25 de octubre de 2021

Ramón Pérez-Maura
HorizonteRamón Pérez-Maura

Montero ha estado discurriendo

Como el objetio de de la ministra de Igualdad no es hacer justicia sino demostrar que hay muchos culpables, si hay algún condenado de más, tampoco pasa nada

Cuando alguien dirige un Ministerio en el que no hay nada que dirigir, es una amenaza pública en grado sumo. Porque hay que intentar inventar algo con lo que entretenerte y llenar el tiempo. Ése es justo el caso de Irene Montero.
El Ministerio de Igualdad anunció ayer un proyecto de ley en el que se fijará un protocolo para acabar con «las miradas impúdicas». Esto es preocupante. Supongo que eso implica que llevar una gafas oscuras dentro de una oficina te convierte en candidato con muchas posibilidades de ser obsequiado con una sanción. Porque toda mirada en la que no se tiene certeza de dónde se fijan los ojos tiene posibilidades de ser impúdica. A saber si el de las gafas de sol está mirando el escote de una señora. Y a ver cómo demuestra uno que no estaba mirando a una señora sino al quicio de la puerta más cercana o al cuadro del cardenal Herrera Oria que preside la Redacción de El Debate.
A ello habrá que sumar actitudes que incomoden a la mujer como «bromas y comentarios sobre la apariencia sexual». El lenguaje políticamente correcto es cada vez más inescrutable. ¿Qué se entiende por apariencia sexual? Comentar que un hombre es afeminado o una mujer es hombruna ¿es motivo de sanción? Y decir que una mujer es más fea que pegar a un padre con un calcetín sudado ¿no es sancionable porque se entiende que su fealdad no tiene que ver con su apariencia sexual? Entonces decir que una mujer es guapísima sí será sancionable porque es fácilmente asumible que ello implica una apariencia sexual... Eso sí que sería intolerable.
Yo no tengo ninguna duda de que hay empresas en las que se produce acoso de hombres a mujeres. Y quizá haya algunos ejemplos del caso contrario. Pero yo también he visto a lo largo de los años empleadas que conseguían lo que llamábamos un «ascenso horizontal» por la posición en la que se encontraban con su jefe cuando intentaban convencerle de sus virtudes profesionales. De eso no se habla casi nunca.
Como es habitual, al anunciar su proyecto, la ministra de Igualdad se ha olvidado de cualquier posibilidad de igualdad. Porque ha dejado claro que el objetivo es que el procedimiento sea «confidencial, sencillo, rápido y accesible» para que sea fácil denunciar. Y digo que la ministra ha olvidado cualquier posibilidad de igualdad porque el acusado, en la mentalidad de Montero ya es culpable. No se dice nada sobre el procedimiento para defenderse de las acusaciones que deben ampararse en un procedimiento «sencillo y rápido». Cuanto más rápido, menos posibilidades de defensa. Aquí se trata de conseguir condenas. Y las posibilidades de defenderse dificultan la obtención de esas condenas. Y como el objetivo de Irene Montero no es hacer justicia sino demostrar que hay muchos culpables, si hay algún condenado de más, tampoco pasa nada. 

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