Fundado en 1910
Hamad bin Jalifa Al Thani

Hamad bin Jalifa Al ThaniEFE

Su Alteza el Jeque Hamad bin Jalifa Al Thani (1952-2026)

Puso a Qatar en el mapa

Pese a que el emirato ya era rico en gas natural y en petróleo, modernizó su economía para convertirlo en una potencia de Oriente Medio, no sin controversias

Hamad bin Jalifa Al Thani
Nació el 1 de enero de 1952 en Doha, donde falleció el 12 de julio de 2026

Hamad bin Jalifa Al Thani

Fue emir de Qatar

Formado en la Academia Militar de Sandhurst, príncipe heredero desde 1977, fue Emir de Qatar desde 1995 hasta 2013.

Cuando el Jeque Hamad bin Jalifa Al Thani derrocó a su padre, el Jeque Jalifa, en 1995 mediante un incruento golpe de Estado, Qatar era un país rico en gas natural y en petróleo, pero estaba en gran medida, geoestratégicamente subordinado a la vecina Arabia Saudí. El jeque Hamad –tercer emir desde la independencia del Reino Unido en 1971, aunque los Al Thani empezaron a regir sus destinos en el siglo XIX– impulsó la transformación del pequeño país en un Estado con una mentalidad más independiente y con una influencia política y financiera mucho mayor que su tamaño.

De entrada, a través del soft power. En 1996, el jeque creó la cadena de noticias Al Jazeera, una organización subvencionada por el gobierno que causó revuelo tanto en el mundo árabe como fuera de él por la independencia de sus emisiones. Bajo su mandato, Qatar Airways, fundada en 1993, se convirtió en una aerolínea global.

El Jeque Hamad consolidó aún más la posición internacional de Qatar al ser el emirato sede de los Juegos Asiáticos de 2006, la Copa de la Confederación Asiática de Fútbol de 2011 y la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático de 2012. En 2010, frente a las candidaturas rivales de Estados Unidos, Corea del Sur, Japón y Australia, la candidatura qatarí se impuso de cara a la organización del Mundial de Fútbol de 2022, siendo el primer país de Oriente Medio en lograrlo. Eso sí, en medio de acusaciones de corrupción.

En materia económica, y pidiendo préstamos cuantiosos, creó un centro de gas natural licuado –para no depender solo del petróleo– y, en 2005, utilizó los ingresos por exportaciones, junto con los del oro, para fundar la Autoridad de Inversiones de Qatar. Para cuando abdicó, este fondo soberano había invertido más de 100 mil millones de dólares en todo el mundo. Su cartera incluía el Paris Saint-Germain, los grandes almacenes Harrods y el rascacielos 'The Shard' en Londres, además de participaciones significativas en el aeropuerto de Heathrow, Barclays Bank, Volkswagen, Siemens y Royal Dutch Shell.

Ya podía dedicarse fomentar la influencia geoestratégica de Qatar. Un objetivo que también cumplió, sin pararse en barras para que el emirato fuera un mediador de primer orden y jugando, de forma polémica, a varias bandas. Por ejemplo, manteniendo abiertos los canales de comunicación con Irán al tiempo que hacía construir la base aérea de Al Udeid, puesta al servicio de Estados Unidos y bombardeada al inicio de la guerra en curso en el Golfo Pérsico.

Más polémica fue visita de 2012 a Gaza, la primera de un jefe de Estado desde la toma del poder por Hamás. Ese mismo año, los líderes de esa banda terrorista se trasladaron de Siria a Doha. Considerándose un mediador entre las facciones en conflicto, el Jeque se esforzó por mantener abiertas sus vías de comunicación, lo que le valió críticas tanto del mundo árabe como de Occidente. Pero Qatar estaba en medio de la jugada: con la excepción de Arabia Saudí, no está enemistado con nadie en Oriente Próximo. En 2013, considerando su obra acabada, abdicó en su hijo el Jeque Tamim, tras una serie de carambolas sucesorias típicas de las monarquías del Golfo.

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