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Fernando Finat de Bustos

Fernando Finat de Bustos

El marqués de las Almenas (1936-2026)

Un noble, intelectual y cazador

Fernando era un hegeliano puro que vivía intensamente la dialéctica entre un pasado, que creía añorar, pero no estaba seguro, y un presente, que tampoco le llegaba a convencer y esperaba que el curso de la historia lo mejorara

Ha fallecido en Madrid, después de larga enfermedad, Fernando Finat de Bustos, VI marqués de las Almenas. Tuve la suerte de conocerle como gran cazador, propietario y gestor de magníficos cotos de caza. En un viaje con la finalidad de practicar nuestro deporte, mantuve con Fernando durante el vuelo una larga conversación, y descubrí una nueva personalidad hasta entonces, para mí, desconocida por completo: una versión radicalmente insospechada de su vida. Como estudiante de Derecho en la Universidad Central de Madrid, Fernando había obtenido matrícula de honor en casi todas las asignaturas de la carrera -creo recordar que me dijo que en todas menos en una- y había sido premio extraordinario de licenciatura. Después ganó una beca para hacer un MA en sociología en la prestigiosa universidad norteamericana de Harvard. A su vuelta a Madrid ocupó un puesto de profesor ayudante en la cátedra de Derecho Político.

Fernando Finat de Bustos
Nació en San Sebastián el 20 de diciembre de 1936 y falleció en Madrid el 10 de marzo de 2026.

Fernando Finat y de Bustos

Su padre, el conde de Mayalde, quiso que naciera en España y la familia volvió desde Biarritz exclusivamente con este fin. Se casó en 1960 con María Cecile Walford Hawkins y de Borbón, duquesa de Alsona. Tuvieron cinco hijos, Juan (fallecido) Elena, Cecilia, Fernando y Álvaro. Tenía siete nietos a los que les deja un ejemplo a imitar.

Hablamos entonces sobre nuestros recuerdos de la facultad de Derecho y sobre la excelencia de las universidades americanas. En algún momento de nuestra conversación, me dijo que él tenía una opinión igual o más favorable de la London School of Economics que de Harvard. Y, quedamente, como si le produjera rubor, me aclaró que después de graduarse en la facultad de Ciencias Económicas en la Universidad de Madrid, también había ganado una beca para hacer un master en economía en aquella institución inglesa. Fernando ya no era para mí solamente un noble terrateniente y cazador: tenía un curriculum académico internacional, si no único, muy poco común.

Pronto supe que esta versión del Fernando Finat académico no era la única que yo desconocía. En otra de las muchas conversaciones que mantuvimos, supe de su actividad inmobiliaria como presidente de una promotora que inició con otros dos socios, que tuvo gran éxito. Fernando abandonó pronto los negocios y se dedicó de lleno a la lectura. Era un lector insaciable, siempre rodeado de libros en español, en inglés y en francés. Todos los temas le interesaban y le convertían en un gran conversador.

Hijo de un embajador en la Alemania de Hitler, luego casi eterno alcalde de Madrid, y bisnieto del conde de Romanones, Fernando era un profundo conocedor de nuestra historia. Durante un tiempo le consideré un ejemplar de renacentista culto, que miraba alrededor con un leve matiz de arrogancia. Grave error de apreciación. Fernando era un hegeliano puro que vivía intensamente la dialéctica entre un pasado, que creía añorar, pero no estaba seguro, y un presente, que tampoco le llegaba a convencer y esperaba que el curso de la historia lo mejorara. No acababa de sentirse a gusto con el mundo en el que, inevitablemente, le correspondía vivir. No sé si lo consiguió al final de su vida.

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