29 de enero de 2023

Pecados capitalesMayte Alcaraz

Cuelgamuros, no cuelgaidiotas

Tiene bemoles que una Administración autonómica tenga que proteger un bien singular de nuestro patrimonio, el de España, de la amenaza ¡del Gobierno de España!

Es de agradecer que Isabel Díaz Ayuso haya cogido el toro del Valle de los Caídos por los cuernos. La líder madrileña ha encontrado, en tiempo de descuento, el camino legal para blindar el conjunto monumental llamado ahora valle de Cuelgamuros que, por cierto, nunca fue un valle sino un pinar. Tiene bemoles que una Administración autonómica tenga que proteger un bien singular de nuestro patrimonio, el de España, de la amenaza ¡del Gobierno de España! Esto solo puede ocurrir en el régimen sanchista, donde el bodrio de Ley de Memoria Democrática aprobada el mes pasado se marca entre sus objetivos acabar con ese monumento, de donde Sánchez logró exhumar, con pirotecnia propagandística y carnaza televisiva, los restos de Francisco Franco.
La presidenta establece un nuevo tipo de patrimonio llamado «etnográfico» para proteger las cruces, como la del Valle de los Caídos, y los elementos decorativos vinculados a la arquitectura religiosa, a nuestra tradición cultural. Porque Bolaños ya dejó caer que tendrían que estudiar el futuro de la cruz (en 2018 Podemos llegó a amenazar con su demolición) demostrando que las obsesiones patológicas de la izquierda, lejos de curarse en una consulta médica como sería menester, siguen engordando y no pararán en nada, ni siquiera en un bien que está protegido como patrimonio cultural. Mucho me temo que ese símbolo seguiría, si Ayuso no lo impide, el camino de las cruces de Callosa de Segura o Aguilar de la Frontera, ambas retiradas al calor de esta aberración legal. Es imposible que mentes tan obtusas y sectarias entiendan que, lejos de interpretaciones políticas, las cruces han servido siempre para reflejar la fe de los pueblos, al igual que los calvarios eran la guía que conducía a los camposantos, expresión de nuestras raíces cristianas.
Solo la presidenta de la Comunidad de Madrid podía evitar, usando de sus prerrogativas estatutarias, la aberración de Sánchez. Se agradece que el dúo Sánchez-Bolaños, jaleados por lo peor del Parlamento, no se salgan con la suya de «reasignar» el conjunto monumental que forma también parte del patrimonio cultural de los madrileños, y una seña de identidad de su precioso entorno, coronado por la formidable cruz sobre la cumbre de un risco que domina todo el valle circundante. No descartemos que el Gobierno, con experiencia en retorcer la Ley para salirse con la suya en cuantas felonías se le ocurren, use toda su artillería jurídica y termine litigando, si bien por el momento se ha puesto de perfil ante la piqueta de Podemos. Ofrece mucha tranquilidad que la presidenta haya depositado en Pedro Corral, un brillantísimo y erudito diputado, la defensa de esta reforma legal.
Pedro Sánchez tiene fijación con el Valle de los Caídos y ha decidido convertirlo en un nuevo Disney, ofendiendo a millones de españoles que hace muchos años enterraron la inquina en la que este Gobierno se cuece.
La decisión de Ayuso es nuestra última esperanza, el dique para un presidente sin límites que quiere morir matando, que, igual que beneficia a sediciosos y pederastas, persigue transformar un conjunto monumental en atracción temática. Hacer de esa parte de nuestro patrimonio un parque de atracciones desde donde se reescriba nuestra historia, consagrando así el enfrentamiento de los nietos de la guerra civil, con la exhumación, no de los cadáveres de las cunetas, sino de los odios enterrados por la transición. No es Cuelgamuros, Sánchez y Bolaños, es cuelgaidiotas.
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