29 de junio de 2022

Domingo Villar

Domingo VillarEFE

Domingo Villar (1971-2022)

La sencillez del triunfador

En Vigo o en la costa hacia Baiona, uno reconoce los escenarios donde sitúa y describe Villar, de suerte que uno se pregunta si serán de verdad o sus propios personajes las gentes que te encuentras a cada paso

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Nació en Vigo el 6 de marzo de 1971 y falleció en Vigo el 18 de mayo de 2022

Domingo Villar Vázquez

Su capacidad expresiva no sólo se centraba en el género donde se coronó como uno de los autores contemporáneos más seguidos, sino que se adentró con el mismo éxito en otro tipo de experiencias literarias.

Tenía la virtualidad de ser un hombre sencillo, nada complicado, tanto que digería su fama con total humildad, claro, como sus personajes bien perceptibles. Pese a su juventud, dicen sus amigos que era como aquel gallego sabio que antes de hablar pensaba cuatro cosas: «La que decía, la que no decía, la que callaba y la que diría». Era un tipo común, corriente, de los que te podías encontrar en las tascas populares de Vigo o en playa América o Panxón en Nigrán, sin sospechar que era uno de los renovadores de la novela negra española y mundial. Ha costado hacerse a la idea de que se ha ido Domingo Villar, apenas a los 51 años. Y esta no es edad para morir, sobre todo cuando se está en plena euforia creativa, encadenando éxitos editoriales uno tras otro hasta convertirse en uno de los autores contemporáneos preferidos por los públicos y no sólo de España, dada la repetida traducción de sus obras.
Esa personalidad típicamente de un gallego requintado en Madrid, su forma de escribir recordaba a otros autores del mismo origen y peregrinaje, de suerte que es como si escribiera en gallego cuando lo hacía en castellano, pero lo cierto es que lo hiciera en uno u otro idioma tenía la virtualidad de dar con la expresión exacta para armar el efecto deseado de una secuencia o de sus vigorosos personajes, dibujados como seres corrientes, cotidianos, de la calle. Por eso, como otros grandes autores, creó uno, el inspector Leo Caldas que le va a sobrevivir, no sólo en sus novelas corales, como fue la trilogía de Los ojos del agua, La playa de los ahogados (cuya lectura ya en castellano o en su versión en gallego, producen el mismo disfrute acompasado) y El último barco. Precisamente, ahora estaba escribiendo la cuarta entrega de la serie, que ya quedará incompleta. Como otros grandes genios de la literatura, los dos personajes de su obra clave, el detective Leo Caldas y su ayudante aragonés, sobre los que se construye todo el entramado de sus historias, forman una pareja perfecta. Sobre todo creíble.
Su capacidad expresiva no sólo se centraba en el género donde se coronó como uno de los autores contemporáneos más seguidos, como lo prueba la repetición de ediciones y traducciones de su obra, sino que se adentró con el mismo éxito, en otro tipo de experiencias literarias, aunque no tuviera la misma proyección, quizá porque algunas cosas las escribía para leer entre amigos como si fueran cuentos de taberna o algo parecido. Aquí, en Vigo o en la costa hacia Baiona, uno reconoce los escenarios donde sitúa y describe Villar, de suerte que uno se pregunta si serán de verdad o sus propios personajes las gentes que te encuentras a cada paso.
Cuando se supo la noticia de que había sido ingresado en el hospital de Vigo que lleva el nombre del genial Cunqueiro, la ciudad se vio sacudida por el temor a que fuera como fue un percance grave, pero nadie suponía que se iba a producir de modo tan rápido un inesperado desenlace. Quienes mejor lo conocían y conocen su obra coinciden en apreciar que algunos de los personajes y los ambientes de sus libros evocan el propio mundo que tuvo que conocer de joven entorno a su padre, vinatero de toda la vida, y a las gentes cotidianas de aquel tiempo. Pero sobre esos materiales en bruto tuvo la habilidad de crear situaciones y espacios donde los referidos personajes cobran vida con especial maestría.
Uno de sus editores en gallego, Francisco Castro, solía referirse a la cordial sencillez con que Domingo Villar asumió el éxito de sus obras, pese a que, aunque otros autores en gallego o castellano han gozado de parecida o similar aceptación, Villar constituye un caso único por la progresiva aceptación de sus libros, la demanda de nuevas obras, la rapidez de su vertido a otros idiomas y su transformación en películas de éxito, y otra estaba ahora en camino, dada la convertibilidad de su texto y de sus personajes en el guion cinematográfico. Relataba Castro que no es corriente, pese al éxito de un escritor un momento dado que se florezca una demanda de más, como si de un produzco de gran consumo se tratara.
Domingo Villar

Domingo VillarPaula Andrade

Quizá, en esta triste ahora, bien se le podría aplicar aquel epitafio romano tan acertado en su caso, «Bonus vir nemo est nisi qui bonus est ómnibus», «Sólo es hombre bueno el que lo es para con todos». Y en esta hora todos estamos de acuerdo en que lo era este escritor sencillo y cordial que se acaba de ir en Vigo, cuando no era tiempo para irse.
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