10 de diciembre de 2022

Pecados capitalesMayte Alcaraz

El Photoshop de Errejón

Según el fracasado expodemita, los legisladores deben poner el ojo no en la inflación que ha disparado los precios, sino en la inflación de belleza inexistente en el mundo real

En el metro de Sevilla y en el bus de Villafranca de los Caballeros solo se habla de dos temas: de la renovación del Consejo General del Poder Judicial y de los retoques de las fotos en Instagram. Los chamanes del imponderable régimen intuyen que a los asiduos al transporte público les importa un pepino que los autónomos no tengan ni para pagar las cotizaciones, o que dupliquemos la tasa de desempleo juvenil de Europa, o que la factura de la luz de la peluquería de la esquina se haya multiplicado por cuatro. Y eso la izquierda, tan atenta a las verdaderas preocupaciones de la calle, lo sabe. Por eso, la ministra de Justicia, Pilar Llop, oreja en suelo cual sioux, captó el clamor ciudadano por el mandato caducado del órgano de los jueces. Lesmes somos todos, gritan en el suburbano.
Y tenía que ocurrir. Ha llegado Íñigo Errejón, como exégeta del clamor, para doblar la apuesta entre las clases medias «trabajadoras», como le gusta matizar a Pedro Sánchez, diferenciándolas de las clases medias que no dan palo al agua –de las que él sabrá. Pues el rey de las becas cobradas sin acudir a la Universidad, que no quiere que se invierta un duro en nuestra defensa, está preocupado porque hay influencers, modelos o simples narcisos artificiales que difunden cuerpos tuneados que pueden provocar trastornos en la gente joven. El mismo que calló cuando Montero manipuló fotos de modelos sin ser avisadas para vendernos que la lorza es bella. O sea, que ha frivolizado un problema con raíces muy profundas, para ocupar medio minuto en el telediario. Y lo ha conseguido.
Según el fracasado expodemita, los legisladores deben poner el ojo no en la inflación que ha disparado los precios, sino en la inflación de belleza inexistente en el mundo real. Qué duda cabe que mentir está mal y generar expectativas a los consumidores de internet más vulnerables también, pero pensar que un diputado que representa a medio millón de españoles ocupe ni un nanosegundo del tiempo que le pagamos en tamaña idiotez solo describe la delirante política a la que nos han condenado. En lugar de preocuparse de que en las redes sociales se deje de generar odio desde el anonimato (en su antigua formación saben muy bien a qué me refiero) o, por ejemplo, que los Valtonyc que él defiende no humillen a las víctimas de ETA, Íñigo magnifica un problema que tiene mucho que ver con la educación, los valores, la máxima del todo vale y esa cultura de lo fácil y del aprobado sin esfuerzo que él tan diligentemente ha ayudado a crear.
Si le quitan el sueño al líder de Más País (o sea, Menos España), los filtros y el Photoshop, debería revisar una foto en la que sale él muy jovencito con Iglesias, Juan Carlos Monedero, Tania Sánchez, Rita Maestre y Carolina Bescansa. En esa instantánea aparecen unos vividores que prometieron a «la gente» ambrosía y justicia social, maquillando así su mezquina realidad: que se iban a despellejar entre ellos por puras luchas de poder; que iban a multiplicar por tres su patrimonio personal; que iban a practicar el nepotismo para colocar a sus novias, ex y amigas entrañables; que iban a ser acusados de malversar dinero público de las elecciones con facturas falsas a través de la consultora Neurona; que él mismo iba a ser inhabilitado por cobrar una beca a la que nunca asistió en la Universidad de Málaga o investigado por propinarle una patada a un pobre señor de 67 años; que su ex Rita iba a hacer carrera en la villa y corte a pesar de haber sido señalada por irrumpir semidesnuda en una capilla mientras se celebraba una misa; y que su examigo Monedero se distrajo a la hora de pagar a Hacienda, pese a su destreza abriendo decenas de cuentas corrientes.
Errejón dice que 400.000 jóvenes en España sufren trastornos de conducta alimentaria relacionados con la reproducción de unos cánones de belleza inalcanzables. Suponiendo que esas cifras sean reales, son los médicos y expertos los que deberían establecer esa relación y plantear la manera de corregirlo. Ellos y no Íñigo, que sabe tanto de esto como yo de ornitología. Le ofrezco que realice otro conteo: el de los cientos de miles de jóvenes (y algunos talluditos) a los que engañaron, al calor del 15-M, para que les votaran en las europeas de 2014, mientras ahora él y los suyos silban y miran al cielo y a Instagram. Ese cielo que asaltaron, con la ayuda de Sánchez, para su uso y disfrute.
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