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30 de mayo de 2024

El puntalAntonio Jiménez

Con las víctimas, con María Caballero

Ahora, me decía María Caballero, tampoco perdonaré la infamia perpetrada por Sánchez y el PSOE entregándole el ayuntamiento de la capital navarra a los herederos de ETA

Actualizada 01:30

No hay mayor escarnio y humillación para las víctima de ETA que el PSOE haya entregado poder político e institucional a quienes nunca condenaron sus crímenes. No hay mayor afrenta para las víctimas que los socialistas hayan asumido las políticas de los herederos de los terroristas por razones de gobierno para seguir en la Moncloa.
A Tomás Caballero, teniente de alcalde del Ayuntamiento de Pamplona, ETA lo asesinó en 1998 tras quedar señalado en un pleno por exigirle a los tres concejales de Herri Batasuna que pidieran a la banda terrorista que dejara de matar y que ellos condenaran sus atentados.
25 años después, uno de esos tres concejales batasunos sigue en el ayuntamiento de Pamplona y será, gracias a Sánchez y a los socialistas, teniente de alcalde en representación de Bildu sin condenar, nunca lo hizo, a ETA ni el asesinato de Tomás Caballero. Tampoco lo ha hecho nunca públicamente en un pleno del ayuntamiento del que es alcalde ya, con el apoyo del PSOE, el también bilduetarra Joseba Asirón.
Me lo cuenta María Caballero, hija de Tomás y hasta el pasado día 28 de diciembre teniente de alcalde, como lo fue su padre también por Unión del Pueblo Navarro, UPN, en Pamplona. María como tantas otras víctimas de ETA vive con paz y sin rencor pero ni olvida, ni perdona. El compromiso de todas las víctimas contra la desmemoria, contra la ausencia de justicia y contra cualquier humillación sufrida como la de Pamplona está muy presente en sus vidas. Ahora, me decía María Caballero, tampoco perdonaré la infamia perpetrada por Sánchez y el PSOE entregándole el ayuntamiento de la capital navarra a los herederos de ETA.
Tomás Caballero, como tantos otros políticos del centro derecha español, fue asesinado por defender la libertad, la democracia y oponerse a la quimérica república vasca de Euskalerria, País Vasco y Navarra más el País Vasco francés, que la banda terrorista pretendía conseguir con sus crímenes y que en la actualidad persigue Bildu con la connivencia y complicidad de Sánchez.
Nicolas Redondo Terreros en su último libro en el que combina la autobiografía y el ensayo titulado No Me Resigno, escribe sin ambages: «Quiero enmendar, en la parte que me corresponde, un olvido que dice muy poco de nuestra entereza moral. Durante los años de plomo hubo una planificación perfecta, fríamente calculada, con el único objetivo de exterminar –utilizo el verbo con toda intención– a los responsables del centro derecha español». Contrasta esa autocrítica moral de quien es ya un referente ético y político del socialismo liberal con el proceder indigno y ruin de sus ex compañeros de partido, con Pedro Sánchez al frente, pactando y normalizando a los albaceas políticos de aquellos exterminadores.
En la memoria de cuantos jamás apoyaremos pactos ignominiosos como los suscritos por Sánchez con Otegui, siempre estarán concejales como Tomás Caballero y todas las víctimas de ETA con las que la sociedad tiene contraída una deuda moral impagable por el inmenso daño que sufrieron y que es inextinguible. Ese dolor que llevan anclado de por vida en su memoria lo ha reactivado el PSOE con el desgraciado y abyecto acuerdo de Pamplona y con decisiones como la de apoyar la futura despenalización del delito de enaltecimiento de terrorismo bajo la premisa de estar amparado por la libertad de expresión. La libertad de expresión, sin embargo, no es una libertad ilimitada, sobre todo cuando se atenta contra la dignidad de las personas, configurada por sus creencias, sentimientos e ideas.
Despenalizar el enaltecimiento de los terroristas implica legitimarlos junto a sus acciones criminales. Si Sánchez atiende esta demanda de Bildu, como parece, dará un paso más en su deriva traidora y vil para normalizar social y políticamente a los albaceas de ETA mientras escala otro peldaño humillante para las víctimas.
Dejó escrito Milan Kundera que «la lucha del hombre contra el poder es la lucha de la memoria contra el olvido». En esa lucha estamos y estaremos con las víctimas, ahora y siempre, todos los que rechazamos y reprobamos los argumentos impostados de Sánchez y sus ministros para blanquear los siete votos de sangre que les permiten seguir en La Moncloa. La traición de Sánchez a las víctimas y a cuantos lucharon contra una banda terrorista que quiso someter a los españoles y a la democracia con sus bombas y tiros en la nuca es tan profunda y cruel como el dolor de quienes sufrieron esa barbarie de terror en sus carnes. Hoy más que nunca reclamo con las víctimas memoria, contra el olvido de tantos años de terrorismo, y dignidad frente a las injuriosas acciones de un presidente de Gobierno que desconoce el valor de la palabra dada y que carece de los más elementales principios éticos. Sánchez no me representa como presidente ni como persona .
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