Suso Díaz
Suso Díaz (1944-2025)
Veterano comunista gallego
Vinculado a Comisiones Obreras –cuya organización gallega dirigió– desde los sesenta, fue detenido y encarcelado en repetidas ocasiones
Xesús Díaz Díaz
Sindicalista
Hijo de un carretero de Guitiriz, empezó a trabajar siendo adolescente. A principios de los sesenta ingresó en los astilleros de Ferrol, donde empezó su militancia comunista, tanto en el plano sindical como en el político. Fue líder de Comisiones Obreras en Galicia entre 1992 y 2000.
El 10 de marzo de 1972 murieron abatidos en Ferrol, a consecuencia de disparos de procedencia policial, Amador Rey y Daniel Niebla, empleados de astilleros. Participaban en unas protestas animadas, entre otros, por Xesús Díaz –popularmente conocido como Suso–, también trabajador del sector de la construcción naval, en el que había empezado a prestar sus servicios allá por 1962. Díaz –miembro del sindicato Comisiones Obreras, entonces clandestino– a diferencia de sus compañeros, salvó su pellejo, pero se negó a pagar la correspondiente multa. Ese fue el motivo por el que dio con sus huesos en la cárcel.
Esta primera estancia en la cárcel, que estaría seguida de varias otras en los años del tardofranquismo, –aunque ya había sido brevemente detenido en 1969– es el principal elemento de un relato comunista –los hipotéticos biógrafos ya se encargarán de confirmarlo, matizarlo o reventarlo– que empezó a configurarse en 1962, cuando participó en su primera huelga. Así surgió una conciencia roja que se mantuvo hasta su último aliento y certificada ayer en el Congreso de los Diputados por su hija, la vicepresidenta segunda del Gobierno y ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, que estimó oportuno afirmar que su progenitor nunca quiso que «gobernaran las derechas».
Creámosla en la interpretación del sectarismo postmortem, si bien conviene matizar que Díaz padre supo preservar cierto espíritu crítico: sin ir más lejos, en 2023, al ocupar la última posición en la candidatura coruñesa de Unidas Podemos en las generales, criticó que la formación de Irene Montero no hubiera sido capaz de entenderse con Sumar, liderada por su hija. También era conocido en su entorno por su capacidad a dialogar con cualquiera, aunque no fuese de su ideología.
Una virtud que necesitó cuando a partir de 1978, se integró en los órganos rectores de Comisiones Obreras en Galicia. Desde entonces dejó de apretar tuercas en los astilleros para acomodarse en los despachos. Y con éxito: entre 1992 y 2000 fue el máximo dirigente del sindicato comunista en tierras gallegas.