28 de septiembre de 2022

HorizonteRamón Pérez-Maura

Podemos y el maltrato a la mujer

Esta panda de Montero, Belarra, Yolanda, Lilith y otras compañeras, ni siquiera se venden. Hay gente que necesita dinero para vivir y no le queda más remedio que hacer cosas con las que no está de acuerdo si quiere dar de comer a sus hijos. No es el caso de ninguna de las mencionadas. Ellas, simplemente, son unas racistas

En España tenemos hoy leyes que sostienen que los hombres y las mujeres no son iguales ante la ley en cuestión de maltrato. Hay múltiples ejemplos de ello en la legislación vigente. Si mi mujer llamara al teléfono correspondiente y dijese que la estoy maltratando, yo iría directamente al calabozo sin posibilidad de argumentar nada. Pero si yo llamase e hiciera la misma acusación, mi mujer no iría a ninguna parte porque no se tomarían medidas preventivas.
Y ahora estamos confirmando que además de haber dos categorías de seres humanos, las mujeres teniendo más derechos que los hombres, también hay unas mujeres con más derechos que otras. El comunismo en el que se fundan varias de las formaciones que integran el grupo parlamentario de Unidas Podemos -sobre el que descansa el Gobierno de coalición- es por definición y desde su creación un grupo internacionalista que promueve políticas iguales en el mundo entero. De hecho, el comunismo de Karl Marx y Friedrich Engels se concretó en una I Internacional en 1864, que se disolvió en una II Internacional en 1889 con la incorporación de partidos socialistas, socialdemócratas y laboristas. En 1916, durante la I Guerra Mundial, los revolucionarios de la II Internacional rompieron con los moderados y crearon una III Internacional alrededor de la cual se irían agrupando casi todos los partidos comunistas del mundo. No hace falta ser un as para comprender que el propósito de la III Internacional era internacionalizar las políticas que defendían los comunistas. Aplicarlas en el mundo entero porque eran buenas para todos.
No creo necesario volver a explicar cómo ha dejado el comunismo aquellos países en que ha gobernado. Y es por ello por lo que sus formaciones se han buscado nuevas políticas que defender: el feminismo, el ecologismo radical, la sexualidad distorsionada, el animalismo, las cuotas sexuales en el trabajo… Lo más sorprendente es cómo algunas de esas políticas han dejado de ser internacionales y sólo se promueven en nuestro propio país.
Todos hemos tenido ocasión de leer en este primer aniversario de la caída de Kabul en manos de los talibanes un dato unánime en las crónicas de los enviados especiales y de los expertos en ese país: la regresión de los derechos de la mujer hasta extremos inhumanos. Todo lo que las mujeres habían conseguido a lo largo de las dos décadas de gobiernos respaldados por Occidente se ha perdido: sus cuerpos deben quedar totalmente ocultos por sus vestiduras asfixiantes, no pueden tener trabajo en el sector público, tienen una educación solamente básica, lo que prohíbe su acceso a la secundaria, no les está permitido viajar si no van acompañadas de un familiar, no pueden practicar ningún deporte. Del cumplimiento de todo ello se asegura el Ministerio para la Promoción de la Virtud y la Prevención del Vicio. Porque ya sabemos que las mujeres fuera del hogar y sin acompañante provocan el vicio. En fin…
Lo que yo me pregunto es a qué esperan estas comunistas de nuevo cuño, estas promotoras de su internacionalismo en América, a intentar llevar esas políticas en defensa de los derechos de la mujer a lugares como Afganistán. Esas mujeres están mucho más necesitadas que la inmensa mayoría de las hispanoamericanas. Aunque allí no recibirían en Falcon a Belarra y Montero, claro. Pero al menos podrían haber hecho un manifiesto de inequívoca defensa de las mujeres afganas en el primer aniversario de la pérdida de sus derechos. Un papelito que hubiera redactado cualquiera de sus múltiples asesores tan bien pagados. Nada.
Luis Ventoso señalaba ayer en esta página cómo a Pablo Iglesias se le ha pasado hacer una defensa de Salman Rushdie frente al atentado sufrido y promovido hace treinta años por el ayatolá Jomeini. Al menos ahí queda claro que Iglesias está vendido al dinero iraní. Depende de él para mantener su negocio audiovisual. Pero esta panda de Montero, Belarra, Yolanda, Lilith y otras compañeras, ni siquiera se venden. Hay gente que necesita dinero para vivir y no le queda más remedio que hacer cosas con las que no está de acuerdo si quiere dar de comer a sus hijos -desde luego que no creo que Iglesias necesite esos ingresos para sus hijo sino más bien para su revolución. Y tampoco es el caso de ninguna de las mencionadas. Ellas, simplemente, son unas racistas.
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