Aldrich Ames
Aldrich Ames (1941-2026)
El mayor traidor de la historia estadounidense
Agente de la CIA, siguió pasando información reservada a Rusia tras la desaparición de la Unión Soviética
Aldrich Hazen Ames
Espía
Estudió en la escuela secundaria Langley, Virginia, y en la Universidad de Chicago y la Universidad George Washington, donde estudió historia. Su padre, Carleton Ames, trabajó para la CIA, donde consiguió trabajo para su hijo. El resto, trágicamente, ya es historia.
El itinerario traidor de Aldrich Hazen Ames, agente de élite de la CIA, hacia la traición comenzó en abril de 1985, cuando penetró en la Embajada soviética en Washington en una misión de alto secreto. Oficialmente, era un funcionario federal que trabajaba en las relaciones entre Estados Unidos y la Unión Soviética; su tarea consistía en encontrar diplomáticos soviéticos que pudieran tener alguna debilidad que explotar: un matrimonio fallido, una carrera sin futuro, problemas con el alcohol o escasez de dinero.
Sin embargo, fue Ames quien cumplía algunos de estos criterios. De 43 años, divorciado y a punto de casarse con una mujer ambiciosa, se quejaba de la cuantía de su pensión alimenticia y de su bajo salario. Los primeros relatos sugieren que fue sobornado durante meses, aunque ahora está claro que Ames buscaba amasar una fortuna enviando agentes occidentales a la muerte desde el momento en que contactó con el KGB. El primer día, proporcionó voluntariamente los nombres de dos agentes rusos que trabajaban para los estadounidenses. Ambos fueron ejecutados.
Con todo, el KGB le «fichó». Durante los nueve años siguientes, mientras era transferido primero de contrainteligencia a la antena de la CIA en Roma y finalmente al centro antinarcóticos de la sede central en Langley, Ames reveló a Moscú todos los secretos que conocía, entregando documentos, discos y los nombres de todos los agentes de la CIA y el FBI en las instituciones soviéticas: unos veinte en la Unión Soviética y veinticinco más de países de Europa del Este. Casi todos ellos fueron arrestados por el KGB y al menos 10 fueron ejecutados.
Por los servicios prestados, Ames recibió 2,5 millones de dólares a lo largo de nueve años. No mucho, según los cánones del espionaje, si bien su traición le permitió llevar un alto tren de vida. Baste decir que, en 1992, compró un Jaguar nuevo que aparcaba sin disimulo en la sede central de la CIA y que su segunda mujer, la colombiana Rosario Casas, poseía 500 pares de zapatos en el momento de su arresto.
Este se produjo el 21 de febrero de 1994, tras dos años de seguimiento exhaustivo, cuando Ames se disponía a viajar a Moscú por cuenta de la CIA. Inicialmente, la agencia de espionaje seguía negándose a creer que Ames pudiera ser culpable, tras pasar las pruebas del polígrafo.
Fue sólo cuando los errores en la computadora de Ames detectaron las notas que escribió a su oficial de caso ruso, y su basura produjo una cinta de máquina de escribir en la que estaban registrados los detalles de un viaje planeado a Caracas para reunirse con un agente de la KGB, que la CIA quedó convencida de su culpabilidad. Se había consumado la mayor traición de la historia estadounidense. Ames ha muerto cumpliendo cadena perpetua en una cárcel de Maryland.