Trump y su 'maratón' de mítines en todo EE.UU., ¿arma de movilización o apuesta arriesgada?
El presidente ha protagonizado cerca de 700 actos desde su primera candidatura y ha celebrado 26 durante octubre
Donald Trump, presidente de los EE.UU. baila en un acto de campaña en Florida
¿Ha sido buena idea utilizar al presidente de Estados Unidos Donald Trump como arma de movilización dentro del Partido Republicano? ¿Ha sido una idea arriesgada debido a la polarización del país? Con cerca de 700 actos desde que Trump lanzó su primera candidatura presidencial y 26 mítines solo en octubre, el presidente de Estados Unidos ha pedido a sus votantes que piensen que su nombre está en las papeletas en las elecciones del 3 de noviembre. Son las elecciones de mitad de mandato, en las que se renuevan la Cámara de Representantes al completo y un tercio del Senado. Además, hay elecciones a gobernador en 39 estados y también se eligen fiscales generales en varios estados.
Los republicanos confían en que la capacidad de Trump para movilizar a las bases compense sus bajos índices de aprobación. Mientras, los demócratas y varios analistas cuestionan que ese tirón electoral llegue más allá del movimiento MAGA.
Donald Trump ha convertido los mítines multitudinarios en una de las señas de identidad de su carrera política. Desde que lanzó su primera candidatura a la Casa Blanca, hace más de una década, en junio de 2015, ha protagonizado cerca de 700 actos de campaña.
En la recta final de las elecciones legislativas del 3 de noviembre, el presidente ha vuelto a recurrir a esta fórmula con una intensidad notable: 26 mítines durante octubre, además de intervenciones telefónicas dirigidas a votantes de distintos estados. Su mensaje es directo: sus votantes deben acudir a las urnas como si él mismo se presentara a las elecciones. Trump ha cambiado su agenda para hacer campaña en Iowa y Kansas.
La media de las encuestas de Real Clear Politics otorga una ventaja a los demócratas de 25 asientos en la Cámara de Representantes, con 240 escaños para los demócratas y 195 para los republicanos. Mientras en el Senado, los demócratas ganarán cuatro asientos, según la media de las encuestas, y se harían con la Cámara Alta con 51 senadores y el Partido Republicano se quedaría con 49. Sin embargo, estas mayorías son insuficientes para aprobar ningún tipo de legislación. Sí, para lanzar investigaciones contra Trump, bloquear las cámaras y preparar el terreno para las elecciones de 2028. Entonces, se producirá un cambio de ciclo, y las elecciones serán sin Trump: los republicanos ya no tendrán en sus papeletas el nombre del hombre que cambió el partido y los demócratas ya no podrán utilizarlo para atacarle.
«Haced como si yo me presentara», ha dicho Trump a un electorado para el que su figura continúa siendo el principal referente del Partido Republicano.
Los republicanos consideran que esa conexión con sus votantes puede ser decisiva. En unas elecciones de mitad de mandato, en las que tradicionalmente la participación suele ser menor que en las presidenciales, movilizar a los votantes más fieles puede marcar la diferencia. Además, generalmente, el partido político que ostenta la Casa Blanca suele ser castigado en estas elecciones. Las encuestas se escriben del lado de los demócratas. Sin embargo, aunque ganen en la Cámara de Representantes y los republicanos mantengan el Senado, los demócratas no podrán aprobar ningún tipo de legislación. Mientras, los republicanos recuerdan que las dos victorias de Trump en las elecciones presidenciales en 2016 y 2024 se deben a la movilización del voto rural y a la creación del movimiento MAGA.
«Es el mejor showman que ha existido en la política», afirmó Joe Gruters, presidente del Comité Nacional Republicano, en una entrevista con The Washington Times. Gruters, que asegura haber asistido a más de 70 mítines del presidente durante la última década, sostiene que el entusiasmo de estos actos se traduce rápidamente en una mayor participación electoral.
Donald Trump, presidente de los EE.UU. baila en un acto de campaña en Florida
En Sioux City, Iowa, Trump resumió su llamamiento con una frase dirigida a los asistentes: «Si salís a votar, vamos a conseguir una gran victoria». Sus intervenciones combinan mensajes políticos, ataques a sus adversarios y momentos ya característicos, como sus pasos de baile al ritmo de la canción YMCA, del grupo musical Village People, de los años 70. El objetivo es mantener la energía de un movimiento que sigue teniendo en el presidente su principal figura de referencia.
El efecto de los mítines en las urnas
La capacidad de estos actos para movilizar a los votantes cuenta con algunos datos a su favor. Un informe de la empresa de análisis electoral Haystaq DNA, que estudió los mítines celebrados por Trump y Kamala Harris durante la campaña presidencial de 2024, observó un aumento del voto anticipado en los condados donde se habían celebrado estos actos.
Según el estudio, la participación anticipada aumentó un 219 % durante los dos días posteriores a los mítines de Trump, frente al incremento del 22,8 % registrado a escala nacional. La empresa concluyó que estos encuentros podían multiplicar por diez la participación anticipada en las zonas analizadas.
Una popularidad que no llega a todos
El arma de doble filo para los republicanos es que Trump está haciendo campaña en un contexto de bajos índices de aprobación. Una encuesta de Reuters/Ipsos publicada el 19 de octubre situaba su respaldo en el 31%. El dato plantea una dificultad para los republicanos: el presidente conserva una fuerte capacidad de convocatoria entre sus votantes más fieles. Pero no llega a los votantes independientes y moderados que pueden decidir las batallas electorales más ajustadas.
La cuestión es especialmente relevante en los estados y distritos competitivos, donde los candidatos republicanos necesitan ampliar su apoyo más allá del núcleo MAGA. En algunos casos, compartir escenario con Trump puede proporcionarles visibilidad y movilizar a los votantes fieles; en otros, su protagonismo puede dificultar que construyan una imagen propia ante quienes no respaldan al presidente.
El precedente de 2018 también invita a la cautela. En aquellas elecciones de mitad de mandato, Trump intensificó sus mítines durante las últimas semanas de campaña, pero los republicanos acabaron perdiendo el control de la Cámara de Representantes, aunque conservaron el Senado.
La prueba del 3 de noviembre
El presidente ha convertido los mítines en una extensión de su liderazgo y en una herramienta para mantener unido a su movimiento. Su apuesta consiste en trasladar a las urnas la energía que genera en los auditorios y conseguir que sus votantes se decanten por los candidatos republicanos con la misma intensidad con la que lo hicieron por él en las presidenciales.
Pero el resultado dependerá de algo más que de llenar recintos. Los republicanos necesitan que esa movilización se traduzca en votos y, al mismo tiempo, atraer a los votantes que no forman parte de la base más fiel del presidente. Los demócratas, por su parte, confían en que el rechazo a Trump impulse la participación de sus propios votantes.
La pregunta es si el presidente conseguirá que su popularidad dentro del movimiento MAGA se convierta en un activo para todo el Partido Republicano. Cerca de 700 mítines después, las elecciones del martes pondrán a prueba hasta dónde llega el poder de convocatoria de Trump y si su principal arma electoral puede funcionar también fuera de su propio movimiento.