Ángel García Colin
Ángel García Colin (1959-2026)
Pasión por la vida, pasión por los medios
Irrepetible trayectoria. Editorial Católica, ABC y Prisa. Con razón solía bromear con que había trabajado para la Iglesia, la Monarquía y la progresía.
.
Ángel García Colin
Periodista
Irrepetible trayectoria. Editorial Católica, ABC y Prisa. Con razón solía bromear con que había trabajado para la Iglesia, la Monarquía y la progresía.
Pasión por los medios, daba igual si a bordo de un frágil velero o un formidable trasatlántico. Al cien por cien comprometido en la defensa de la bandera que ondeara en el puente de mando, por lo general en responsabilidades comerciales, de marketing o alta gestión. Desde aquellos primeros pasos en La Crónica de León en 1986-1987 hasta el impecable recorrido por todos los escalafones del Grupo Prisa (1992 - 2021) como director general de GMI (Grupo de Medios Impresos), la filial de periódicos regionales, director general de Prisa Revistas, director comercial y de Marketing de Prisa Noticias o director de Relaciones Institucionales del Grupo que engloba a El País, As, Cinco Días o la cadena Ser y Caracol Radio, sin olvidar los tiempos de Canal +.
España, América Latina y Portugal
El último mohicano de aquella tribu imparable que durante décadas impuso su ley en las praderas mediáticas españolas. En medias, entre 1987 y 1992, los periódicos de la extinta Editorial Católica, La Verdad de Murcia, Ideal de Granada, Hoy de Badajoz y el diario Ya, y el ABC de Prensa Española, hoy todos ellos integrados en Vocento.
Y por si no hubiera sido suficiente, casi un año en la vicepresidencia de Radio Televisión de Castilla y León (RTVCyL) y desde el otoño de 2023 miembro de la junta directiva de FAPE, la Federación de Asociaciones de Periodistas de España. No había sido fruto de la casualidad. Acumulaba una doble licenciatura en Ciencias de la Información por la Universidad del País Vasco, primero en Publicidad y después en Periodismo, y había sido proclamado doctor en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid.
Irrepetible trayectoria
Pasión por Cistierna y la montaña de León, «el paraíso» a la sombra del macizo de Peñacorada y aguas arriba del Río Esla, al que regresaba cada vez que podía, un mes con sus 31 días enteritos en agosto, irrenunciable, en Navidad, el día de Nochebuena con comida y larga sobremesa de mus en León y breve parada en Lugán para el penúltimo chispazo camino de la cena familiar en Cistierna, en Semana Santa, los puentes más largos o cualquier fin de semana. ¿Dónde mejor?, se preguntaba en voz alta como fórmula retórica para dejar sentado que en ningún sitio.
Extrovertido y cordial, cariñoso, de natural alegre y optimista, divertido, disfrutón –no será por falta de buenos ratos en los bares de Cistierna, el Moderno de toda la vida o el Cantábrico, la Praillona en Boñar o en Madrid la marisquería Criado o la casa de León–, gallito, mordaz, guasón y bienhumorado, Gelín miró de frente a la vida y ni mucho menos apartó la mirada o entrecerró los ojos cuando supo que padecía un cáncer. Ni en cada revés de un largo y enrevesado periplo por hospitales, ensayos clínicos, intervenciones quirúrgicas o la interminable sucesión de revisiones que llamaba con sorna las ITV. Ni cuando los pioneros tratamientos a prueba en 5 pacientes todo el mundo acertaban y estabilizaban la enfermedad ni cuando fracasaban o perdían eficacia. Un luchador es un luchador y un montañés de León, aunque nacido en Durango, nunca se rinde.
Nunca es nunca. Ni cuando enfrentó con naturalidad apabullante la farragosa tarea de preparar lo mejor posible la vida de Montse y Guillermo para el día después. Su propia despedida. Siempre hacia adelante, la sonrisa en el rostro, preparado el abrazo, sin dejar de pensar en robar tiempo al tiempo para disfrutar momentos con Guillermo, sin dramatismos ni traza alguna de victimismo, ora en un concierto de The National en el Wizink, ora un partido del Real Madrid en el Bernabéu, ora en el Open de Tenis, invariablemente en La Vuelta Ciclista cada vez que el recorrido pasaba por Cistierna o los alrededores y ni te cuento sin ascendía a La Camperona.
El coraje incorporado al minuto a minuto de la vida, sin darse el pisto, ni mucho menos por ausencia de miedo, ni hablar de falta de miedo, pero ni por asomo esclavo del miedo, tal vez liberado de muchas de las ataduras propias de ser humano ante la verdad del fin a base de arrestos, redaños, temple. Una madurez asombrosa para asumir la fugacidad de la vida.
¿Por qué dejar de asistir a los desayunos de Nueva Economía Fórum en el Ritz o en el Palace con las figuras más relevantes de la política, la economía, el periodismo o la cultura de España, Europa y Latinoamérica? ¿Dejar de trabajar? ¿Soslayar cualquier compromiso previamente asumido? ¿Eludir la comida con los amigos, partida de mus mediante? Ni por asomo, salvo fuerza mayor; muy muy mayor.
Ni un paso atrás. Hasta tal punto de que mucha gente que le conoció no sabía hasta ahora que libró una inacabable pelea contra el cáncer.
Actitud envidiable. Tan difícil de imitar. La sabiduría
Aquella industria del periodismo de siempre, el de salir a la calle, mirar, entender y contar, se oponga quien se oponga, aquella alianza de sangre de editores y periodistas para conjurarse en defensa de la verdad y para contar la verdad, aquel concepto irrenunciable de la misión casi sagrada de los medios encontró en Gelo el alma de un guerrero. Ahí están su legado y su ejemplo.