01 de octubre de 2022

HorizonteRamón Pérez-Maura

Revilla, el iluminado

Hasta el más tonto sabe que cuando se da un reconocimiento a alguien, lo que corresponde es elogiar al galardonado. Pues no. Revilla se dedicó a reprochar a los tres expresidentes del Gobierno presentes, con todos los cuales él ha sido presidente de Cantabria, lo mal que le han tratado a él

Los dirigentes populistas tienen una característica diferencial respecto de los hombres de Estado y los políticos serios: generar polémicas innecesarias y discusiones superfluas con el único fin de que no se hable de los problemas verdaderamente relevantes como puede ser una inflación como la que tenemos hoy. En esa línea Pedro Sánchez es hoy un campeón mundial. Pero Miguel Ángel Revilla, presidente de Cantabria por la gracia del PSOE, no le anda a la zaga. Ahora se le ha ocurrido que Cantabria necesita un himno nuevo y propone para ello una canción incluida en un disco grabado en 2006. Dice que el actual himno es «largo, monótono» y que sólo lo conocen él –modestia aparte– «y algunos coros». Como es habitual, miente.
Lo primero que se descubre al comparar el himno histórico de Cantabria, compuesto en 1926 por Juan Guerrero como Himno a la Montaña, con la canción Viento del Norte, de Nando Agüeros, es que el himno vigente dura 2 minutos y 55 segundos y el que quiere imponer Revilla 4 minutos y 18 segundos. Hay también un pequeño problema técnico con la letra de la canción propuesta por el iluminado de Revilla: no se dice Cantabria ni una vez en más de cuatro minutos ni hay ninguna referencia específica a esta tierra. Ni mucho menos se menta el viejo término de La Montaña. Pero eso Revilla, letrista en sus ratos libres, propone resolverlo cambiando en la canción la expresión «gritar tu nombre» por «gritar Cantabria». El actual himno cántabro arranca con el verso «Cantabria querida te voy a cantar…» y se repite el nombre de la comunidad hasta cuatro veces. Además de hacer referencias a La Montaña y los montañeses, nombre y gentilicio de esta región hasta la aprobación del estatuto de autonomía en 1982 y el cambio de denominación de la provincia de Santander.
Este himno no lo ha discutido nadie hasta que lo ha hecho Revilla. Yo recuerdo bien cómo fue durante el gobierno de Ángel Díaz de Entresotos, en 1987, cuando se oficializó. El encargado de gestionar aquella iniciativa fue su consejero de la Presidencia, mi buen amigo Ramón de la Riva López-Dóriga, fallecido hará un año la próxima semana. Su criterio era sencillo. Ya había un «Himno a la Montaña» desde 1926. Y como muchos descalificaban la autonomía de Cantabria como un invento sin raíces propias –Santander era parte de Castilla la Vieja– lo mejor era mantener todos los signos de identidad posibles. Así que simplemente se oficializó como himno de Cantabria el que ya era himno de la Diputación Provincial. Después de todo, el estatuto de autonomía había convertido aquella Diputación Provincial de Santander en Diputación Regional de Cantabria. Pero para Revilla, todo eso son tecnicismos.
El pasado 5 de julio Revilla tuvo otra de sus gloriosas intervenciones públicas. La Universidad Internacional Menéndez y Pelayo (UIMP) celebró un curso con la participación de los expresidentes del Gobierno que están vivos: Felipe González, José María Aznar, José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy. Como agradecimiento por su participación, la UIMP entregó a los cuatro la medalla conmemorativa del 90º aniversario de su fundación, que se conmemora este año. Al acto no pudo quedarse González, pero asistieron sus tres pares a los que dirigió un discurso Revilla. Hasta el más tonto sabe que cuando se da un reconocimiento a alguien, lo que corresponde es elogiar al galardonado. Pues no. Revilla se dedicó a reprochar a los allí presentes, con todos los cuales él ha sido presidente de Cantabria, lo mal que le han tratado a él. Es decir, el protagonismo lo tenía el que debía elogiar a los premiados, no los galardonados. Y no estaría de menos el que Revilla se pregunte por qué tiene que reprochar a todos. Igual el problema lo tiene él y no todos los demás.
Pero lo más increíble de la disparatada intervención de Revilla fue que se dirigió a Aznar, Zapatero y Rajoy como «exvicepresidentes del Gobierno» ante la incredulidad generalizada. La mejor reacción fue la de Rajoy que respondió diciendo «bueno, yo sí soy exvicepresidente porque Aznar me nombró vicepresidente…». Pero el consejo más acertado a Revilla se lo dio la alcaldesa de Santander, Gemma Igual, que resaltó la importancia de llevar los discursos escritos en ciertas ocasiones importantes. Eso también sirve para que no se te ilumine el cerebro y te inventes un nuevo himno para tu tierra.
Y luego vas a La Sexta y a Bertín y te ponen como un héroe.
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