31 de enero de 2023

El puntalAntonio Jiménez

El Gobierno de la gente de los bolsillos vacíos y la cabeza caliente

La campaña con la que Sánchez pretende recuperar el crédito perdido en la calle se ha estrellado con el descontento de una gente que le recibe allá donde va con pitadas y pancartas explícitas contra sus políticas como «Que te vote Txapote»

El Gobierno de España y la Comisión Europea, o lo que es lo mismo, Sánchez y su amiga Ursula, se han empeñado en demostrar que la incompetencia no tiene fronteras. Está comprobado que los políticos escasos de ideas y sobrados de repuestas fáciles a problemas complejos no son exclusivos de estos predios como ha evidenciado últimamente la presidenta de la Unión Europea.
Madrid y Bruselas, Sánchez y Ursula Von der Leyen se han abonado al populismo energético con idéntico entusiasmo y determinación con el pretexto de combatir la irresistible subida de los precios, apelando al recurso fácil de crujir a impuestos a gasistas, petroleras, eléctricas y también a los bancos. Los palos de ciego se suceden inútilmente sin conseguir el resultado perseguido de doblegar la curva ascendente del coste del gas y rebajar la factura de la luz de los hogares europeos.
Los ciudadanos dudan que ese impuesto a los beneficios extraordinarios de gasistas y petroleras anunciado por Bruselas sirva para garantizarles el suministro durante el invierno y un desembolso menor en el gasto de la calefacción sin que las empresas lo repercutan en sus bolsillos. La pretensión de Sánchez de cobrarle a bancos, energéticas y eléctricas un impuesto por sus ingresos, le valdrá para hacer caja pero no para bajar los precios. El Gobierno recaudará más, que es lo que realmente pretende con la medida, y los hogares y la industria seguirán pagando a precio de caviar iraní la electricidad y el gas.
El precedente de la llamada «excepción ibérica», esa suerte de bálsamo de Fierabrás que nos vendió Sánchez, consistente en fijar un tope al gas para hacernos algo más digerible el leñazo mensual de la luz, no ha impedido que estemos pagando ya en la factura actual una compensación por la rebaja inicial. El tope no evita abonar más tarde el precio real de mercado.
Ursula y Sánchez han optado por responsabilizar del desaguisado inflacionista, además de a Putin, a petroleras, gasistas, eléctricas y bancos sin hallar una solución efectiva para abaratar precios y ahorrar energía que no sea la pedestre y ramplona genialidad de que apaguemos la luz, utilicemos el abanico en verano y combatamos el frío del invierno con un forro polar. Para llegar a esa solución no hacía falta doctorarse en Harvard o Salamanca.
Y mientras discuten sobre galgos y podencos energéticos, los ciudadanos tienen los bolsillos más vacíos y la cabeza caliente de propuestas y medidas que no frenan la escalada inflacionista pero, sin embargo, llenan las arcas del Estado.
El llamado «Gobierno de la gente» se lo lleva crudo y calentito gracias a la inflación, 22.000 millones de euros más de recaudación por la subida de los precios, mientras la gente de verdad, no la del partido que arropa a Sánchez en la Moncloa o en su mitin de Toledo, se pregunta cuándo reingresará ese dinero en sus bolsillos y aprobará medidas más eficaces para compensar la pérdida de su poder adquisitivo como deflactar el IRPF, cosa que ya ha hecho Isabel Díaz Ayuso en Madrid.
«Manufacturas Bolaños de propaganda y consignas», sucesora de la «Factoría monclovita publicitaria de Iván Redondo», tendrá que decirle a sus colegas del Consejo de Ministros que para hacer creíble lo del «Gobierno de la gente» no es de recibo ni verosímil contar que viajan en metro y autobús, que pegan la hebra con los viajeros y que la preocupación de estos es la renovación del Consejo General del Poder Judicial cuando apenas llegan con sus sueldos para llenar la cesta de la compra y abonar el recibo de la luz.
La campaña con la que Sánchez pretende recuperar el crédito perdido en la calle se ha estrellado con el descontento de una gente que le recibe allá donde va con pitadas y pancartas explícitas contra sus políticas como «Que te vote Txapote». La realidad demoscópica no se cambia gastando desde la Moncloa más del doble que Rajoy en propaganda y eslóganes como el «Gobierno de la gente»; ni cambiando la Presidencia del Instituto Nacional de Estadística, INE, para que la actual responsable diga que la economía está mucho mejor de lo que su antecesor, objetivamente y de manera independiente, señalaba en los informes; ni permitiendo a Tezanos que utilice de forma partidista y obscena el CIS con encuestas sobre intención de voto que tienen menos credibilidad que la palabra de Sánchez, que no le dice la verdad ni a su médico.
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