéndase las instituciones.
Otra de las inspiraciones de De Lagasnerie es la manipulación -recreación, según él- operada hace ya décadas en Estados Unidos por el movimiento Pantera Negra, de modo especial en lo tocante a la naturaleza «colonial» de la relación entre la población negra y la ley estadounidense. Así las cosas, «votar es utilizar al Estado para imponer la propia voluntad a alguien ajeno a uno mismo», y «las categorías abstractas y abarcadoras del discurso político» —tales como la democracia, el pueblo, la autodeterminación o la desobediencia civil— sirven precisamente para ocultar esa violencia. Propugna una «comprensión realista de nuestra condición», la cual exige dejar de considerar al Estado como una entidad autónoma: «no son ‘leyes’ las que se nos imponen, sino voluntades particulares disfrazadas de leyes y armadas con la policía».
Esta deslegitimación de la democracia liberal y del Estado de Derecho -cuyo corolario es la permisividad para con la violencia- refuta la categoría de la «no violencia»: «Quien se declara no violento debería, en realidad, decir: estoy a favor del monopolio estatal de la violencia y del autosacrificio». Por otra parte, a De Lagasnerie le sorprende que a muchos les resulte «difícil tomar conciencia de la realidad de la violencia del Estado. Por más que el Estado encarcele, realice registros, engrillete o mutile, se le sigue considerando un agente pacificador». Eso sí, en su opinión, es legítimo «censurar a medios de derecha y conservadores», si bien no debería de ser una censura de Estado. Gracias por el matiz.