24 de enero de 2022

Cosas que pasanAlfonso Ussía

Transversal

España protagonizó la más nefasta gestión contra la pandemia en sus primeros meses mortales. Y lo sabían. Y no hicieron nada

La tapir de nuestro Gobierno, Yolanda Díaz, se ha hartado de ser comunista. Ahora es transversal y renuncia a ocupar «esa esquinita a la izquierda del PSOE que nada significa». Acepta en su nuevo movimiento todas las ideologías, y como habla con más rapidez de lo que piensa, ha acusado al Gobierno del que es vicepresidenta, de ocultar datos a sabiendas de su conocimiento de la inevitable devastación humana que produciría la pandemia de la COVID-19, retrasando las medidas preventivas para que pudiera celebrarse la turba ultrafeminista. Ella en febrero lo advirtió por escrito y fue llamada alarmista. Posteriormente se calló cuando Irene Montero convocó la manifestación histérica que infectó a miles de participantes y adelantó algún entierro entre las presentes a la masiva estupidez. Es decir, que la vicepresidenta del Gobierno –sólo era ministra en aquellas calendas–, ha responsabilizado a Pedro Sánchez, Carmen Calvo, Marlaska e Irene Montero de autorizar e impulsar la manifestación conociendo el riesgo y los peligros del imparable contagio. Decenas de miles de muertos entregados en público sacrificio para que la tontimala de La Navata organizara el estremecedor guateque callejero. Algo tendrán que hacer los familiares de los fallecidos en el primer tramo de la pandemia en memoria de sus muertos.
Con o sin intención, ABC publica una fotografía de los portadores de la pancarta en el sector reservado al PSOE. Su pie de foto, a pesar de la tragedia, me ha ayudado a sonreír. Dice así, en su página 16, después de dedicar un amplio reportaje de esponjada admiración al fracasado Batallón Lincoln de las Brigadas Internacionales comunistas, que vinieron a España a combatir y apropiarse de los bienes, entre otros, de la familia Ybarra. Pero me refería al pie de foto: «Las ministras socialistas durante la manifestación del 8-M de 2020, unos días antes de que se decretara el estado de alarma». Y las ministras socialistas que aparecen en la fotografía conllevando la pancarta son, la ya cesada en Exteriores Laya, la vicepresidenta del Gobierno, también expulsada Carmen Calvo –que se contagió–, la esposa del presidente del Gobierno Begoña Sánchez Sauna, que también se contagió, Nadia Calviño y… ¡Marlaska!
La vicepresidenta Díaz, que nada quiere saber de Podemos –esquinita a la izquierda del PSOE–, y que ha asumido todos los horrores estéticos de una derecha cursi que no representa a la derecha, inmediatamente después de acusar y acusarse de no haber adoptado medidas contra la COVID-19 por no entorpecer la cachupinada insensata de Irene Montero y la esposa de Sánchez, posó para «El Mundo» con un conjunto de cuero como corresponde a quien forma parte de la lista que elabora Yo Dona. De Yo Dona saltará al Elle, del Elle a Vogue, y del Vogue vaya usted a saber. A eso se le llama «transversalidad hortera» y nada tiene que ver con la imagen de la revolucionaria violenta gallega que lamentaba que ningún Rey de España hubiera sido guillotinado.
De lo que no cabe duda, es de la importancia de su acusación. No sucederá nada, porque hay que aprobar los presupuestos y Sánchez tiene decidido resistir en la Moncloa hasta que la indignación popular del pueblo que no sabe indignarse, le abra la puerta hacia el despacho del juez, la fuga y el autoexilio. España está arruinada. Y España protagonizó la más nefasta gestión contra la pandemia en sus primeros meses mortales. Y lo sabían. Y no hicieron nada. Y mintieron. Y encontraron a indecentes personajillos de los medios de comunicación para, a cambio de privilegios de toda clase, liberar al Gobierno de responsabilidades. Con pocas palabras, Yolanda la transversal, lo ha dicho. «Yo lo advertí en febrero. Lo sabían. Y me llamaron alarmista».
Pues eso, queridos amigos. No hay vuelta de hoja.

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