02 de julio de 2022

Perro come perroAntonio R. Naranjo

Feijóo y Gerard Piqué

El futbolista le ha dado al gallego sensato una pista impagable para encontrar el camino a andar, aunque esté repleto de bandoleros y de asaltantes

La mejor pista para Feijóo de qué tiene que hacer en España se la ha ofrecido, sin querer y sin cobrar, Gerard Piqué. Suyas son unas declaraciones que no han tenido todo el eco que merecían por su involuntaria aportación al esclarecimiento del problema original del que penden todos los demás.
Dijo esto: «Creo que es compatible ser independentista y jugar con España. Hay jugadores que se nacionalizan para jugar con España y no sienten España. ¿Qué es sentir los colores? No te voy a decir si lo soy o si no lo soy. El voto es secreto y cada uno tiene que mantener su privacidad y eso no te puede penalizar de cara a una carrera profesional. Ha habido muchísimos casos de gente que no lo ha sentido. ¿Qué significa sentirse de un país? ¿Hay una competición? ¿Si eres más español puedes ir? Siempre lo he visto como parte de mi trabajo. ¿Qué prefiere el aficionado, un jugador que juega de la hostia y se la pela el país o uno que es el que más quiere a su país y luego tiene un rendimiento bajo? ¿Cuando ganamos el Mundial se pusieron a mirar si sentíamos el país?».
Ahí está todo, y hay que agradecerle al futbolista su capacidad de síntesis para resumirnos en apenas unas líneas todo lo que nos pasa como país y todo lo que Feijóo debe hacer para, sin perder esa tranquilidad adulta que le caracteriza, librar esa «batalla cultural» que algunos consideran que solo es cierta si va envuelta en ardor guerrero y otros pensamos que se ubica en ese territorio sensato que irrumpe entre el silencio y el ruido, a menudo procedente de la rueda más estropeada del carro, que decía Esopo.
Claro que hay que sentirse español para representar a España. Y claro que es mejor perder con españoles que ganar con independentistas. España no es un club de mercenarios con bandera pirata dispuestos a atender al mejor postor ni el progreso, la calidad o la identidad de una nación se pueden comprar, vender o disimular a golpe de talonario.
Piqué, que es un buen jugador y un tipo curioso, no ha dicho nada con intención de ofender a nadie: se ha limitado a repetir lo que tantos creen y trasladan a otros ámbitos extradeportivos.

No se puede jugar con España e ir contra España, y que algo tan básico necesite ser aclarado con urgencia enseña el camino a Feijóo, aunque se encuentre una vereda repleta de asaltantes

Se pueden pactar los Presupuestos de España con Bildu, indultar a Junqueras o cogobernar con Iglesias, como se puede excluir al español de las aulas, quemar la bandera, acosar al Rey o defender el fin de la Constitución desde el propio Gobierno: es el mismo relativismo de Piqué con el fútbol, aplicado y extendido al conjunto de normas, convenciones, costumbres e incluso leyes que conforman un espacio de convivencia respirable.
No se puede jugar con España e ir contra España, y que algo tan básico necesite ser aclarado con urgencia, cada día, enseña el camino a Feijóo, aunque se encuentre una vereda repleta de asaltantes, bandidos y bandoleros. Si no sabemos quiénes somos, en qué hablamos y de dónde venimos, habrá que recordarlo. En lo más evidente, tiene el gallego un arma revolucionaria. Y quien se pique, o se piqué, ajo y agua.
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