28 de junio de 2022

los ridículos de la educaciónJosé víctor Orón semper

La neurolatría y la ciencia pop

Son muchas la lista de palabras y frases inexactas, engañosas, mal utilizadas, ambiguas, y lógicamente confusas, que se encuentran dentro de la propia investigación científica

Hoy con la ciencia también se hace pop. Ciencia pop es esa forma de hacer o divulgar ciencia que genera la ilusión de que «ya» se ha encontrado la comprensión y/o la solución a una realidad. Son muchas la lista de palabras y frases inexactas, engañosas, mal utilizadas, ambiguas y lógicamente confusas que se encuentran dentro de la propia investigación científica. Un botón de muestra en el link.
Cuando se trata del ámbito divulgativo, el ridículo de la ciencia pop se exagera: «da abrazos que eso te sube la oxitocina», «lo que te pasa es un desajuste hormonal», «la genética es quien lo explica», «esto es así porque afectó al centro del placer», «es que lo tienes incrustado en tu realidad cerebral», «tienes una disfunción biológica», «esto está científicamente probado»… ¡¡¡Son tantas las frases simples que pretenden falsamente explicar la complejidad!!! Creen haber descubierto 'la solución' cuando simplemente hacen el ridículo.
Y no digamos si lo que se dice va acompañado de una imagen de un cerebro. Hoy en día hay una auténtica neurolatría. «La neurociencia ha hablado, prestemos obediencia». De ahí surgen personas, que sin tener recorrido educativo, son tomadas como personas de autoridad probada en educación porque son neurocientíficos. En educación, como en el futbol, parece que todos son expertos. Cuando a la ciencia pop se suma la neurolatría entonces ya se alcanzan niveles de deificación con capacidad de hablar ex cátedra. De ahí salen vendedores de humo con gran éxito. «No digas que vendes madalenas, di que vendes madalenas con neuronutrientes y potenciadores sexuales». Las ventas aumentarán y, además dices la verdad, pues las células del cerebro y de los testículos se alimentan de azúcar.
Tristemente, esto ha entrado en educación con tanta fuerza que se ha convertido en un campo de investigación a través del tema de los neuromitos.
La ciencia pop y la neurolatría se reconocen por su dinamismo y por su efecto. Su dinamismo es el de simplificar y su efecto es la pérdida o la reducción de la responsabilidad.
Lo primero que hace es reducir lo complejo a lo simple. Quiere explicar la totalidad por algún factor. Por ejemplo, se descubre que en ciertas condiciones ese factor afecta y de ahí se pasa a explicar el fenómeno con ese factor en todo contexto. Así se transmite una apariencia de conocimiento que a la gente le encanta. Poner nombre a algo tranquiliza mucho, aunque el nombre sea muy intranquilizante. Por ejemplo, si un médico dice que tenemos una enfermedad criptogénica, significa que no sabe cómo se ha llegado a esa situación. Pero como ya se le ha puesto nombre, pues ya está todo. Ya Platón en Fedro cuestionó la escritura porque podría ser apariencia de sabiduría sin serlo. Lo mismo puede ocurrir al poner nombre a una realidad. Puede dar sensación de conocimiento. Pero cuando se pone nombre por la vía de lo simple no se da el conocimiento, sino solo la sensación de tenerlo. La vida es compleja y no puede ser comprendida con frases simples.
Lo simple suele asumir un mecanismo causal: «tú da un abrazo que eso te sube la oxitocina, con eso te relajas y serás feliz». El mecanismo causal suele reducir o anular la interioridad de la persona al ser considerada como un mecanismo. «Tú da abrazos que eso sube la oxitocina. Hazlo, es automático. Funciona». El caso es que hay que subir la oxitocina. Hoy se sabe que esas formas de explicar la realidad no son ciertas ni en las ratas, pero lo siguen diciendo muchos médicos, psiquiatras…
Se hace un proceso de lo complejo a lo simple, de lo simple a lo causal, de lo causal a lo maquinal y la consecuencia es que yo no soy responsable. Es mi biología, no yo.
Uno se da un atracón de chocolate, pero no es responsable, porque es chocoalcohólico. «¿Qué quieres que haga? Es mi biología».
Una vez tuve una reunión con un padre de un alumno diagnosticado con dislexia. El día de antes salió un artículo en un periódico sobre un actor de doblaje al español con dislexia, quien hizo de la lectura su profesión a pesar de la dislexia. Ejemplos como este hay muchos: saltadores olímpicos de trampolín con vértigo y otros. Salí de la reunión con una tristeza muy grande pues el padre hablaba de la dislexia del hijo como una sentencia que determinaba todo. Decía el padre: «no puede y nunca podrá». El padre prefería inutilizar a su hijo antes de asumir la responsabilidad de trabajar a partir de su realidad.
Hace falta encontrar un chivo expiatorio: será la hormona, será el gen. Será algo, pero yo no. La ciencia pop y la neurolatría son síntomas que tal vez reflejan una mala experiencia de lo que quiere decir ser responsable.
La gente no quiere conocer la realidad, sino tener un argumento explicativo y si es autojustificativo mejor. Un argumento simple para entenderlo sin profundizar en la complejidad y, además, salir rápido de la incertidumbre. Eso lo saben bien los políticos que no buscan contar la verdad, sino algún tipo de relato, simple, exculpatorio y que encuentre un culpable al que dirigir la frustración por las propias heridas. Heridas que nunca serán curadas pues es lo que alimenta el sistema. Salvadores que aumentan la herida de a quienes dicen salvar.
Se busca salir pronto de la incertidumbre, cuando la incertidumbre es un proceso normativo del aprendizaje. La construcción de pensamiento requiere la deconstrucción del mismo y de ahí la incertidumbre. La cual no es ningún problema, pues uno descansa en quien le enseña, no en lo que sabe. Pero si no se descansa en quien le enseña, la incertidumbre se vuelve angustiosa y hay que escapar de ella lo más rápido posible.
Se quiere huir de la complejidad, pero la vida es compleja. Se quiere huir de la responsabilidad cuando la verdadera educación hace responsables.
Se pide la confianza y la necesaria tranquilidad al conocimiento aparente cuando, en verdad, eso lo da una relación interpersonal de calidad. Necesitamos vivir de otra forma la complejidad, la incertidumbre y la responsabilidad para poder estudiar la realidad. De lo contrario haremos el ridículo acudiendo a frases que dan sensación de conocer sin conocer.
  • José Víctor Orón Semper es director de la Fundación UpToYou Educación
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