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21 de febrero de 2024

Pecados capitalesMayte Alcaraz

Mientras duermen en Galapagar

Por qué preocuparse de los malos, si los niños en Galapagar duermen dulcemente mientras sus papás siembran el caos y el odio y les pagamos por ello

Actualizada 01:30

Nos ha contado Pablo Iglesias, en respuesta a la somanta de palos que le dio Yolanda Díaz, que la noche de la entrevista con Évole, él e Irene durmieron a los niños, vieron la serie «Sucession» (van los cántaros a la fuente) y, para no estresarse, ni miraron el móvil y las sandeces que decía en la tele su examiga. Se fueron a soñar con los angelitos laicos que desde el cielo de Galapagar velan por su descanso y complementan a los escoltas, sueldo público, coches oficiales, piscina proletaria y una mansión obrera de 268 metros cuadrados sobre una parcela de 2.000 metros en la que habitan estas almas cándidas. Para llegar a ese estatus de revolucionario con hipoteca y chacha Pablo convocó montañas, de pasión, promesas y mentiras, pero vio que era más rentable ir él a la montaña, y mudó su credo: de Vallecas a Galapagar, y asunto resuelto.
Mientras la pareja podemita soñaba a pierna suelta con la tranquilidad que da tener el futuro asegurado, primero con el sueldo de exvicepresidente que cobró Iglesias y la propina que le da Roures, y después con los dos años de cesantía que percibirá Montero, millones de españoles sufrían pesadillas. Españoles que son padres de jóvenes que no solo no han encontrado trabajo estos años socialcomunistas, sino que sus perspectivas son ahora mucho peores y su formación, gracias a Celaá y Pilar Alegría, un bálsamo para que no se estresen. Por no hablar de aquellos compatriotas que no pegan ojo porque temen que, si no están listos en las elecciones próximas, la reforma por la puerta de atrás de la Constitución perpetrada por Pedro y Pablo, con la colaboración de los amigos etarras y los separatistas, acabe en un referéndum de autodeterminación, y la España que conocemos derive en un conglomerado plurinacional de miniestados asociados, con Cataluña y el País Vasco como nuevos Puerto Rico a la europea.
Esa noche en que la familia soñaba con la revolución entre sábanas capitalistas, muchos ciudadanos, que no viven de la mamandurria del Gobierno, se desvelaron con el encarecimiento de sus hipotecas, o la subida del 16 por ciento en la cesta de la compra o el atraco de la cotización de Escrivá, para restar todo del microsueldo que logran ingresar a base de dar muchos tumbos como autónomos. Esos desvelos no llegan a la dacha del Sumo Líder, donde el único problema que quiebra el descanso es que Superyol le llama cascarrabias y no quiere ajuntarse con él, te lo juro, Mari, con él, ese todopoderoso ser al que ninguna de sus mujeres ha osado chistar y la que lo ha hecho fue mandada a casa o al gallinero del Congreso.
Tampoco los Iglesias tienen insomnio por las mil víctimas, la mitad menores, de agresores sexuales que hoy están descorchando champán en la trena por las ventajas penales que les ha regalado el «Gobierno de las mujeres». Por no hablar de aquellas víctimas de los 104 violadores o pederastas que ya están en la calle, listos para reincidir, mientras en el tálamo conyugal de Galapagar nada enturbia el merecido descanso. Porque a esta pareja de impostores tampoco les quitarán el sueño los golpistas que hoy están planeando una nueva republiqueta, esta vez sin la amenaza del delito de sedición, o los terroristas que ya disfrutan del spa de la cárcel en el País Vasco, cuya llave obra en manos de los socios de Pedro Sánchez que, si este continúa, procederán a abrirlas antes de que tomemos el turrón.
Los sueños son, como sentenció Edgar Cayce, las respuestas actuales a las preguntas del mañana. Los señores de Iglesias tienen tantas respuestas que no necesitan hacerse preguntas y por eso sueñan con borreguitos: Ione, Echenique y Monedero, a los que dan cuerda para que balen contra la gente de bien, mientras él tuitea ordinarieces y humillaciones a los periodistas. Y la gran Irene, preparada para hacerse la manicura permanente, organiza una quedada en el Ministerio con las chicas de la tarta y ver pasar pederastas, seres benéficos –en la lógica desquiciada de estas lumbreras– al lado de los monstruos del PP, que ha ayudado al PSOE a que se queden en la cárcel. Por qué preocuparse de los malos, si los niños en Galapagar duermen dulcemente mientras sus papás siembran el caos y el odio y les pagamos por ello.
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