17 de agosto de 2022

Perro come perroAntonio R. Naranjo

El timo cateto de la Cumbre de la OTAN

Sánchez es el pagafantas que se intenta hacer perdonar por gobernar con chavistas comprándole a Biden más armas y callándose y cediendo a los abusos de Marruecos

La cumbre de la OTAN es una catetada en la que Sánchez ejerce de tonto útil: todo se ha decidido en las reuniones previas del G7, y desde allí se ha venido a España Joe Biden, que quizá mañana crea haber estado en Tailandia, a que les den de comer por la patilla y de dormir por la filosa.
Pedrito ha tragado porque necesita esa foto en el álbum de su primera comunión, ése que enseñará algún día a los nietos, que le mirarán como al abuelo cebolleta mientras esperan que corte el rollo y les dé la paga para irse a tomar unos pelotis.
Y ha tragado por el único procedimiento que le permitía aspirar a un perdón efímero de quienes piensan lo peor de él y saben que, aunque vaya de occidental cuando se arrima alguien hablando en inglés, su Gobierno tiene acento caribeño, abertzale y catalibán a la vez: nos van a vender armas que nunca usaremos; gas que no podemos pagar; una ampliación de la base de Rota que no necesitamos; un cupo de inmigrantes de Centroamérica que no podemos absorber y varios juegos de rodilleras para los próximos encuentros con Mohamed VI.
España es para Washington el mismo país de Zapatero que no se levantaba ante la bandera americana, agravado por la presencia en el Ejecutivo de tipos que sí se levantan con las de la URSS, Cuba, Irán, Rusia o Venezuela.
Pero tiene un pagafantas que, agobiado por las circunstancias e impulsado por su enfermiza vanidad, está dispuesto a pagar todas las copas para ver si le admiten en un club que le mira como al protagonista de La cena de los idiotas.
Sánchez juega a los líderes mundiales mientras se somete a los adversarios de todas esas democracias, e intenta el imposible de estar en misa y repicando: posa con Biden, que es una nulidad pero un gran vendedor de enciclopedias, mientras pacta con Bildu, medio Gobierno se le amontona en las barricadas y el WhatsApp echa humo con mensajes de Otegi, Belarra y Junqueras.
Las fotitos de Sánchez, que se cree Kennedy pero es Zapatero con orquitis, le salen por un pico a España que él abona a gusto por la tonta expectativa de ser perdonado por otros impresentables como él, pero con más idiomas.
Porque el atlantismo y el europeísmo, dos valores innegociables, no incluyen aceptarle pulpo como animal de compañía a quienes dicen representarlo, con el chocho Biden y la cursi Von der Leyen al frente.
Los mismos que no han evitado una guerra han provocado una crisis, no han frenado una pandemia y nos han metido en la Tercera Guerra Mundial sin bombas pero con daños inmensos; han venido aquí a colocar las armas, el cemento, la inflación, la sumisión a Rabat y los ajustes derivados de su incompetencia y de su inhumanidad.
Y que la única crítica a todos ellos proceda de los indocumentados de Podemos, que se frotan las patitas soñando con un futuro dominado por China, agrava el numerito y facilita la operación desvergonzada que nos hemos tragado en Madrid: la del tonto que compra el boleto falso y la de los listos que perpetran el timo de la estampita.
Ahora, sigamos pagando la gasolina a tres euros y que no pare la fiesta.
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