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24 de abril de 2024

HorizonteRamón Pérez-Maura

Napoleonchu, ausente

La espada a la que algunos querían que el Rey de España rindiese honores estuvo en posesión del mayor narcotraficante del mundo, Pablo Escobar, por un periodo no determinado que concluyó con su entrega a Fidel Castro por medio de quien acabaría volviendo a Colombia

Actualizada 02:19

La burda polémica organizada en torno a la espada de Bolívar y como el Rey se quedó sentado a su paso tiene un responsable político último que, como es habitual, no da la cara: José Manuel Albares Bueno, Napoleonchu. Yo creo que Felipe VI hizo un acto meditado, igual que lo hicieron los presidentes de Costa Rica y Argentina. Por cierto, Alberto Fernández es bastante amigo de Podemos y muy poco de Bolívar. Pero a él no le critican, claro.
La llegada de la espada no figuraba en el orden protocolario de la ceremonia porque el presidente saliente no había consentido que la sacaran de palacio. Esa polémica era conocida en Bogotá. Y si el Rey y Napoleonchu no fueron informados de ella por el embajador de España, Joaquín de Arístegui Laborde, no sé a qué espera el ministro para destituirlo. Bueno, sí lo sé. A los de su cuerda los destituye mucho menos. Como se ha visto, tener al Rey inmerso en una polémica política en Colombia es de una grave irresponsabilidad. Y ya es la segunda vez que ocurre eso. La vez anterior el culpable fue José Manuel García-Margallo cuando envió al Rey Juan Carlos a participar en un acto de campaña electoral a favor del «sí» en el plebiscito de los acuerdos de paz. Como se recordará, seis días después del acto en Cartagena de Indias la mayoría de los colombianos votamos «no».
Desde el minuto en que se produjo la polémica lanzada contra el Rey por el entorno mediático del petrismo –polémica de la que ya hemos dado algún ejemplo– la obligación de Napoleonchu, que acudía como ministro de jornada, era hablar en nombre del Rey, que no puede hacerlo por sí mismo en polémicas políticas. Pero, por supuesto, Napoleonchu estaba muy ocupado recibiendo la Orden de San Carlos, luciendo un traje de apariencia zarrapastrosa absolutamente impropio del jefe de una diplomacia de más de 300 años que parece no tener un sastre que le ayude a ostentar con un poco de dignidad la jefatura de nuestro Ministerio de Estado.
José Manuel Albares

MAEC

Se da la circunstancia añadida de que la primera actuación de Petro ya señaló sus tendencias dictatoriales, al estilo de Hugo Chávez y su «¡Exprópiese!». Porque un presidente democrático no da órdenes de palabra como la que dio Petro para estrenar su Presidencia. Las órdenes se dan por escrito, por medio de decretos. Pero Colombia tiene hoy un presidente al que la legalidad le importa poco. Él viene a tener otro tipo de poder.
Recordemos, porque es poco conocido, que cuando el M-19 robó esa espada de Bolívar, el arma estuvo en diferentes sitios bajo el control de la guerrilla. El 6 de noviembre de 1985, financiado por Pablo Escobar, el M-19 tomó el Palacio de Justicia de Bogotá. Un asalto que costó la vida a 101 personas, entre ellos a 11 magistrados. Como agradecimiento por su apoyo, el M-19 cedió la espada a Pablo Escobar. La espada a la que algunos querían que el Rey de España rindiese honores estuvo en posesión del mayor narcotraficante del mundo por un periodo no determinado que concluyó con su entrega a Fidel Castro por medio de quien acabaría volviendo a Colombia.
El Gobierno que ha mandatado al Rey de España como representante de la nación en la toma de posesión de Petro debía tener previsto cómo afrontar cualquier problema de los que era probable que sucedieran. Por no hacerlo, la figura del Rey ya está metida de lleno en la brega política allí. Pacho Santos, que fue vicepresidente de Colombia ocho años bajo la Presidencia de Álvaro Uribe, ya ha salido a defender al Rey Felipe y otros a criticarlo. Y el ministro Bolaños dice que es un incidente menor. No lo es, pero ellos quieren que lo parezca para ir laminando la imagen de la Corona. Y Napoleonchu, ausente. Ojalá le hayan recomendado un buen sastre y esté en camino.
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